

La forma en que hacemos nuestras compras cambió. Hoy combinamos el canal moderno —cadenas de supermercados e hipermercados— con el tradicional —almacenes, despensas, kioscos y comercios de cercanía— y las nuevas alternativas digitales. Según el momento y la necesidad, estos formatos conviven y se complementan como parte de una misma experiencia de compra.
Los datos muestran hasta qué punto se diversificó ese recorrido: en 2025, por primera vez, el 52% de los hogares latinoamericanos utilizó siete o más canales de compra a lo largo del año, según Kantar.
En este escenario con cada vez más alternativas, hay algo que se mantiene: el almacén ofrece una cercanía que no es solamente física, también es emocional.
En el Día del Almacenero vale la pena hacernos una pregunta que trasciende la efeméride: ¿qué lugar ocupa este comercio frente a un consumidor que cada vez tiene más opciones?
La respuesta empieza por algo muy simple: conocer a las personas. Quien está todos los días detrás de un mostrador sabe qué buscan sus clientes, qué productos eligen, cuándo cambian sus hábitos y qué nuevas necesidades empiezan a aparecer.
El almacenero sabe cuándo una familia empieza a buscar formatos más pequeños. Cuándo una promoción comienza a ser relevante. Qué producto se comparte en una comida familiar. Qué novedad genera curiosidad y cuál no consigue incorporarse a los hábitos cotidianos.
Coca-Cola está presente en Argentina desde hace más de ocho décadas y esa presencia se construye a través de una extensa cadena de valor. El Sistema Coca-Cola está integrado por The Coca-Cola Company y cuatro socios embotelladores —Arca Continental, Coca-Cola Andina, Coca-Cola FEMSA y Reginald Lee—, con 12 plantas de embotellado y 65 centros de distribución en distintas provincias. Esa red permite llegar a más de 260.000 clientes en todo el país.
¿Qué significa esto en la práctica? Que podemos estar presentes en los distintos lugares donde los argentinos eligen comprar: desde grandes supermercados hasta kioscos, autoservicios y almacenes de barrio.
La cadena de valor del Sistema Coca-Cola reúne a más de 150.000 personas de manera directa e indirecta y genera un aporte estimado de US$4.300 millones a la economía argentina, equivalente al 0,7% del PBI nacional.
Y dentro de esa red, los comercios tradicionales tienen un peso particularmente relevante: concentran más del 40% de la facturación y el volumen del mercado de bebidas en Argentina.
Para nuestro sistema, los almaceneros son un eslabón fundamental. A través de ellos, nuestras bebidas completan el recorrido desde nuestras plantas hasta las mesas de los argentinos y, en el caso de los envases retornables, comienza también el camino de vuelta. Esa dinámica cotidiana refleja algo más profundo: una red local que conecta producción, comercios y hogares, y que se sostiene gracias a miles de personas.
Y quizás ahí esté una de las claves para pensar el futuro del comercio. La tecnología seguirá transformando la manera en que compramos y las opciones seguirán multiplicándose, pero conocer a las personas, escucharlas y ser parte de su vida cotidiana seguirá teniendo un valor difícil de reemplazar.
En el Día del Almacenero, quiero reconocer a quienes abren cada mañana las puertas de sus negocios y, con ellas, un espacio que forma parte de la vida de sus barrios. Gracias por ayudarnos a llegar a las mesas de los argentinos, por acercarnos a quienes nos eligen y por ser, desde hace generaciones, una parte fundamental de nuestra historia.













