

Hay una escena que se repite cada tres años como un ritual religioso: llegan los resultados de PISA, México se hunde un poco más, y el presidente en turno sale a la mañanera a explicarnos que en realidad la prueba está mal diseñada, que no mide lo que importa, que el amor a la patria no se cuantifica en un examen estandarizado. Este año no fue la excepción.
Con México en el lugar 64 de 91 países evaluados, penúltimo entre los miembros de la OCDE en ciencias y comprensión lectora, y con el peor puntaje en matemáticas en veinte años, Claudia Sheinbaum tuvo la valentía de subirse al atril y decir que “no estamos de acuerdo en que una prueba defina la calidad educativa”. Traducción libre: cuando ganamos una encuesta de aprobación, la ciencia es infalible; cuando reprobamos un examen internacional, la ciencia es un complot neoliberal.
Pongamos los números sobre la mesa, porque son demasiado buenos (es decir, demasiado malos) para desperdiciarlos en eufemismos:
- Siete de cada diez estudiantes mexicanos de 15 años no alcanzan el nivel básico en matemáticas.
- La mitad no logra comprender un texto sencillo ni un concepto científico elemental.
- Apenas el 0.1% del alumnado mexicano alcanza un desempeño alto en matemáticas, contra un 8% en el promedio de la OCDE.
No es una crisis: es una generación entera que la Nueva Escuela Mexicana dejó tirada en la banqueta mientras le explicaba, eso sí, con mucho orgullo nacional, los “ejes articuladores” y la “interculturalidad crítica”.
Y es que ahí está el chiste macabro de todo esto: la Nueva Escuela Mexicana prometió romper el círculo de la pobreza a través de la educación. En los hechos, lo está perpetuando con estilo. Porque cuando el Estado decide que ya no se repite año (sin importar si el niño aprendió a sumar o no), lo que está garantizando no es inclusión, es analfabetismo funcional con diploma en mano. Se premia la mediocridad, se aplaude el “esfuerzo” por encima del resultado, y se le vende a las familias más pobres del país la ilusión de que su hijo “avanzó” cuando en realidad fue empujado de grado en grado como un paquete en cinta transportadora. La movilidad social, la de verdad, la que se construye con conocimiento, sigue reservada para quien puede pagarla. La 4T no rompió el círculo de la pobreza: lo laminó.
Mientras tanto, se estigmatiza a la escuela privada como si fuera la némesis del proyecto de nación, el reducto fifí donde se forman los enemigos del pueblo. Qué curioso que el discurso oficial ataque a las instituciones que, con todo y sus desigualdades y sus cuotas inflacionarias, siguen siendo señaladas por las propias familias mexicanas como la opción a la que aspirar cuando hay recursos. No se estigmatiza lo que funciona mal; se estigmatiza lo que funciona, punto, porque exhibe la comparación que el discurso oficial no puede sostener, es más la mayoría de los hijos del bienestar propio ocupan un lugar en la lista de las escuelas privadas más caras: ¿porqué será?
Y luego están los libros de texto, esa proeza literaria de la 4T: cientos de páginas de “comunidad”, “diálogo de saberes” y consignas sobre el amor a México y al “prócer” macuspano, pero con contenidos de matemáticas recortados hasta la anorexia curricular. Uno podría pensar que en un país que ocupa el antepenúltimo lugar de la OCDE en matemáticas, la prioridad sería, no sé, enseñar matemáticas. Pero no: la prioridad fue construir ciudadanía (léase, militancia) antes que construir razonamiento lógico. Las escuelas públicas, cada vez más, no forman ingenieros ni médicos ni programadores: forman cuadros. Y por si hiciera falta reforzar el molde ideológico, ahora el gobierno negocia con Cuba (ese faro mundial de la prosperidad y las libertades) el intercambio de maestros para “compartir buenas prácticas”. Después de los médicos cubanos, vienen los maestros cubanos. Uno se pregunta con qué manual pedagógico piensan capacitar al magisterio mexicano: ¿el de la revolución permanente o el de las cartillas de racionamiento?
Ah, y para completar el cuadro, ahí está la beca Rita Cetina, la panacea universal que reparte dinero en efectivo como si la transferencia monetaria, por sí sola, resolviera lo que ni el maestro ni el libro de texto ni el plan de estudios lograron: que la niñez aprenda. Es el populismo educativo en su forma más pura: no importa cuánto sepas, importa cuánto te deposito.
Y sin embargo (porque siempre hay un “sin embargo” que salva la nota), en medio de este naufragio hay estudiantes que se niegan a hundirse con el barco. Los mismos datos de PISA lo confirman: ocho de cada diez jóvenes mexicanos dijeron sentir curiosidad, y una proporción similar busca activamente el apoyo de sus profesores. Hay miles de chavos que, contra el sistema, contra los libros vacíos de contenido y llenos de consigna, contra la doctrina que les quieren inyectar por goteo, siguen queriendo aprender de verdad. Ellos son la prueba de que el problema nunca fue la juventud mexicana: fue el aparato que decidió que educarlos bien era menos urgente que adoctrinarlos bien.
¿La propuesta?
- Enterrar la Nueva Escuela Mexicana con la dignidad de un experimento fallido, no con la pompa de una gesta heroica.
- Regresar la evaluación docente y estudiantil con consecuencias reales, no como “violencia punitiva” sino como termómetro honesto.
- Reescribir los libros de texto priorizando matemáticas, lectura y ciencia por encima de la retórica identitaria. Dignificar (no estigmatizar) la libertad de elegir escuela, pública o privada, y exigirles calidad a ambas por igual.
- Invertir en formación docente con estándares internacionales verificables, sin tercerizar la ideología a gobiernos que llevan seis décadas demostrando cómo no se educa a un pueblo.
- Y sobre todo, devolverle a la escuela mexicana su función original, la que se le olvidó en el camino de tanto eslogan: enseñar a pensar, no a repetir consignas. Los números ya lo dijeron con toda claridad.
- La pregunta es si alguien en Palacio Nacional está dispuesto a leerlos sin voltear la cara.
*Es una opinión personal del autor que no refleja la postura de El Cronista México o sus dueños. El autor es director de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR México). Colaborador en Radio Colima en el Noticiero con Max Cortés: Datos con Valor. X e Instagram @Aivc2, TikTok @2aivc.

















