Zoom Editorial

Conflicto y enojo, malos consejeros para gestionar una crisis sanitaria

Es increíble que un país tan frágil como lo es la Argentina del presente, se ponga voluntariamente a las puertas de un conflicto institucional de poderes. En medio de un violento aumento de casos de Covid, una parte de la sociedad y toda la oposición política están dispuestas a protagonizar un movimiento de desobediencia civil contra el decreto del Poder Ejecutivo que suspendió el dictado de clases presenciales.

Está claro que la razón de fondo es la crisis sanitaria. Pero el condimento que enrarece aún más la coyuntura es la desconfianza que generan las decisiones del Poder Ejecutivo. El hartazgo de sectores que no podrán volver a operar con normalidad, como la gastronomía, potencia las dudas sobre el alcance del DNU, ya que pocos creen que en 15 días se reponga el status anterior. Lo mismo sienten muchos integrantes de la comunidad educativa, que hoy están listos a abrazar las escuelas a la espera de que la Corte Suprema de Justicia se pronuncie a favor de su reclamo.

No obstante, lo más increíble no es el hecho de que haya tantas personas e instituciones dispuestas a pelear por una causa noble y universal como la educación. No creo que haya dudas sobre lo deseable y necesario que significa tener las aulas abiertas. Pero la segunda ola de Covid no es una amenaza, es una realidad que gana dramatismo día tras día. Y no hay sobre la mesa un debate sobre que otras medidas se deberían estar adoptando para detenerla. A Larreta este punto no se le debería pasar por alto.

¿Acaso quienes se manifiestan contra el Gobierno piden también que se respete su derecho a contagiarse? ¿Qué importancia le dan a ese riesgo, o al hecho de que si el virus toca a su puerta, van a reclamar que el sistema de salud los atienda y contenga?

Sobre esos tópicos se escucha poco. Es posible que CABA tenga aún una situación menos delicada que los municipios del conurbano, en donde la cantidad diaria de test positivos es alarmante. Hay empresas fabriles esenciales complicadas porque tienen tantos contagios que hasta les impiden rotar burbujas. Y negocios gastronómicos a los que se les complica abrir de día por tener personal aislado o contagiado.

Atender el Covid debe seguir siendo prioridad máxima. Alberto Fernández apuró una decisión política que debería haber sido intento de un diálogo previo. Exponer su receta drástica y esperar respuestas antes de firmar un DNU. La política tiene que ser el arte de acordar lo posible, ya que en el conflicto no hay ganadores. Insistir con las demoras del plan de vacunación sin asumir que no producen magia, como atestiguan Chile y Uruguay, sería un buen comienzo. Una sociedad enojada pierde la capacidad de identificar con lucidez sus problemas. Es hora de cuidarse más que nunca para que no bajen las defensas.

Tags relacionados

Comentarios

  • JS

    Juan Sanchez

    Hace 26 días

    Creo que hay comentarios hechos por quienes no terminan de leer la nota. De otra forma, no se entienden.

    Ver más

    0
    0
    Responder
  • JG

    Javier Gonzalez

    Hace 27 días

    Evidentemente el que quiere desatender la realidad sería usted, estimado Hernán. No sólo haciendo oídos sordos a los datos contundentes sobre la estadìstica (en las cuales se basa la probabilidad futura), sino también sobre las recomendaciones de la OMS y la Sociedad Argentina de Pediatría. Por otro lado, a un chico con problemas de neurodesarrollo, y sobre todo si es menor de los 3 años, perder tiempo de contacto con otros chicos le puede significar un daño irreparable. Y no crea que los chicos que hay con ese tipo de problemas son dos o tres, mucho menos después del encierro de 2020. Hay un informe del CONICET al respecto al que puede acudir para más información.

    Ver más

    0
    1
    Responder