¿Negocio en crisis?

Escasez de mano de obra, brecha y pérdidas: el drama de las economías regionales

En el interior del país están viendo serios problemas para conseguir mano de obra para la cosecha de aceitunas, tabaco y frutos rojos. ¿Cómo está el negocio en este contexto?

El beneficio que las economías regionales recibieron en diciembre del año pasado cuando el Gobierno decidió quitarles de cuajo las retenciones a las exportaciones se disipó como un vaporcito frente a una macroeconomía que les recorta rentabilidad a través de alta inflación, brecha cambiaria, incremento del costo de la logística y problemas estructurales vinculados con el empleo.

Cuando se abre el foco sobre las economías regionales el panorama que surge está atravesado por esta columna vertebral de sinsabores a la que ninguna escapa. Luego, en la sintonía fina, aparece el caso por caso, las producciones con sus características propias, los vericuetos del mercado interno y la aventura de construir un perfil exportador.

En la mirada global, Fernando Marengo, economista jefe de Arriazu Macroanalistas, remarca ante Apertura que "en la Argentina siempre que se habla de competitividad, de cómo les va a las economías regionales, se piensa en el tipo de cambio. Si devaluando se lograra competitividad, seríamos el país más competitivo del mundo".

Según Marengo, la única manera de hacer crecer y consolidar las actividades regionales pasa por llevar adelante las tan mentadas reformas estructurales. "Tenemos costos y contingencias laborales que invitan a la reforma laboral y la reducción de la conflictividad; costos financieros; problemas de logística vinculados a la falta de infraestructura como caminos y puertos; y una alta presión tributaria, donde se destaca el pago de Ingresos Brutos".

Las economías regionales tienen una dinámica propia. Cumplen un rol clave en el mercado doméstico y algunas han logrado hacer pie en la plaza internacional, aunque su performance exportadora esté muy a la sombra en el total de las ventas argentinas al exterior.

De acuerdo a los datos del 2021 del Origen Provincial de las Exportaciones, elaborado por el Indec, la región pampeana con sus cultivos extensivos y fuerte ganadería marcha a la cabeza con el 77,7 por ciento del total exportado. Allá lejos, la Patagonia representa el 7,7 por ciento; el NOA, 5,7 por ciento; Cuyo, 4,7 por ciento; y el NEA, 1,6 por ciento.

"El problema que tienen muchas economías, sobre todo los productores de las frutas de carozo y pepita, y también la banana, es que viven una situación complicada donde han ido perdiendo competitividad y acceso a la tecnología. Es difícil que se vuelvan a insertar en el circuito productivo", asegura Carlos Achetoni, presidente de la Federación Agraria Argentina, dirigente con un origen estrechamente vinculado a las producciones regionales.

Según explica, la brecha en el tipo de cambio es otro factor que atenta contra la rentabilidad. "Cuando se trata de productos con inserción internacional, al tener esta dualidad cambiaria no impacta positivamente como debería impactar. Y a quienes operan en el mercado local también los afecta porque tuvimos subas de insumos de más del cien por ciento en dólares".

El punto crítico está dado en que el productor que exporta termina por cobrar un dólar a precio oficial, con una brecha que ronda el 80 por ciento con respecto al que se mueve en el segmento paralelo, y que fija precios en insumos como los agroquímicos y los repuestos.

En este contexto y pese a todo hay un modelo de negocios viable que apuntala el crecimiento, y otro de mera subsistencia. "La división está dada entre quien es netamente productor y aquel que es productor, industrial, empacador y exportador", dice Achetoni. "Este es el esquema que está funcionando. El productor neto termina siendo preso de los precios y los pagos que se realizan. Es el que está desapareciendo y queda mucha tierra en estado de abandono."

Cenizas

Los productores del Noreste Argentino (NEA) han pasado a pérdidas buena parte de su inversión a partir de la fuerte sequía de los últimos años y del incendio que arrasó más de 1 millón hectáreas en Corrientes, pero que también afectó el sur de Misiones y la economía de las provincias vecinas.

La yerba mate fue una de las economías regionales afectadas por los incendios.

Con pérdidas que escalan hasta los $ 100.000 millones, el futuro se ve comprometido en la región. Martín Spada, director del Distrito 1 (Corrientes, Chaco, Formosa y Misiones) de la Federación Agraria Argentina, asegura que entre los sectores yerbatero, arrocero, forestal, cítricos y la ganadería se cuentan pérdidas millonarias.

En rubros como el arrocero el impacto ha llevado a que se coseche un 45 por ciento menos de lo esperado. En los lotes de los cuales se proyectaba obtener 3000 kilos de arroz por hectárea, solo se colectan 500 o 600 kilos. La recuperación, sin embargo, sería mucho más veloz que en el rubro ganadero.

"El pecuario tiene por delante una evolución de no menos de tres años para poder sacar los animales", cuenta Spada. "Hay que seleccionar los toros, sincronizar celo, nueve meses de gestación, seis meses para destetar y ahí se empieza la recría del animal para ver el destino final del mismo. La ganadería es una de las que más sufre y más cuesta reacomodar."

