Entrevista

Santiago Sacerdote, de Y-Tec: "Si no solucionamos el acceso a capitales no vamos a ser competitivos en el mercado del hidrógeno"

El CEO de la empresa creada por YPF y el Conicet cree que el hidrógeno abre la posibilidad de crear una gran industria exportadora en la Argentina. Sin embargo, advierte que si no se trabaja para bajar el costo de acceso al capital, el país podría quedar relegado en el mercado internacional

En marzo de 2020, cuando la pandemia irrumpía con fuerza en la vida cotidiana de los argentinos, un conjunto de compañías lideradas por Y-Tec, la compañía de investigación y desarrollo que tiene como socios a YPF y el Conicet, decidió que era el momento de empezar a delinear una estrategia para la producción de hidrógeno en el país. Las empresas tuvieron meses de debates y reuniones virtuales hasta que el 9 de agosto de ese mismo año decidieron lanzar el Consorcio H2AR.

"La idea fue acompañar la mirada internacional sobre hacia dónde va el mundo de la energía. Estamos en un proceso de electrificación, en el marco de la transición hacia la descarbonización. El hidrógeno podría tener algunos espacios como energía en un montón de aplicaciones en las cuales se hace más difícil descarbonizar o electrificar", explica Santiago Sacerdote, gerente general de Y-Tec.

En el futuro, explica el ejecutivo, lo más probable es que no haya un ganador dentro de la matriz energética. Después de más de un siglo en el que los hidrocarburos dominaron el panorama global, hay que prepararse para que coexistan distintos combustibles con diferentes niveles de emisiones de CO2.

Dentro de este contexto, a la Argentina se le presentan innumerables oportunidades. Al gas de Vaca Muerta, como combustible de transición, se le suman las condiciones favorables de sol y viento para la generación de energía renovable. Todos estos factores hacen pensar en el potencial que tiene el país para la producción de hidrógeno.

"Lo que estamos viendo es que en los procesos productivos de generación de hidrógeno podríamos pensar en ser una plataforma de exportación de hidrógeno a alta escala. Pero, como siempre, tener recursos, no te garantiza que seas competitivo. Estamos lejos y vamos a competir con un montón de otros países", agrega Sacerdote.

¿Qué posibilidades de desarrollo de producción de hidrógeno a gran escala ve para la Argentina?

Posiblemente en el futuro haya un escenario donde no tengamos un energético ganador universal para todos, sino que haya distintas fuentes de energías con distintas intensidades de huella de carbono, la mejor posible, la que es mejor según cada situación particular. Por ejemplo, hoy es difícil electrificar un avión porque tenés que tener una batería enorme, entonces ahí hay que usar combustibles líquidos. Pero el combustible líquido podría ser un kerosén generado a partir de hidrógeno con dióxido de carbono, tomado del aire. Entonces estás creando el mismo combustible de hoy, pero con una fuente sin carbono.

Llegar con la tecnología a esa escala va llevar muchos años, pero es importante que vayamos aprendiendo, probando, sacando riesgos. Eso es lo que el consorcio busca generar: tener una visión común, tener un entendimiento.

Cuando hablamos de exportación los próximos cinco años son del petróleo, y ya estamos en esa industria. Después habrá otros cinco años de exportaciones de gas, para lo que hay que construir una planta de GNL. Y solo después llegarán las ventas de hidrógeno. Estamos calculando que eso será después de 2030. Lo cierto es que hoy tampoco hay un mercado internacional al que se pueda entrar de lleno.

¿Y cuáles son las perspectivas que hay, entonces?

Hay una visión optimista respecto de que la Argentina puede estar ante una oportunidad de desarrollo de una industria de energía baja en carbono que permitiría realizar exportaciones de alta escala. Pero no solo del llamado hidrógeno verde.

El hidrógeno también se puede obtener usando el gas como fuente de energía y la molécula es la misma, solo cambia cómo lo produjiste. Nosotros tenemos la posibilidad producir ese otro hidrógeno, con otra intensidad de carbono.

El hidrógeno se llama azul cuando captás el CO2 del reformado de gas y, por ejemplo, lo inyectás en forma subterránea. Podrías reducir entre el 70% y el 90% de las emisiones. Bajar a 80% es un proceso bastante verdoso, por decirlo de alguna manera, sobre todo, porque el costo baja a la cuarta parte. Sabemos que el futuro es verde, pero el camino es multicolor. No hay que entrar en la dicotomía de los colores. Hay mercado para todos, podemos vender hidrógeno azul a unos y verde a otros.

Todavía faltan unos años, entonces hay que ver de qué manera nosotros podemos aprovechar la oportunidad para desarrollar un paquete tecnológico industrial.

Producir hidrógeno verde requiere mucha inversión en renovables. Una planta de un millón de toneladas de amoniaco de Profertil necesita 2 GW de potencia. Decime la última vez que escuchaste que alguien hizo 2GW de renovables.

Y además, las renovables son fuentes intermitentes y se necesita potencia constante...

