MIÉRCOLES 20/02/2019
Saráchaga:

Saráchaga: "La economía es un estado emocional que afecta la inversión en arte"

Martín Saráchaga es economista y titular de una de las casas de remate más antiguas de Buenos Aires. Sus consejos para comprar cuadros según el gusto artístico y el grado de riesgo que se quiera asumir. 

El arte, para Martín Saráchaga, es una especie de mandato tan concreto como el nombre que reluce en la antigua fachada del edificio de Recoleta donde ancló la casa de subastas homónima, fundada por su abuelo hace 80 años. Sin embargo, debido a su profesión de economista y su marcada concepción ‘austríaca’ de las cuentas nacionales, habla de ese mercado derribando los pedestales que son parte del status quo del ambiente.

Primera lección: el arte no es un producto suntuario sino un bien de Giffen. “No importa el valor: hay una demanda que siempre está dispuesta a gastar en ese tipo de bienes”, plantea Saráchaga. Y aclara: “Pero cuando modificás el tipo de cambio tan brutalmente, como pasó acá en 6 meses, cambian las expectativas. Entonces, la gente retiene los dólares hasta que ve que el mercado se estabiliza. Pero después vuelve a estar dispuesta a gastarlos”.

Segunda lección: ley de oferta y demanda. “La gente cree que el mundo del arte se mueve solamente con las personas de mayor poder adquisitivo, que es un núcleo chico al que siempre le podés vender algo más pero que ya tiene un acervo importante por acumulación o herencia”. Entonces, ¿cómo asegurar la supervivencia de un mercado de tamaño relativamente pequeño y con una demanda en niveles cercanos a la saturación? “La realidad es que, en el mundo, el arte se mueve con la clase media y media alta. El problema acá es la carga impositiva, que no permite ahorro. Entonces, lo poco que se ahorra se vuelca a las vacaciones u otros consumos, pero no se generan sobrantes de dinero para que el arte sea parte de un concepto de gasto, con lo cual coleccionar es una opción muy lejana para cierto nivel de ingresos. Aparte, cuando hay una corrida cambiaria, si la expectativa es que va a venir una mayor depreciación de la moneda, la gente retiene los dólares o gasta lo mínimo”. 

Para los neófitos que quieren adentrarse en el mercado del arte, Saráchaga recomienda el rango de obras que cotizan entre u$s 500 y u$s 2 mil, una de las categorías con mayor oferta actualmente. “Este año ha escaseado bastante la obra de entre u$s 30 mil y u$s 50 mil, que son valores importantes para la plaza local. La gente tiene la sensación de que está vendiendo en un momento malo y la demanda está dispuesta a comprar obras muy buenas pero quiere pagarlas a un valor inferior. Necesitamos estabilidad en la economía para que haya un sendero claro al establecer cuánto valen las obras”. En cuanto a nombres propios, la diversidad es clave: “Tenemos algunos clásicos como Antonio Berni, Emilio Pettoruti, Xul Solar –que también tienen demanda internacional–; y por otro lado están Antonio Seguí, Guillermo Kuitca, Julio Le Parc, además de muchos artistas jóvenes, de entre 40 y 50 años, que están viviendo en el extranjero”.

¿Qué hay que saber para iniciarse en el coleccionismo de arte?

Si van a comprar pintura argentina, es importante saber claramente qué período les gusta. Nosotros los dividimos en tres: clásico, moderno y contemporáneo. Tengo clientes que empezaron hace uno, dos o tres años y van a lo clásico, que por ahí es lo que menos demanda tiene, pero les gusta. La mayoría está apostando por artistas jóvenes y con proyección internacional. Hay tres factores clave a evaluar: que sea un artista requerido internacionalmente, su período y el tamaño de la obra. Esa variable antes no se miraba, pero hoy una obra chica -por ejemplo, de 60x60 centímetros, tiene un ‘castigo’ en el mercado, no se la pondera tanto.

¿Cómo evolucionó el mercado local en la última década?

Tomando los 10 años pasados, se puede decir que está estable. En 2017 hubo bastante demanda dentro de la realidad del mercado argentino, que no es comparable con Brasil, México ni los Estados Unidos. La economía es un estado emocional también, y cuando el momento es complicado, indudablemente afecta la inversión en arte. Las expectativas cambian todo. Y para comprar arte uno tiene que tener cierta disponibilidad de dinero pero además estar con ganas, con ánimo. Ahora hay un movimiento cultural -sobre todo con ArteBA, Basel Cities y con la posibilidad de exportar obras de arte- como nunca ha tenido el mercado argentino.

¿Cómo es la Argentina en tanto fábrica de artistas?

Es muy buena y prolífica. Acá tenés maravillosos artistas. El problema es la demanda. Oferta hay de lo que quieras, de la corriente que quieras, de la clase que quieras: tenemos grandes talentos.

¿Cómo se fija el valor de una obra?

Es como cualquier producto. En el mercado primario, es un trabajo entre el artista y el galerista: consensúan un valor y después ven si la demanda responde. En el mercado secundario, las casas de subastas tenemos estadísticas que permiten proyectar. Por ejemplo: Benito Quinquela Martín es un artista muy prolífico y siempre tiene bastante demanda, pero tiene tres períodos: entre los años ‘20 y ‘30 tiene un valor, del ‘40 al ‘50 tiene un valor menor, y a partir del ’68 no es tan demandado porque estaba más grande y fue perdiendo la vista. De nuevo, el mercado lleva a mirar el tamaño también: puede ser que una obra del ‘20 ó ‘30 sea fantástica pictóricamente pero por ahí tiene un tamaño chico, y de repente una obra 20 años más joven pero del doble de tamaño tiene un valor que hace 10 ó 15 años no tenía.

¿Consejos para invertir, según el nivel de riesgo que se esté dispuesto a asumir?

Quien arma una colección en función de una inversión a largo plazo -20 ó 25 años en adelante- tiene que tener un gran curador que lo asesore para saber por dónde va a ir el mercado. Si alguien quiere comprar arte contemporáneo, por ejemplo, no puede atacar un solo artista. Puede pasar que una persona compre un cuadro y 20 años después se venda a un precio alto, pero las posibilidades son bajísimas. Por eso, hay que tratar de abarcar lo más posible en cuanto a artistas y a la obra de esos artistas. Desde luego, cuando comprás algo de un contemporáneo, no sabés cuánto va a valer ese artista o ese período preciso dentro de unos años, entonces tenés que abarcar un período más grande y mayor cantidad de obras. Esta opción es una inversión de riesgo alto porque implica dejar los activos parados durante mucho tiempo. El arte no se vende cuando uno quiere: se vende cuando el mercado te quiere comprar. El inversor de riesgo medio es el que apuesta un poco en varios lugares, con un concepto de portfolio. Al inversor de bajo riesgo -básicamente, la clase media- siempre le conviene comprar lo clásico (entre 1910 y 1970) porque tiene que apuntar a resguardar el valor de la pintura. Mi consejo, para todos, es tener un gran profesional que asesore, porque es fácil equivocarse. A veces la gente no quiere hacer ese gasto extra, pero achica el margen de error.

Comentarios2
Ricardo Ambrosig
Ricardo Ambrosig 03/10/2018 04:23:02

En cuanto termine de pagar el asado con la tarjeta al 105% el descubierto me compro un cuadro che....

Enrique Finochi
Enrique Finochi 03/10/2018 02:44:58

El titular de esta nota es por lo menos un insulto. Ustedes tienen alguna idea de cómo vivimos la clase media hoy?