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Las mejores herramientas no suelen nacer en un PowerPoint, sino en la operación. En aquello que hacemos una y otra vez, en los problemas reales que enfrentamos todos los días. Cada tanto aparecen lo que en creatividad se conocen como momentos eureka: actos inesperados de claridad que, si se saben capturar, pueden convertirse en verdaderos saltos de innovación.

Hace un tiempo tuve uno de esos momentos durante una de las experiencias ejecutivas que dirijo en Disney y en la NASA. Me encontré frente a una necesidad concreta: ayudar a los participantes a ordenar todo lo que estaban aprendiendo y, sobre todo, a decidir dónde poner foco al regresar a sus organizaciones. No se trataba de aprender más, sino de elegir mejor. De identificar aquello que realmente podía transformar su realidad.

Así nació lo que llamé la matriz de la transformación.

Como toda matriz, se construye a partir de dos ejes simples, pero poderosos. El primero es el impacto: cuánto valor real genera una tarea, decisión o idea en el negocio o en la vida, según el ámbito en el que se la aplique. El segundo eje es la inspiración: el nivel de motivación, energía y compromiso que esa tarea despierta en quien la ejecuta.

Al cruzar ambos ejes, surgen cuatro cuadrantes. La forma en que distribuimos nuestro tiempo dentro de ellos no es neutra: define, en gran medida, nuestras posibilidades de crecimiento y transformación.

Zona de escape

En este cuadrante se agrupan aquellas tareas que no generan motivación ni impacto. Son actividades que consumen tiempo, energía y atención, pero que no construyen futuro. Permanecer demasiado tiempo en esta zona suele derivar en un estado de estancamiento difícil de revertir. Identificarlas y reducirlas debería ser una prioridad.

Zona de ideas

Aquí viven las ideas que inspiran, entusiasman y nos invitan a soñar. Es un espacio necesario: sin él no hay visión ni creatividad. El problema aparece cuando nos quedamos a vivir allí. Las ideas que no se ejecutan no transforman. Esta zona debe ser un punto de paso, no de permanencia. Si alguien nunca transita este cuadrante, la señal es preocupante: probablemente esté faltando estímulo creativo. En esos casos, buscar inspiración en experiencias, viajes, formación o nuevos entornos no es un lujo, es una inversión.

Zona de confort

Este cuadrante contiene tareas que sí generan impacto, pero que no inspiran. Son actividades conocidas, dominadas, necesarias para que la organización funcione. El riesgo aparece cuando todo el tiempo se consume aquí. Se ejecuta bien lo conocido, pero no se construye lo nuevo. Para los líderes, este es un punto crítico: aprender a delegar no es una cuestión operativa, es una decisión estratégica. Correrse gradualmente de esta zona permite liberar tiempo y energía para pensar el futuro.

Zona de transformación

Aquí ocurre el verdadero cambio. Este cuadrante reúne aquellas decisiones e iniciativas que combinan alto impacto con alta inspiración. Nuevos modelos de negocio, productos disruptivos, oportunidades que aparecen cuando la organización alcanza cierta madurez. Cuanto más alto se está en la estructura, más tiempo debería pasarse en esta zona. Pero eso solo es posible si existe una estructura sólida que sostenga la operación cotidiana.

Llegar a la zona de transformación no es sencillo. Requiere madurez personal, organizacional y, muchas veces, recursos. También exige convivir con la ansiedad: las grandes ideas no siempre maduran rápido. Muchas de las oportunidades que hoy parecen “fuera de contexto” terminan siendo los negocios del mañana.

Quienes eligen exclusivamente lo seguro suelen quedar atrapados en la zona de confort. Y vale recordarlo: lo que ayer fue confortable, no necesariamente lo será mañana.

Por eso, es clave crear espacios que fomenten la creatividad y la inspiración: ferias, conferencias, lecturas, conversaciones, experiencias distintas. Las grandes ideas suelen aparecer como estrellas fugaces: breves, inesperadas, pero capaces de cambiarlo todo.

La invitación es clara: animarse a cuestionar lo conocido, a desaprender, a romper paradigmas. No cambiar porque el contexto obliga o porque “todos lo hacen”, sino porque el cambio ya no es una opción: es una responsabilidad.

Para tener en cuenta hoy

  • Analice cómo distribuye su tiempo entre los cuatro cuadrantes.
  • Identifique qué tareas debería reducir, delegar o eliminar.
  • Pregúntese si está creando espacios reales para la inspiración.
  • Recuerde: foco no es hacer más, es elegir mejor.