Panorama bonaerense

El silencio de Máximo, disputas territoriales en Unión por la Patria y por qué Ritondo no pasa el escáner

Sergio Massa todavía no atraviesa, como querría y le piden las circunstancias, la barrera que separa al ministro del candidato presidencial. Por eso su tiempo se divide entre su oficina de Economía y las recorridas como representante mayoritario y orgánico de Unión Por la Patria.

Sin embargo, las circunstancias, sus aliados o, mejor dicho, sus socios del espacio no ayudan demasiado a su ya de por sí complicada situación personal por su doble rol, cargándole a los problemas que tiene que enfrentar como ministro disputas súper estructurales y territoriales que intercalan alianzas y peleas entre el Frente Renovador, el Movimiento Evita, La Cámpora y entre los propios dirigentes entre sí.

Por eso es que el miércoles se tomó media hora para recibir en su despacho a Fernando "Chino" Navarro, jefe del Movimiento Evita, quien fue acompañado por Patricia Cubría, la "enemiga" en La Matanza del intendente Fernando Espinoza, y por Leo Grosso, el competidor de Fernando Moreira en el San Martín que aún conduce Gabriel Katopodis.

Al intendente de La Matanza toda esta situación le molesta mucho. Por eso no extrañó que haya hecho todo para reunirse con Cristina Fernández de Kirchner y sacarse una foto con ella. Cubría con Massa, la vice con él. Terrible.

La falta de coordinación se nota nítidamente en la Provincia de Buenos Aires donde la esposa del ministro candidato, Malena Galmarini, dice que votar por Juan Grabois es tirar el voto mientras que el gobernador Axel Kicillof ya realizó tres actos con el dirigente social "invisibilizado" por los propios que le permitieron y lo impulsaron a competir. Si bien no lo admite públicamente, más de un amigo Grabois cree que es el propio Máximo Kirchner el que les impide a muchos de sus conocidos apoyarlo abiertamente.

"Parecemos dos partidos diferentes", confesó un articulador que trabaja en las cercanías del massismo pero tiene una buena relación con Kicillof. Quien lo vivió en carne propia fue el intendente de Avellaneda y ex funcionario del gobierno nacional, Jorge Ferraressi, quien el miércoles recibió a Sergio Massa y, al día siguiente, al gobernador. "Está visto que no se hablan", confesó un funcionario cercano al jefe comunal.

Hace diez días, en la sede bancaria de la calle Mitre al 300, transformado en centro de campaña de Unión por la Patria, unos veinte intendentes fueron citados para una reunión de coordinación con Massa, Kicillof, Máximo Kirchner y Wado De Pedro.

Hubo algunos datos puntuales, aportados por los intendentes de la Tercera Sección Electoral, alertando que, como viene sucediendo en el resto del país, el peronismo kirchnerista está perdiendo varios puntos con respecto a su performance en las elecciones presidenciales de 2019.

Después se trató el "desembarco" al corazón del peronismo, La Matanza, con una caravana que iba a durar, por lo menos, cuatro horas, en las que el gobernador, el intendente y el ministro de Economía y candidato presidencial iban a recorrer todo el distrito en un arranque de campaña casi festivo.

Hubo algunos datos aportados por los intendentes de la Tercera Sección Electoral, alertando que el peronismo kirchnerista está perdiendo varios puntos con respecto a las elecciones presidenciales de 2019

Como es de conocimiento público, eso no sucedió. Tras las amenazas públicas sobre posibles escraches lanzados por Emilio Pérsico, el esposo de Patricia Cubría, la competidora de Espinoza en la PASO local, la actividad se suspendió por motivos de "logística" y, al filo del fin de semana, los gobernadores del norte grande cobijaron al precandidato presidencial en Tucumán, excusa perfecta para evitar lo de La Matanza.