$ 100.000 millones fueron las pérdidas ocasionadas por los incendios que afectaron la cosecha en Corrientes y Misiones

Solo la provincia de Corrientes perdió 800.000 madres con vistas a la próxima campaña, y aún deben lidiar con el riesgo de abortos que se producen por los traslados y la ingesta de pasto quemado.

El fuego devoró también los postes de los alambrados, que habrá que reponer, y redujo a la nada los montes de la industria maderera. "Un productor forestal que pueda haber ahorrado e invertido y tener 2000 hectáreas forestadas y que no estaban aseguradas, no solamente no va a tener ahora la capacidad de pago para afrontar los impuestos sino que volver a plantar y esperar a que crezcan los árboles durante 10 o 20 años hace que durante un tiempo prolongado, no digo todo ese lapso, no tendrá capacidad de pago", destaca Gerardo Alonso Schwarz, economista jefe de la Regional NEA del Ieral de la Fundación Mediterránea.

Olivas y tabaco

El bloque del NOA le aporta al comercio exterior argentino el 5,7 por ciento del total de las exportaciones. De esta porción, el 65,3 por ciento son productos primarios. La aceituna es la reina en La Rioja y Catamarca, mientras que el tabaco es la producción emblemática de Salta y Jujuy, y los cítricos se destacan en Tucumán.

"Venimos de un año bastante malo en aceitunas de mesa. En aceitunas con destino de molienda y aceite el rendimiento fue más parejo", explica el empresario y productor José Hilal, presidente de la Cámara de Industriales Olivícolas de La Rioja.

Catamarca y La Rioja son los principales productores de aceituna

Y agrega: "La aceituna tiene una característica, que son sus ciclos. Es decir, un año da en alta y otro año da en baja. Es como si un año la planta descansara. En 2021 la baja fue muy pronunciada, tuvimos el 30 por ciento de los niveles de producción. Este año no llegamos al cien por ciento de producción, pero tenemos en mesa un 50 por ciento más de fruta, y en aceite los niveles se mantienen. Estaremos en un global de 60 por ciento de la producción anual. Es una cosecha de buen nivel, aceptable, si bien no es récord".

La aceituna es un producto netamente de exportación, tanto que se vende allende las fronteras el 80 por ciento de la producción, y el 90 por ciento del aceite procesado. El principal destino de la oliva de mesa es Brasil, mientras los aceites viajan rumbo a los Estados Unidos y la Unión Europea.

Cuenta Hilal que "la Argentina ocupa el quinto puesto en el mercado, pero lejos de los líderes en cuanto a producción. La plaza es liderada por la cuenca del Mediterráneo, con España e Italia a la cabeza. Egipto también creció mucho. Nosotros entramos bien en contraestación, cuando hay faltantes".

Pese a que el producto no paga retenciones, se ha topado en Brasil con un problema que preocupa a los productores exportadores. "Extra Mercosur había aranceles, pero resulta que el bloque firmó un tratado de libre comercio con Egipto y ahora se están colando aceitunas egipcias por ahí, eso nos está haciendo un lío bárbaro", enfatiza Hilal.

Unos 600 kilómetros más al norte, en la provincia de Salta, Diego Gómez produce tabaco en el paraje Las Pircas. También tiene un tambo familiar, un feedlot y hace granos, que utiliza para alimentar los animales y completar así un ciclo virtuoso.

El tabaco, otro de los afectados por la brecha cambiaria

Aquí resurge la problemática de la brecha cambiaria y del azote del proceso inflacionario. Gómez dice que "todo lo que hacemos en cuanto al tabaco se exporta y se paga a dólar oficial. No sabemos el precio del tabaco hasta que se lo termina de vender. Empezamos a vender en enero hasta marzo o abril. Recién nos dieron el precio a partir de junio y nos reajustaron en julio o agosto. Hay un desfasaje y nos come la inflación".

Hilal, que hace aceitunas en La Rioja, y Gómez, abocado mayormente al tabaco, tienen una problemática en común: la escasez de mano de obra. "Este año no vinieron muchos cosecheros bolivianos porque no los favorece el tipo de cambio y porque no pueden mandar los dólares a su país. Ahora se empezó a corregir y está llegando alguna gente sobre la marcha. Hubiera sido bueno tenerlos a todos el 1 de febrero acá. Así se hizo más lenta la extracción", relata el riojano.

Un cosechero cobra $ 300 por cada cajón de 20 kilos. La expectativa promedio ronda los 10 cajones por día, "aunque en una finca cargada un cosechero experto puede llegar a hacer 15 o 20 cajones diarios", calcula Hilal. Sin embargo, hubo quienes al momento de la cosecha optaron por cobrar el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), unos $ 10.000. De allí también la escasez de empleados locales.

En agosto del año pasado el Gobierno dictó el decreto 514/2021 que habilita a las personas que cobran planes sociales a realizar tareas temporales en blanco sin perder los beneficios que les brinda el Estado. Así y todo, existió igualmente la merma laboral. Carlos Achetoni, presidente de la Federación Agraria Argentina, le encuentra una explicación a esto: "Hay desconfianza. Algunos se animaron, se blanquearon y perdieron el plan igual".

