En primera persona

Vaca Muerta por dentro: dos pasos más hacia el depósito de riqueza argentina

Crónica de viaje a uno de los yacimientos emblema de la formación no convencional, la llave de la Argentina para recibir más de u$s 70.000 millones hasta 2030

Dos pasos más. Allí está el abismo. La curiosidad del periodista es más fuerte que cualquier otra cosa y por eso estamos al borde de uno de los cientos de pozos que tiene Vaca Muerta, pero con una particularidad: éste no está todavía en producción, la tapa no está puesta y la etapa de perforación recién termina. Por eso, podemos ver la tubería de acero que, si cruzamos el límite, nos puede llevar 3000 metros bajo tierra. Allí hace millones de años había un mar y hoy está la "roca madre" de Vaca Muerta. Allí están atrapados el gas natural y el petróleo suficientes como para abastecer el consumo interno de la Argentina durante más de un siglo o revertir estructuralmente la cuenta corriente del país para que, si los recursos se administran bien, no haya que sufrir más la escasez de dólares dentro de unos pocos años.

A esa profundidad toman dirección lateral los pozos, lo que diferencia a la actividad petrolera no convencional (shale y tight). Antes, la eficiencia se medía en pozos perforados, que era igual a mayor producción; hoy, en etapas de fractura hidráulica (fracking) y en longitud de rama lateral.

Estamos en el yacimiento Fortín de Piedra, operado por Tecpetrol en las inmediaciones de Añelo, Neuquén. Al costado, el inmenso espejo de agua del Embalse Los Barreales ofrece la cuota de belleza que suele faltar en cualquier paraje desértico, en este caso, copado de máquinas, caños y torres de perforación. En estos 243 kilómetros cuadrados, Paolo Rocca cimentó un gran salto en la producción de gas a partir de 2018, gracias a los beneficios de la Resolución 46/2017: un precio estímulo de u$s 7,50 por millón de BTU, que supo aprovechar al igual que Eduardo Eurnekian y su petrolera, CGC.

La llegada del Gasoducto Presidente Néstor Kirchner (GPNK) puede completar un círculo virtuoso para la T: Tenaris entrega los caños, Techint construye la obra; y Tecpetrol llena el gasoducto. El negocio requerirá una logística única: su inauguración está prevista para mediados de junio de 2023 y se epera que desde la planta de Tenaris en Valentín Alsina salgan unos 180 camiones por día. En la otra punta, entre la perforación de un pozo shale y el pico de producción, hay unos nueve meses de demora, por lo que urgen las decisiones del Gobierno para garantizar condiciones de acceso al financiamiento, insumos, volumen de demanda y precios estables durante años. La producción de un pozo shale declina al 70% en un año, por lo que este segmento de la industria es ultra capital intensivo; necesita una inversión de miles de millones de dólares cada año solamente para sostener sus niveles de actividad. Se espera que esta semana el Ministerio de Economía presente el Plan Energético, que disiparía las dudas de los accionistas de las petroleras.

Vaca Muerta transformó a Neuquén en la capital petrolera del país, cuyo título antes tenía Chubut. Llegar desde la ciudad hasta los campos demora entre dos y tres horas por las rutas 7 y 51, que todavía tienen extensos tramos de una mano ida y otra de vuelta, como cualquier camino del Interior del país.

La llegada al yacimiento se reconoce al ver una gran llamarada en una antorcha prendida. Ese fuego es la quema de gas, que, lejos de ser una mala señal, indica que todo está funcionando dentro de los valores normales en la locación.

Ya inmersos en Fortín de Piedra se puede ver el gran campamento de los trabajadores y la cancha de fútbol que utilizan en sus horas libres. La industria petrolera suele ser hostil con los hombres que la trabajan y, en los últimos años, también se abrió el paso a las mujeres, que aún siguen siendo minoría en un ambiente típicamente masculino.

Dos pasos más. Allá abajo está atrapada la posibilidad de que entren al país más de u$s 70.000 millones hasta 2030, entre las inversiones, las exportaciones y la sustitución de importaciones. Esa riqueza que permite que en el restaurant más coqueto de Neuquén, allí donde los empresarios se ven cara a cara con otros inversores, la botella del mejor vino se pague $ 102.000. La Argentina tiene para descorchar. La riqueza necesita ser bien administrada.

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