El que quedó más que enojado fue Espinoza, quien se siente no reconocido a pesar de que es su localidad la que aporta la mayor diferencia en todo el país a favor del peronismo kirchnerista. Además, para un jefe territorial como él, es casi un insulto que no pueda hacer una actividad porque alguien amenaza a un escrache.

A todo esto, llamó la atención de todos los presentes en aquel encuentro el silencio sepulcral que maneja Máximo Kirchner, ausente en todas las instancias de la campaña. Ni siquiera estuvo en Merlo, donde el domingo pasado, tras el fracaso matancero, Gustavo Menéndez organizó un encuentro de mujeres en su localidad, en la que no hay interna entre ninguna facción de Unión por la Patria.

El hijo de los dos presidentes es pesimista de cara a las próximas elecciones. Lo ha expresado y lo sigue creyendo, al tiempo que todavía no entiende por qué Kicillof no aceptó la candidatura presidencial. El gobernador cree que era una trampa para sacarlo de ese lugar.

La verdad está en el medio. Efectivamente, él era el que mejor fidelizaba el voto de Cristina Fernández de Kirchner, la otra gran ausente en esta campaña. Pero, a la vez, con la salida de Kicillof de la gobernación, se abría la puerta para que el propio Máximo Kirchner o su aliado Martín Insaurralde subieran a ese lugar vacante.

MACRI SE ACORDO QUE ESTABA ENOJADA CON MACRI

En el otoño de 2019, cuando el gobierno de Mauricio Macri evidenciaba su declinación definitiva, desde los laboratorios de los consultores que trabajan con el entonces Cambiemos nació una idea que, años atrás, Jorge Giacobbe jr. le había dado a Diego Valenzuela en una charla informal.

"El gobierno de Macri va a llegar tan gastado que, para ganar, necesitará una nueva figura", había alertado en 2018, es decir, un año antes del inicio de la campaña. Para él, María Eugenia Vidal era esa arma revitalizadora porque "podía seguir vendiendo futuro y no cargar los costos del actual gobierno", algo parecido de lo que pretende hacer, aún sin resultado visible, el propio Massa, quien se despega del gobierno que pertenece.

En las oficinas del jefe de gabinete de Vidal, Federico Salvai, Cristian Ritondo y Federico Suárez, entre otros, empezaron a armar el proyecto de desdoblamiento electoral en la Provincia de Buenos Aires para votar en otra fecha que la acordada a nivel nacional. Si bien fue un plan B, los críticos lo denominaron "V", porque suponían que la victoria de la gobernadora, entonces con una imagen de leona, iba luego a saltar a la Presidencia, algo que sería imposible porque hubiera sido reelegida en la Provincia.

Marcos Peña siempre se opuso a este plan que tampoco digirió nunca Mauricio Macri, que creyó ver una rebelión en su contra. Aquellas sospechas pesaron hasta hoy y recrudecieron cuando a principio de este año se volvieron a juntar en sus oficinas de San Isidro.

Ahí María Eugenia Vidal le informó que declinaría su precandidatura presidencial y que iba a trabajar para "la unidad" para no seguir erosionando el espacio del que se siente fundadora, aunque haya cometido, luego de su salida de la Provincia, infinidad de errores políticos, como no quedarse en Buenos Aires y saltar al otro lado de la General Paz. Hoy, quizás, la historia hubiera sido muy diferente para ella y para el mismísimo PRO.

En ese encuentro Macri le pidió que apoyara a Patricia Bullrich en la pelea contra Horacio Rodríguez Larreta, hecho que rechazó de plano la actual diputada nacional. Sin embargo, le concedió una foto a la dirigente del "todo o nada" para ayudar a Ritondo en su pretensión de ser candidato a gobernador ya que, al bajarse, Vidal lo había dejado paria de candidata presidencial.

Nada les funcionó a ninguno de los dos y, a pesar de ahora manifestar su asombro y bronca, el ex ministro de Seguridad no puede pasar un escáner, ya que sabía perfectamente lo que pretendía hacer su antigua conductora política.

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