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Su mamá era productora de TV, ella eligió la publicidad y ahora es CEO de una agencia top

Victoria Cole es comunicadora social, lleva a la profesión en la sangre y desde 2020 es CEO de Wunderman Thompson para Argentina y Chile. Los objetivos de esta eterna optimista, apasionada de las relaciones humanas.

Victoria Cole se ríe. Lo hace una y otra vez. Y con muchas ganas. Admite que para ella es imposible que una fotografía la muestre con un gesto serio. Es optimista por naturaleza y por convicción. Tiene 52 años y es la mamá de Manuel y Agustín, mellizos de 24 años. La familia se completa con Rasta, una perra de 14 años, y con Mariano, su pareja "con cama afuera".

Cole es CEO de Wunderman Thompson para Argentina y Chile. Lleva casi dos décadas en esa agencia global de publicidad y comunicación y ocupa su actual cargo desde 2020. Tiene la responsabilidad de "manejar la empresa para que las personas y el negocio crezcan". Cierra su explicación con frase muy particular y que repite con frecuencia: "Lo digo así si te lo tengo que decir en un tuit". No vive la vida en 140 caracteres, pero posee una proverbial habilidad para emitir mensajes cortos y concretos.

Habla con desbordante entusiasmo. Cuenta que su misión es procurar "que todas las personas crezcan y que sea un buen lugar para trabajar; y que los clientes también crezcan para que sigan con nosotros, que innovemos porque la innovación tiene que estar todo el tiempo para reinventarnos... escuchar a la gente que trabaja en la agencia y escuchar a los clientes para ver qué oportunidades hay todo el tiempo".

Cole confiesa que lo que más le gusta de su trabajo es "el tema de las relaciones humanas, el tema de impactar con la gente en el uno a uno y el tema de impactar en la gente masivamente". Le presta especial atención a la repercusión de los mensajes en las personas. Y aspira a que esos mensajes sean representaciones reales de la vida.

"Es preferible equivocarse que quedarse paralizado", asegura Cole, número uno de Wunderman Thompson

El destino la llevó a estudiar Comunicación Social en la Universidad de El Salvador. Más tarde se especializó en publicidad. Admite que no sabe por qué se decidió por esa carrera. Reconoce, sin embargo, que había señales que no interpretó en su momento como la profesión de publicitario de su tío Cacho en Bogotá, la de su mamá productora de un canal de televisión, la de su padre editor de revistas, la de su hermana periodista, la de su hermano productor...

Entre risas -para no perder la costumbre- acepta que uno de los aspectos decisivos de haber estudiado Comunicación Social fue evitar perderse en una maraña de números, pero no tuvo más remedio que adentrarse en ese universo de cifras, gráficos y curvas. "Aprendí un montón y sigo aprendiendo. Y todos los meses hago las mismas bolupreguntas para saber por qué hacemos esto y por qué hacemos aquello", acota.

Cole también pinta. Es un pasatiempo que le permite despojarse de las preocupaciones diarias. Se abraza al estilo abstracto, una salida ideal para que la ansiedad no sabotee ese cable a tierra con la imposibilidad de retratar rigurosamente los detalles. Le dedica todos los días un rato a la actividad física y también cocina. Los platos árabes son su especialidad, consecuencia directa del legado de su abuela materna.

"Me considero totalmente optimista, a veces demasiado", relata. Esa actitud y el humor la rescatan de los malos momentos. Le gusta el humor negro. También destaca la valentía de decir que no puede con algo, que está bueno pedir ayuda.

Por eso aprendió a convivir con los errores: "Hay noches en las que no duermo porque tomé decisiones equivocadas y otras en las que me voy a dormir muy tranquila. Aprendí a tolerarme a mí misma y también los errores de mis equipos. Aprendí a bancarlos. Siempre digo que es preferible equivocarse que quedarse paralizado. Creo, de verdad, que los errores son parte del aprendizaje".

Con algo de pena, concede que "le duele la Argentina", que es difícil analizar la complejidad del país, que cuando viaja al exterior le cuesta explicar cómo se convive con la inflación con tanta naturalidad. Sufre porque "somos como la rana, que se quema y no se da cuenta de que tiene que saltar. Nos manejamos así, sabemos que es así y que no hay mucha atrás y eso es lo que a mí me pone muy triste. Ver a Argentina resignada duele".

Más temprano que tarde Cole recupera el buen humor y el optimismo y suelta una risa contagiosa. Dice que se lleva muy bien con las redes sociales, en especial con LinkedIn y con Instagram y se imagina su foto ideal: "Sería una foto mía con hijos y mi perra. Sin retocar, sin filtro...".

La versión original de esta nota se publicó en el número 355 de revista Apertura.

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