Zoom Editorial

A la Argentina le conviene que el barco del Mercosur ande más rápido

El cruce que protagonizaron Alberto Fernández y Luis Lacalle Pou evoca una discusión que lleva años dentro del Mercosur. La diferencia esta vez pasó por los protagonistas. Mauricio Macri, durante su gestión, intentó impulsar una mayor apertura comercial del bloque. Pero nunca consiguió que se avanzara en ese sentido. 

El giro empezó a darse tras la llegada de Jair Bolsonaro a la presidencia de Brasil. Fue el cambio de mando en el país vecino lo que permitió que la diplomacia de Itamaraty se allanara a un enfoque menos proteccionista y accediera a darle el impulso final a las negociaciones con la Unión Europea. Algo similar sucedió en Uruguay: el fin del ciclo de 15 años que encabezó el Frente Amplio y la llegada de un mandatario más liberal, como Lacalle, introdujo otra visión, más acorde incluso con la del paraguayo Mario Abdo Benitez. 

Ambos están de acuerdo en que el Mercosur tiene que ser un trampolín y no un corset. Pero la taba se dio vuelta y ahora vuelve a ser la Argentina la que prefiere defender el status quo regional.

Un dato llamativo del duro intercambio que protagonizaron los mandatarios el viernes fue que la Argentina quedó en una suerte de off side diplomático. El Presidente nunca cultivó el intercambio con sus pares, pero hasta el momento por lo menos ensayaba gestos de cordialidad. En esta ocasión fue ostensible que Alberto debió remar una respuesta casi personal, que ahora deberá ser acolchonada por los funcionarios de la Cancillería.

La postura de Fernández sorprendió por su dureza, pero no por su contenido. En el mundo empresario nadie se hacía expectativas de que en el corto o mediano plazo la Argentina pudiera dar un vuelco en su estrategia comercial, pese a que el ministro Martín Guzmán no se cansa de repetir que incrementar las exportaciones es una premisa clave para aspirar a un crecimiento sostenible.

El Frente de Todos está convencido de que es mejor apostar por el mercado interno antes que por el externo. Porque cree que la llave para que las empresas inviertan es el consumo. Pero no termina de aceptar que ninguna compañía pone capital para trabajar exclusivamente en un país que lleva años de estancamiento. Y que las que lo hacen, solo destinan fondos si las condiciones del mercado al que apuntan permiten que esa inversión se recupere en uno o dos años.

El gobierno argentino tiene miedo a la competencia externa. Es un miedo real, porque los productos argentinos no se destacan por ser competitivos. Y extrema la protección para no perder producción. El problema es que con esa fórmula tampoco crece. El Mercosur no puede estar quieto 30 años en el mismo lugar, porque en el mundo de los negocios el que no se mueve y se adapta, se hunde. El país no necesita bajarse de este barco. Por el contrario, necesita que funciones más rápido.

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