ANÁLISIS

Alta tensión: cómo superar los dos modelos en pugna

Argentina no termina de definir un modelo. Oscila entre ciclos políticos que apuestan a seducir al capital sin ninguna restricción y otros en los que se lo "combate" con impuestos y trabas. Hay que superar esa antinomia

Cuando volvía del Preescolar en alguna parada de la década del '70, mis hermanas que ya eran adolescentes, solían estar prendidas a un show de TV cuyo nombre era "Alta Tensión", donde una banda de pibas y pibes veinteañeros bailaban y cantaban rock. Nunca supe por qué se llamaba así el programa. Pero en estos últimos días me vino a la memoria a raíz de una reflexión sobre nuestra persistente y pendular inestabilidad económica y por qué no decirlo, también política. 

No sé si remontarme hasta entonces, pero seguramente proviene de varias décadas atrás esta tensión que vive la Argentina entre dos modelos económicos y sociales en pugna que no termina de dirimirse y que otros países de la región como Brasil y Chile han archivado hace rato. Para bien o para mal, pero hace rato. 

Esta alta tensión se la conoce también como puja distributiva y puede definirse como la disputa entre el retorno del capital y el valor del trabajo para ver quién se lleva una parte más grande de la torta. 

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Cuando la torta crece, las porciones parecen más grandes aunque puedan ser proporcionalmente más chicas. El problema se agudiza cuando la torta crece poco, se estanca o no crece nada. Brasil y Chile han optado hace varias décadas por un modelo que prioriza la atracción de las inversiones y la puesta en valor de un andamiaje legal más favorable, protector y consistente que le confiere estabilidad en el tiempo. 

La apuesta apunta a que en algún momento se genere un círculo virtuoso que redunde en crecimiento, mayor empleo y mejores condiciones laborales. En esta larga transición, la consecuencia es un alto nivel de desigualdad, como puede verificarse en los coeficientes de Gini que sostienen y que a menudo detonan conflictos sociales de complejo abordaje. 

Esta alta tensión se la conoce también como puja distributiva y puede definirse como la disputa entre el retorno del capital y el valor del trabajo para ver quién se lleva una parte más grande de la torta.

Argentina no termina de definir un modelo. Oscila entre ciclos políticos que apuestan a seducir al capital sin ninguna restricción a otros en los que se lo "combate", se lo sobre carga de impuestos o se le dificulta la licencia para operar con trabas de distinta índole. 

Con esa tensión oscilante se renueva la esperanza de una mejora social que remueva el avispero hacia una sociedad más justa e inclusiva, lo que se ve reflejado en un índice de Gini relativamente más igualitario comparado a otros países de Latinoamérica, pero pagando el alto costo de una inestabilidad económica que hoy nos acerca a los tres dígitos de inflación.

Si un modelo genera un mejor contexto para la inversión y una mayor estabilidad macroeconómica pero un país mucho más desigual con una pobreza estructural más rígida; y el otro nos trae una discusión constante que incomoda a los sectores económicos más conservadores y los aleja de la decisión de invertir a largo plazo pero se mueve en los márgenes de una distribución del ingreso más justa aunque más inflacionaria: ¿cuál modelo se ajusta mejor a tu canasta de valores? 

No tengo certezas al respecto. Sólo se que no quiero seguir viviendo en un país con 100% de inflación ni con 40% de pobreza, me dicen mis seguidores en TW e IG. Y yo comparto bastante esta proclama aspiracional. Muchas veces se presentan estos dilemas como una falsa dicotomía sobre la que no puede operarse más que en los extremos. Propongo en cambio tener un modelo de crecimiento que todo el arco político acuerde respetar basado en: 

  • Reglas de juego básicas de tipo capitalistas (el derecho a la propiedad privada no se discute). 
  • Sistema tributario progresivo y estable para financiar un estado eficiente y presente donde debe estar. 
  • Salarios competitivos (que no sean la variable de ajuste para mejorar la productividad). 
  • Y una transición económica durante 2023 que preserve la paz social y el crecimiento económico basada en un plan de shock anti inflacionario y un desdoblamiento cambiario. 

Aunque parezca poca cosa, el enorme poder de estos elementos radicaría mucho más en su estabilidad consensuada que en la profundidad de sus efectos. Pero no me cabe la menor duda que constituirían un comienzo promisorio para un país más predecible, vivible y disfrutable. 

Sólo se que no quiero seguir viviendo en un país con 100% de inflación ni con 40% de pobreza, me dicen mis seguidores en TW e IG. Y yo comparto bastante esta proclama aspiracional.

En el transcurso de las próximas entregas de esta nueva columna, les voy a ir desarrollando cada una de las propuestas mencionadas para corrernos de la teorización tan popular como inútil y que superabunda por estos tiempos. Saltemos la grieta. Y como decía Antonio Cafiero, soñemos con otros mejores sueños. Con otros, no contra otros 

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Comentarios

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  • RN

    Raul Nieto

    14/10/22

    Espero el desarrollo Pero citar a Cafiero cuando ese apellido como otros son los responsables de decadencia y pobreza me parece desacertado

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  • MSS

    Marcos Scully Scully

    14/10/22

    Donde queda en esta descripción el funcionamiento irrestricto de los tres poderes en forma independiente y como termina la corrupción? Es posible que la diferencia entre las concepciones económicas sea correcta, sin embargo desde su recuerdo de Alta Tensión a hoy Argentina paso de 5% o algo más de pobreza a 40 y otro tanto de desocupación con gobiernos distributivos. Mire el coeficiente de Gini de los últimos 30 años y contesta bastante bien que modelo es más efectivo

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