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El ataque a la inflación y una pregunta clásica: cuánta munición hace falta

Abril fue un mes duro en materia de precios. El salto cambiario desacomodó las proyecciones de tal manera que por primera vez en mucho tiempo, el dato del Indec fue más alto que el proyectado por los analistas. La mayoría de las consultoras había arrimado sus cifras a una variación de 8%, pero ninguna se animó a ir más allá. El 8,4% sacudió al Frente de Todos y movilizó a todo el equipo económico, que en pocas horas resolvió poner sobre la mesa un paquete de decisiones destinado a sostener expectativas.

Sergio Massa sabía que iba a necesitar medidas reactivas ante un sendero de precios que percibía alto. Por eso una parte de su equipo venía trabajando en la nueva fase de Precios Justos. Pero la cifra que dio el Indec generó preocupación y la necesidad de activar nuevas herramientas. Con los nuevos números del IPC, los compromisos que habían manifestado hasta ahora las empresas se diluyeron por completo.

Después de mantener un sábado cargado de reuniones, la respuesta anunciada fue más amplia, y expuso un debate clásico de la política económica: ¿las medidas deben ser proporcionales al problema o mayores? ¿es conveniente aplicar una dosis más fuerte si se quiere lograr un resultado más duradero?

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Esta disyuntiva se dio a la hora de discutir el nivel adecuado al que correspondía subir la tasa de interés. Algunos miembros del equipo propusieron que cruzara la línea de 100% nominal anual. Pero subsistió la línea "moderada", que la dejó en 97%. A diferencia de lo ocurrido en marzo, al menos esta vez el consenso fue que había que actuar rápido, para que los pesos no se tienen con la dolarización.

Otras medidas que entraron en el paquete, como la posibilidad de importar alimentos frescos, la reducción indirecta de aranceles de insumos críticos, el nuevo plan de pagos de AFIP o la creación de una unidad conjunta de monitoreo de precios, podrían haber sido activadas el mes pasado, o en enero. Pero en ese momento la tendencia de los precios no parecía demasiado preocupante. El dólar no había escalado, y el paraguas ofrecido hasta el momento por el FMI parecía suficiente.

Este debate se entronca con el clásico shock o gradualismo. Lo que sucede es que en la Argentina golpear fuerte no garantiza un nocaut, a menos que implique un cambio de régimen, como el Austral o la convertibilidad. Massa prefiere un camino intermedio, que es mantener la secuencia de medidas. Ya prometió que habrá más en la semana. Pero quiere ver antes si el FdT ofrece alguna señal política.

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