SALIENDO DEL CLOSET CORPORATIVO

El valor del respeto a la figura presidencial

Hay un consenso en las sociedades modernas respecto a lo inaceptable de la violencia que hoy fue puesto en duda por el liderazgo político y mediático. Las oportunidades que puede perder la Argentina por los debates berretas

Hay una premisa básica que las sociedades modernas hemos comprendido hace mucho tiempo: el respeto es fundamental y la violencia, inaceptable. Sin embargo, en los últimos tiempos hemos retrocedido bastante. A veces incluso desde los más altos niveles de liderazgo político y en los medios de comunicación vemos cómo se promueve el debate berreta y la pelea en el barro que siempre nos vuelve menos civilizados.

¿Cómo distinguir el show que sólo persigue a cualquier precio el tan preciado rating comercial de las operaciones mal intencionadas que buscan agitar las emociones de la gente cuya frustración es muy alta y que con muy poco esfuerzo se crispan y salen de cauce? El límite es muy finito y quienes especulan con eso lo saben.

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Hay intentos de repensar la forma de hacer política. El peronismo y el radicalismo de la Ciudad de Buenos Aires tuvieron hace muy poco una muestra de madurez inesperada. Se juntaron en un esfuerzo por discutir este tema y buscar soluciones que mitiguen los discursos violentos. Los ciudadanos de a pie valoramos y queremos más gestos como este.

En Estados Unidos, el electorado se ha expresado en el tiempo con un 45% de apoyo republicano y un 40% de pensamiento demócrata. Una diferencia que nos resulta conocida por estos pagos. Pero quienes terminaron decidiendo las mayorías parlamentarias fueron los votantes del centro intenso que representan el 15% del padrón. 

Importante que nuestros políticos no pierdan de vista esto, sobre todo ahora que está tan de moda polarizarse en los fundamentalismos ideológicos que a la postre también nos llevan a cierto grado de violencia social.

Todos merecemos ser tratados con respeto y debatir nuestros disensos con espíritu democrático porque vivimos en una república. Pero el Presidente de la Nación es el primer ciudadano que amerita contar con la mayor consideración de trato y respeto por parte de todos quienes nos referimos a sus dichos y actos.

No sólo debemos hacerlo por convicción sino también porque es imprescindible empoderarlo frente al mundo habida cuenta del momento especial por el que atraviesa y las oportunidades que nuestra Argentina tiene por delante. Claro que no todas las oportunidades son tan claras ni tan inmediatas y la mayoría de ellas dependen de la construcción de puentes que nos permitan viabilizarlas.

En Estados Unidos, el electorado se ha expresado en el tiempo con un 45% de apoyo republicano y un 40% de pensamiento demócrata. Pero quienes decidiendo las mayorías parlamentarias fueron los votantes del centro intenso que representan el 15% del padrón

Esta semana tuvimos muestras muy evidentes del valor que tiene la presencia de Alberto Fernández como líder de una nación que comienza a ser revalorizada en el mundo por su potencial estratégico en la producción y exportación de alimentos y energía; pero también como vehículo para negociar mejoras en la calidad institucional de Venezuela y en instar a Rusia para negociar un acuerdo de paz con Ucrania. 

No en vano se logró la conversión de cinco mil millones de dólares del swap chino a reservas de libre disponibilidad en la bilateral con el presidente China o un principio de acuerdo con Brasil para la financiación del segundo tramo del gasoducto Néstor Kirchner.

Claro que podemos disentir. Y criticar. Incluso hacerlo con vehemencia. Pero el respeto es otra cosa. Podemos ser un país mejor y tenemos con qué sin dudas. Pero si como sociedad no empezamos por escucharnos y respetarnos será muy difícil lograrlo, gobierne quien gobierne.

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