Son escalas enormes, pero tenemos tiempo. Lo que hay que lograr es tener una agenda tecnológica e industrial que nos permita ser competitivos. Nosotros en I+D estamos lanzando un proyecto de un electrolizador. No sé si vamos a ser la mejor opción, pero vamos a hacer el intento. Ahora, cuando los clientes vayan a comprar uno, nos van a hacer competir contra los mejores chinos, eso es seguro. Tenemos que ver cómo aprovechamos esta oportunidad de venta de energía para generar un entramado industrial y un paquete tecnológico con el mayor contenido local posible.

¿De cuánto tiempo estamos hablando como para pensar en que estos proyectos sean realidad, que ya estén instalados, que produzcan y exporten hidrógeno?

Creo que hay dos agendas, una es a pequeña escala. Va a haber experiencias piloto en los próximos cinco años y otros proyectos que se realizarán en esta década. Pero cuando hablamos de ese proyecto de exportación, tiene que haber mercado internacional. Yo te diría que eso será de 2027 en adelante. Alguna exportación anterior puede haber, pero no en la escala de la que estamos hablando

Acá lo que faltan son los contratos que te dan cierta certidumbre de que vale la pena invertir porque existe un mercado. En 10 años va a haber mercado de verdad, pero los primeros contratos van tener que ser cerrados antes. Nosotros tenemos que lograr meter un contrato en estos años.

Fortescue (N de la R: compañía australiana que anunció una inversón de u$s 8400 millones para producir en la Argentina) está jugando en el mundo, a poner varios de estos proyectos en distintos lugares y del otro lado, está ofreciendo a clientes que quieren un contrato en firme. Hay que tener espalda para hacer ese juego global.

Alemania dice que el puerto de Hamburgo ya tiene demanda para 2023 o 2025, que van a abastecer con electrolizadores en el mar del Norte. Pero cuando esto crezca, ya no les van a alcanzar los recursos de la zona. Y así como hoy son importadores de energías, van a ser importadores de energía en el futuro.

¿Se está pensando en el hidrógeno para generación de energía a nivel industrial, pero también para la movilidad?

No es obvio que todo va a ser a batería. Hay autos con motor eléctrico, pero que usan hidrógeno para generar la electricidad. La capacidad de carga en peso es importante. Si a un utlitario lo cargás con dos toneladas necesita mucha potencia y eso implica una bruta batería. En el segmento de los pesados hasta algún punto intermedio probablemente se imponga el hidrógeno. En los más chicos va a prevalecer uno u otro, pero ya hay consenso de que van a coexistir. Pero cuando tenés vehículos que necesitan estar mucho tiempo en la calle y tienen que cargar combustible rápido, el hidrógeno es una buena opción. Es más fácil de almacenar, la infraestructura de carga es menos costosa.

Incluso podría usarse la infraestructura actual...

Sí, pero también he visto camiones con tanques de hidrógeno que se instalan en la estación de servicio y permiten que autos y camiones carguen combustible sin hacer ninguna obra. Al lado de llevar la electricidad en alta tensión hasta una estación de carga. el costo de este tipo de adaptaciones es nada.

Vamos a la electrificación seguro, a la movilidad renovable, baja en carbono. No hay una dicotomía con el eléctrico y con el hidrógeno. Van a ser socios en movilidad. Incluso para los trenes, en los que lo más eficiente es colgarte de una catenaria superior que alimente el motor. Pero cuando entrás en el campo y ya no está la energía disponible, se está viendo que el motor sea alimentado con hidrógeno, lo que le da mucha más autonomía que si usara baterías. La movilidad eléctrica va a ir encontrando su mejor aplicación entre el hidrógeno y el eléctrico enchufable.

¿En qué está trabajando, en concreto, Y-Tec?

Como Y-Tec estamos liderando al consorcio y eso es parte de nuestra gran tarea. Entender qué está pasando en el mundo tiene que ver con traducirlo en una buena estrategia país, es parte de lo que queremos hacer este año, además de trabajar en un régimen de promoción nuevo. Queremos ayudar a que salgan bien.

Desde el punto de vista de soporte de las empresas, hay muchas que están queriendo pilotos y nosotros les estamos ofreciendo apoyo. Porque cuando vos cotizás un electrolizador para una empresa, ya tenés los precios, las características y estás actualizado, podés darle consejo a otra compañía que quiera hacer lo mismo en otro lado.

Ni hablar de que puede haber sinergias entre empresas. Nadie va a hacer esto solo En el consorcio hay empresas que quieren producirlo, transportarlo o usarlo y lo podemos hacer juntos.

Y después está el tema de la agenda I+D. Estamos buscando acopiar las mejores capacidades del sistema científico para poder abordar estos desafíos y estamos atrás de un electrolizador como proyecto.

¿Qué otras cosas se pueden hacer en esta industria? Un montón. Creo que la experiencia de los pilotos irá demostrando dónde tenemos posibilidades. Hay polímeros para los tanques de almacenamiento que se pueden hacer con esos equipos locales. Se pueden abaratar los costos de abastecimiento de transporte en la parte eléctrica de los electrolizadores. La idea es que hay una apuesta tecnológica que se puede hacer en la Argentina y para ello sumamos los mejores recursos del país y lo financiamos nosotros.

