Rizobacter, una de las compañías del grupo Bioceres Crops Solutions (BIOX), informó a la Comisión Nacional de Valores (CNV) que inició negociaciones con sus acreedores financieros para reestructurar deuda por u$s 42 millones y extender los plazos de pago.
La operación alcanza a cuatro series de bonos en circulación cuyos compromisos vencen entre junio de 2026 y noviembre de 2027. A cambio, la empresa propone la emisión de una nueva serie de obligaciones negociables (ON) con vencimiento en septiembre de 2029.
En ese contexto, la compañía apunta a formalizar un nuevo acuerdo mediante una solicitud de consentimiento, un mecanismo habitual en el mercado de capitales para modificar plazos o condiciones de pago, que requiere la aprobación de más del 70% de los tenedores en cada una de las clases involucradas para su implementación.
Según comentaron fuentes cercanas de la empresa a El Cronista, la compañía prevé un pago inicial equivalente al 20% del capital el próximo 28 de junio, sujeto al cumplimiento de las condiciones de la operación. De tal modo, quienes no adhieran mantendrán las condiciones vigentes de sus respectivas series.
Cabe recordar que Fix rebajó la calificación crediticia de Rizobacter en febrero de este año luego de que la firma iniciara negociaciones con los tenedores de sus ON por una deuda de u$s 3,8 millones (finalmente logró una adhesión de más del 75 por ciento).
“Pese a que la compañía disponía de los fondos para hacer frente al vencimiento de deuda mencionado, ha precipitado su decisión de entrar en un proceso de negociación en los 30 días de cura que le ofrece el instrumento. Cabe destacar que la compañía adeuda un capital por ONs por un monto total de u$s 42,7 millones adicionales con vencimientos entre 2026 (u$s 19,2 millones en junio y noviembre) y 2027 (u$s 23 millones), y que, al encontrarse las series emitidas dentro de un mismo programa, existe un riesgo de incumplimiento cruzados entre las mismas ONs”, estableció la entidad en aquel entonces.
Un complejo entramado
La situación de Rizobacter se da en un contexto financiero complejo para su controlante, BIOX, la firma argentina que desarrolló la semilla de trigo HB4.
A comienzos de este año, la firma se desprendió de su negocio de semillas y abandonó la producción local que la dejó a manos de dos empresas del agro: Horus Agro y Natal Seeds.
El 2 de febrero, sus acciones en Wall Street cotizaron por debajo de u$s 1 (llegó a valer u$s 6,55 por acción a comienzos de febrero de 2025, una caída de casi el 90 por ciento), lo que la convierte en una penny stock -empresas que cotizan por debajo de u$s 1-.
A esto, se le sumó que el control de ProFarm Group, una de las compañías del grupo, pasó a manos de un conglomerado de acreedores por u$s 15 millones, sobre una deuda total de u$s 103 millones.
En este entramado, vale recordar que BIOX surgió como el vehículo internacional de Bioceres S.A., firma a la que la Justicia decretó la quiebra en marzo de este año, tras reconocer su estado de cesación de pagos y la imposibilidad de cumplir con sus compromisos financieros.
La resolución judicial llegó en un contexto de batalla accionaria interna y disputas societarias principalmente entre dos figuras: Juan Sartori, fundador de Union Group que es, a la vez, el principal accionista de Moolec, la empresa controlante de Bioceres S.A., y Federico Trucco, quien se desempeñó como CEO de Bioceres S.A. hasta diciembre del año pasado y es actualmente el ejecutivo al frente de BIOX.
Desde el círculo de Trucco, afirman que la situación concursal y la quiebra de Bioceres S.A. obedecen a una maniobra de Sartori y de Moolec para apropiarse de los activos de la compañía, puntualmente, de BIOX.
Por su parte, desde la posición de Moolec, argumentan que Trucco incurrió en decisiones de inversión arriesgadas y financiamiento internacional, que derivaron en la situación de insolvencia de la compañía argentina.












