El fin de semana, Tía Maruca volvió a quedar bajo la lupa a partir de versiones sobre el cierre de su planta en San Juan. El foco estuvo en la fábrica de Albardón, que durante años fue uno de los ejes de su producción. Lo cierto es que la compañía dejó de operar esa planta a fines del año pasado y cedió su gestión a otro grupo. Desde entonces, avanzó en un reordenamiento de su esquema productivo.
Ese movimiento formó parte de una reestructuración más amplia. En ese proceso, en octubre cerró su planta de Chascomús y trasladó esa operación a Luján, donde hoy concentra la mayor parte de su producción. El esquema se completa con fabricación en plantas de terceros para líneas específicas.
Pablo Tamburo, gerente general de Argensun Foods, dueña de la marca, explicó que hoy la mayor parte de los productos de Tía Maruca sale de su planta propia en Luján. Además, la empresa mantiene producción tercerizada en otras fábricas en algunas categorías particulares. “Por estrategia de marca, lo mejor es hacer la galletita en la mejor fábrica posible”, resumió.
En San Juan, en tanto, la planta sigue activa, aunque ya no bajo control de Argensun. Se trata del establecimiento orientado sobre todo a la elaboración crackers, y que requería inversiones de una escala que la compañía no estaba en condiciones de afrontar. Por eso cedió la gestión a otro grupo. El ejecutivo agregó que la nueva administración mantiene la actividad, tiene los salarios al día, está encarando inversiones y continúa elaborando para Tía Maruca una línea puntual: la galletita de salvado.
Más volumen y recuperación comercial
El reordenamiento industrial coincidió con una mejora del negocio. Tamburo destacó que todos los meses venden más volumen y que la marca volvió a mostrar señales de recuperación. El avance se apoya en la recuperación de una red comercial que había quedado golpeada tras el concurso preventivo iniciado en 2019, con una deuda que en ese entonces ascendía a cerca de $ 300 millones.
En ese sentido, Argensun -que adquirió la marca en 2024- salió a buscar de nuevo a los distribuidores que habían trabajado antes con Tía Maruca. El objetivo fue recomponer presencia en distribución, mayoristas y supermercados nacionales y provinciales, después de años en los que la marca había perdido terreno. “La marca sigue viva”, afirmó Tamburo.

En ese proceso, la compañía aseguró haber encontrado una buena recepción en el mercado. Los productos, dicen, se agotan en menos de dos semanas y el crecimiento en volumen ya supera el 20% dentro del nicho de las galletitas de especialidad, un segmento distinto del de crackers. En Argensun interpretan ese repunte como la recuperación de un espacio que la marca había dejado vacante durante la crisis.
Con la demanda en alza, el cuello de botella cambió. “El problema no es la venta, sino cuánto podemos vender”, planteó Tamburo. El desafío pasa por tener capacidad para producir más y capital de trabajo para sostener esa expansión.
La estrategia tiene dos carriles. Por un lado, incrementar la capacidad productiva de Luján, donde Argensun fabrica arroz, talitas y la línea de corte de alambre, como pepas y galletitas de coco. Por otro, profundizar el trabajo a fasón con otras fábricas, incluso acompañándolas para que puedan ampliar la producción destinada a la marca.

El punto crítico es el financiamiento. La compañía sigue recomponiéndose y trabajando con bancos, pero buena parte del crecimiento se sostiene con la propia rentabilidad del negocio. El objetivo es ir saneando pasivos heredados mientras se reinvierte para sostener la expansión.
El concurso y el plan para volver a exportar
Parte de esa herencia sigue vigente. Tía Maruca ya estaba concursada antes de ser comprada por Argensun y ese proceso todavía no terminó de cerrarse. Según detalló Tamburo, al concurso le quedan dos años para completar el pago de las deudas.
Con ese telón de fondo, la compañía proyecta su próxima etapa. El plan para 2026 apunta a sostener la expansión en el mercado local y, al mismo tiempo, volver a exportar.
En su etapa de expansión previa, la empresa había logrado colocar sus productos en mercados como Chile, Estados Unidos y Uruguay, con un portfolio que incluía galletitas, crackers y tortas de arroz. Ese frente se desactivó con la crisis financiera y el proceso concursal, y ahora la compañía busca retomarlo como parte de su nueva etapa.
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