¿Cómo está el acceso a recursos económicos para llevar adelante toda esta investigación?

Te diría dos cosas. Hoy hacer un piloto de hidrógeno no es rentable. Si querés hidrógeno, el gris es más barato. Entonces, ¿qué incentivos tiene alguien para moverse al azul? Habrá que ver qué quiere hacer como estrategia de descarbonización, qué incentivos tiene para hacerlo. Una empresa química que está utilizando hidrógeno también tiene su estrategia de net zero.

Desde el punto de vista del financiamiento hay un gap entre el costo de energía actual y la energía del futuro. Traer ese futuro a hoy cuesta caro y esto en el mundo lo están pagando los Estados con subsidios. Y yo no creo que no tengamos que hacerlo, ni que tengamos que ser el líder mundial en bancarnos todo esto a costo del Estado, porque al final termina siendo un costo de toda la sociedad. Eso en un extremo. Pero en el otro extremo vemos que algo hay que hacer.

El mundo está yendo a la descarbonización y los combustibles fósiles en algún momento van a dejar de usarse de manera masiva y el país no puede quedar pedaleando en el aire.

En Alemania nos contaban que están con H2 Steel, hidrógeno usado para la producción de acero. Europa va a pretender no solo que sus acerías se conviertan, sino que los productos que entran a Europa con acero que no es verde pasen a tener un sobrecosto. Entonces va a haber que transformar las acerías de origen, pues esto empieza a ser una exigencia de mercado.

La Argentina tiene una curva de compromisos de descarbonización como país que ya está seteada y es bien ambiciosa. Los incentivos tienen que ser suficientes como para que esta curva se pueda materializar, si es que no lo hace de forma natural. Yo no soy especialista ambiental, pero alguien debe estar haciendo una cuenta para lograr que el país baje sus emisiones. El Estado tiene que poner incentivos sobre la mesa porque, si no, va a ser difícil cumplir. Hoy estas tecnologías son más caras. Más allá de eso me preguntaría, si como país tenemos que ser el más verde del mundo.

¿Con los incentivos correctos alcanzaría para vender al mundo?

Hay que ver cómo se promociona el mercado externo. Me parece que la política podría ser producir hidrógeno verde y ver contra quiénes compito y dónde lo quiero vender. Y a partir de ahí buscar qué hay que hacer para que el verde sea el más competitivo, con incentivos a la producción o en puerto.

Pero también va haber un mercado de azul con otros productores y otros compradores. Entonces ahí también hay que buscar qué debemos hacer para que el azul sea competitivo. Si no se trabaja en esa línea, por más que tengas gas muy barato, vas a quedar fuera del mercado internacional.

Son dos estrategias que corren en paralelo hacia afuera. No es que se debe trabajar y promocionar uno en contra del otro.

¿Hay que ir por los dos caminos?

Con un racional que no se hizo todavía, un racional superprofundo de qué necesita la industria de alta escala para ser competitiva en los mercados extranjeros. Vamos a competir con todo el mundo. Hay que ser inteligentes, hay cosas por hacer en el mercado interno para cumplir los objetivos y asegurarse de cumplir los objetivos ambientales. Y también mirar hacia afuera y estar preparados para cuando empiecen las licitaciones internacionales. Y tal vez ahí no sea poner plata directa, sino tener un marco de estabilidad.

Circuló los otros días un gráfico que muestra el precio estimado del hidrógeno en 2050. Chile aparece arriba como unos u$s 0,50 y la Argentina está abajo en unos u$s 2,2. Esa diferencia con Chile es el costo de capital. Nadie sabe cuáles van a ser los precios en 30 años, pero si la Argentina no soluciona su problema de acceso a capitales, no va a ser competitivo.

¿La sobretasa que hoy paga la Argentina es un problema para la concreción de este tipo de proyectos?

Sí. Y te va a pasar con la instalación de los molinos y con los electrolizadores. No vamos a ser competitivos si no lo solucionamos. Uno puede preguntarse qué se puede saber del entorno político de cualquier país en 2050.

Pero da una idea del problema que hay solucionar para que estos números no sean realidad...

Otra es cómo hacer para que haya un marco de inversión que haga que el costo financiero que le exijan a los proyectos puestos en la Argentina sea razonable. Ni siquiera el acceso a fondos, sino la percepción de riesgo.

El financiamiento del I+D va a ser necesario. Es todo apuesta a futuro y es lo que está haciendo YPF por intermedio de nosotros.

¿Hoy están trabajando a la par de lo que se está haciendo en el resto del mundo?

Como país tenemos menos visibilidad externa. Hay países que han hecho más trabajo como estrategia país y lo acompañaron con más marketing. Chile tiene una estrategia muy ambiciosa y clara. Colombia cuenta con una agenda muy clara compatible con la nuestra, porque tiene gas. Uruguay está trabajando en verde y ya está vinculado con el puerto de Rotterdam. En el mundo ya hay 30 países que declararon una estrategia de hidrógeno con libros de 100 páginas. No es que sea necesario, pero ayuda a posicionarse.

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