Gómez coincide y añade: "Cada vez se pone más complicado conseguir mano de obra calificada, si bien en el campo no se necesitan estudios universitarios para trabajar. Necesitamos tractoristas, maquinistas. El cultivo del tabaco siempre fue muy artesanal, desde su trasplantación a mano, se necesitaba mucha cantidad de gente. Hacemos 100 hectáreas de tabaco y llegamos a tener 150 personas trabajando en el campo".

La mecanización le permitió, en parte, resolver este entuerto. "Empezaron a aparecer máquinas que suplantan la mano de obra, como la plantadora de tabaco y la cosechadora. Es una herramienta que nos permite no depender tanto de los empleados, ya que cada vez hay menos".

Frutos rojos

Entre los productores de frutos rojos la realidad es disímil. Las 2000 hectáreas sembradas de arándanos en la Argentina están repartidas casi en partes iguales entre Tucumán y Concordia. Supo haber 4500 hectáreas, pero la actividad está en franco deterioro, confiesa Federico Baya, vicepresidente de la Argentinean Blueberry Committee.

La producción de arándanos en Argentina viene en franco deterioro. Perú, en alza.

"El año pasado fue realmente complejo. La Argentina sigue con la tendencia de ir reduciendo año tras año lo que exporta. Esto se da porque en el país, por más que tuvimos la buena noticia de la eliminación de retenciones, la oferta en nuestra ventana siguió creciendo -relata Baya-. Perú superó los 200 millones de kilos y obviamente esa presión en la oferta lo único que hace es bajar precios. La Argentina no tiene más de donde ajustar costos, que siguen subiendo. Tenemos costos en dólares calculados a un tipo de cambio, y el otro dólar oficial. Pasamos de los 12 millones de kilos a los 10, y ahora estamos en 8 millones de kilos".

Los 40 millones de kilos extra que Perú le aportó al mercado deprimieron los precios. ¿Por qué ellos pudieron ser competitivos? Entre otras cosas por la presión tributaria. La carga social peruana es del seis por ciento, contra el 40 que sufren los empresarios locales. Además, el recupero del IVA demora 180 días, "y toda esa masa de pesos termina siendo mucho menos dólares que lo que fueron en su momento".

Las perspectivas, según Baya, no son buenas: "Hay gente que está pensando en abandonar la actividad, sobre todo los productores chicos que no están integrados, que no tienen la parte comercial. Es muy difícil sostener un negocio que no tiene rentabilidad. No se le ve futuro al cultivo".

En El Hoyo, provincia de Chubut, Néstor Montoya tiene una chacra con 2500 plantas de cerezas que producen entre 40.000 y 50.000 kilos por año. Aunque alguna vez exportó a Inglaterra, ahora abastece solo al corredor de la comarca andina en una práctica comercial que privilegia tener pocos clientes, pero conocidos.

"En una oportunidad exportamos una puntita a Inglaterra, pero hay que ser muy grande y tener mucha espalda para hacerlo. A un productor común le es casi imposible. Estuvimos un año para certificar las normas de buenas prácticas agropecuarias para vender en el exterior", recuerda Montoya.

Las economías regionales se enfrentan a la inflación, brecha, costos logísticos y más problemas.

Hace 25 años que cultiva cerezas y sabe que el negocio está repleto de riesgos. "El ingreso de plata nosotros lo tenemos una vez al año, del 15 de diciembre al 15 de enero. Si no entró plata ahí, al otro año hay que mantener la chacra y suben los costos con la inflación", explica. Los costos están dados por la maquinaria, el tractor, la fumigadora, los equipos para corte de pasto y mantenimiento. Además tiene que comprar agroquímicos, sobre todo fertilizantes, un elemento clave para que la planta rinda. "Todo eso es en dólares", aclara.

Con el tiempo ha sabido resolver la escasez de mano de obra, que también asola a la Patagonia. Montoya considera que un productor que cosecha un volumen superior a los 20.000 kilos de cerezas, "nada más vive".

La comercialización es uno de los riesgos. El primer escollo es que no hay un mercado formador de precios, sino que la cotización la pone el comprador. Y a diferencia de otros rubros, en la cereza primero viaja la mercadería y luego llega el pago. "Por ahí no la cobra nunca", advierte.

Logística

El de la logística es otro de los puntos adonde convergen los temores de los productores de las economías regionales. Los costos escalaron 7,16 por ciento en febrero y solo el gasoil aumentó hasta $ 100 el litro, lo que es mucho decir para un país cuya producción local se traslada mayormente por camión.

"Hay muchas economías regionales lejos de los puertos y eso termina siendo un condicionante fuerte. Desde hace muchos años el flete Inland, que es desde donde se produce hasta los puertos, es más caro que desde el puerto hasta Amsterdam", grafica Achetoni.

Las anécdotas al respecto abundan. El economista Marengo señala que un productor de limones le contó que el incremento del flete a Estados Unidos le lleva el 10 por ciento del ingreso, es decir gran parte de la rentabilidad. 

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