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Clima de revolución entre los empresarios: la bronca y el hartazgo que no disimularon en AEA

Es el caldo de cultivo de una revolución, pero no encabezada por masas de trabajadores que van para cinco años seguidos de pérdida de poder adquisitivo. Son los líderes de las mayores corporaciones del país


Mientras me llevaba en el remis, David no paraba de decirme lo contento que estaba de haber venido a la Argentina para zafar de la crisis en Venezuela. "Ustedes no saben el país que tienen", me insistió hasta el momento en que me bajé el martes en el Sheraton de Retiro, para ingresar a las jornadas por los 20 años de la Asociación Empresaria Argentina (AEA).

Párrafo para centennials que no la conozcan: la AEA nació en 2002 como un sello de dueños de grandes compañías argentinas. La agenda urgente tras la salida de la Convertibilidad era conseguir la pesificación de la deudas en dólares que amenazaban los balances y cambiar la ley de quiebras, porque había chances de que fondos del exterior se quedaran con compañías en rojo por el famoso proceso de cram down.

Esta semana, el vigésimo aniversario se desarrolló con la consigna "El sector privado como factor clave para el desarrollo" pero el título podría haber sido "Hinchados las pelotas".

Las exposiciones de quienes hablaron transmitieron un clima de hartazgo, bronca y de "así no va más" como pocas veces vi en años de ir a estos cónclaves de lugares comunes y reclamos de seguridad jurídica.

Con mensaje grabado, Alberto Fernández participó de los 20 años de AEA

Los flashes se lo llevaron las declaraciones sobre el gasoducto o sobre las remarcaciones de precios, pero lo jugoso no estuvo ahí.

Cristina Kirchner cruzó al dueño de La Anónima por su increíble confesión: su receta contra la inflación es "remarcar todos los días" 

El empresario Federico Braun, de hecho, aseguró que la sociedad argentina debe definir si quiere capitalismo o socialismo y dio como ejemplo la ley de góndolas, por la que el Estado le dice dónde tiene que acomodar los productos en sus supermercados La Anónima. 

"No es un poco mochi, Federico", le pregunté cuando bajó del estrado. "Quise marcar fuerte el problema", me dijo. "Dicen que estamos condenados al éxito, pero si tuviera que apostar me inclinaría por apostar que estamos condenados al fracaso", había expresado antes.

Martín Migoya, uno de los fundadores de la empresa de software Globant, estrella de los unicornios tecnológicos, le reclamó a la política: "Si no saben, no hagan nada; dejen el arco quieto". También llamó a evitar que los jóvenes se vayan del país, al que calificó como "máquina de expulsar", y remarcó que el mérito es la antítesis del populismo, que "no cree en la gente".

A su turno, Carlos Miguens sumó su indignación por la falta de reacción de la dirigencia ante los ecologistas. Ejemplificó con los disturbios de "cuatro ambientalistas" en Chubut que hicieron dar marcha atrás una legislación que habilitaba una inversión minera multimillonaria. Además, renegó porque había comprado derechos de cateo para un proyecto sobre la ruta 40 y se la frenaron porque producía "contaminación visual".

CALDO DE CULTIVO

Los hombres de empresa que generan más del 10% del PBI argentino la ven negra. Aclaración: "hombres de empresa" no es sólo una frase hecha, porque no hubo una sola mujer en ningún panel. Mujeres solo para asistir en el salón y en el guardarropa. Media pila.

Como sea, la ven negra, y creen que está todo tan podrido que hacen falta cambios radicales. Nada de gradualismos. Es el caldo de cultivo de una revolución, pero no encabezada por masas de trabajadores que van para cinco años seguidos de pérdida de poder adquisitivo. Son los líderes de las mayores corporaciones del país.

Por más que a ellos les haya ido bien y hayan logrado prosperar en este contexto donde a otros les fue realmente mal, el samba de la inestabilidad eterna y una sucesión de malas gestiones que te saca potencia el reclamo de shocks, de reformas radicales, hasta la nostalgia por la Argentina pre peronista. Así, el establishment local está a nada de pedir una disrupción tipo Javier Milei. Por ahora, su mirada calza exacto con lo que se puede recoger de los esbozos de planes económicos que se trabajan en Juntos por el Cambio.

Luciano Laspina prepara para un eventual gobierno de Patricia Bullrich un shock de cambios fiscales, previsionales y laborales que un poco se dejó ver en el lanzamiento de la ex ministra de Seguridad en Olivos. Hernán Lacunza, más cerca de Horacio Rodríguez Larreta, habla de "cambio de régimen". Carlos Melconian lo llama "cambio de organización económica" y dice que habrá que tener un equipo jurídico importante porque hay "mucho derecho adquirido". No está claro en cuánto se diferencia lo que están trabajando Eduardo Levy Yeyati y los suyos en la UCR.

Hernán Lacunza, el último ministro de Hacienda del macrismo, en AEA

Todos ellos saludaban a cuatro manos el martes entre mesas de desayunos con medialunas y fruta, como si percibieran que en no mucho tiempo serán los que van a encabezar ese audaz giro económico que los dueños del capital están pidiendo.

  Algunos porque creen que es el único camino posible para el desarrollo, otros por la comodidad de repetir recetas que ya han fallado sin preguntarse si tal vez no habrán sido, hasta ahora, parte del problema.  

Así como subrayan la importancia de la iniciativa privada, ni cuando entran en el modo catarsis surgen reflexiones sobre si no habrá en el formato de acumulación de riqueza que se ha dado en la Argentina, tan en el borde del área entre lo público y lo privado, uno de los motivos de por qué la sociedad tiene esa imagen tan pobre de los hombres de negocios.

Nadie tiene el reflejo de tratar de explicar, en definitiva, por qué cuando se juntan a dar su mirada en un hotel de lujo generan más sospechas que empatía. Hacerse cargo da autoridad para levantar el dedo. No importa cuando leas esto.

  En ese punto, como a la pasada, Miguens fue el único que dejó un comentario que pareció una autocrítica: "Muchas veces hemos tomado decisiones individuales para salvarnos pero que fueron en detrimento del país". Qué ganas de pedirle que desarrolle.  

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