

Cristiano Rattazzi habla con una mezcla peculiar de tonos, acentos y pausas que delatan una biografía atravesada por varios países. Nació en Buenos Aires, se educó en Europa y en Estados Unidos, dirigió durante décadas una de las principales terminales automotrices del país y hoy, a los 77 años, vive en Uruguay. Esa forma de expresarse, que parece la de alguien que todavía está aterrizando en el idioma, lo convirtió también en un personaje mediático: un empresario que no modera sus opiniones, que incomoda a propios y ajenos y que insiste en decir exactamente lo que piensa.
Esa impronta volvió a quedar expuesta durante su paso por Sello Argento, el programa conducido por Jairo Straccia que se emite por El Cronista Stream, donde Rattazzi, histórico ejecutivo del grupo Fiat y actual chairman del Grupo Modena, defendió sin matices el rumbo económico del gobierno de Javier Milei, avaló la apertura importadora, cuestionó la protección a ciertos sectores industriales y vaticinó que el Presidente será reelecto.
“En la cuestión económica yo razono exactamente como él”, afirmó al ser consultado por su respaldo al jefe de Estado. “La estructura económica del país tiene que ser la que él tiene en su cabeza y que yo también tengo en mi cabeza”, agregó.

Para Rattazzi, ese modelo supone “una macroeconomía muy ordenada, un país muy abierto y competitivo”, orientado a generar prosperidad. “Ahora yo lo veo llevándonos hacia un país normal y serio”, sostuvo.
El empresario aseguró además que el programa económico oficial “es sólido” y defendió la estrategia de ajuste y estabilización. Según su mirada, la Argentina se acostumbró durante años a resolver crisis con devaluaciones, subsidios y emisión.
“Ahora habrá que trabajar para ganar bien”, resumió.
Consultado por la persistencia de tensiones inflacionarias y por la caída de la recaudación en términos reales, Rattazzi consideró que desarmar una economía inflacionaria demanda tiempo. “Salir de la inflación es muy difícil”, dijo.
También justificó el impacto fiscal de una reducción impositiva. “Renunciaron a recaudación en muchos lugares”, señaló, y explicó que bajar tributos implica una merma transitoria de ingresos. “Sabés que la recaudación va a sufrir”, añadió.
En ese punto, reclamó avanzar sobre lo que definió como “impuestos distorsivos”, entre ellos Ingresos Brutos, el impuesto al cheque y sellos provinciales.
Uno de los tramos más intensos de la entrevista giró alrededor de la industria nacional. Rattazzi rechazó la idea de que una mayor apertura comercial implique necesariamente desindustrialización.
“¿Quién dijo que queda sin industria?”, respondió cuando se le planteó el riesgo de cierre de fábricas ante el ingreso de productos importados.

Como ejemplo, mencionó al sector automotor y la posibilidad de integración con fabricantes chinos. “Vienen los autos chinos y uno hace acuerdos con los autos chinos para después fabricarlos también aquí”, planteó.
A la vez, sostuvo que varias ramas manufactureras argentinas sobrevivieron gracias a protecciones que encarecieron precios para consumidores y empresas.
Al referirse al mercado de neumáticos, lanzó una de sus críticas más duras. “Pagábamos el doble o el triple de lo que sale un neumático normal”, afirmó, y recordó que muchos consumidores viajaban a Uruguay o Chile para comprarlos más baratos.

La referencia toca a Fate, histórica fabricante local. Para Rattazzi, su crisis no representa por sí sola el derrumbe industrial argentino.
“No era un símbolo de la industria, era símbolo de una industria que hacía neumáticos”, sostuvo, y remarcó que el negocio global está altamente concentrado. “No había mucho lugar para pequeños jugadores”, agregó.
También apuntó al costo del acero plano utilizado por terminales automotrices. Recordó que en una reunión con funcionarios mostró diferencias de precios con Brasil.
“Les demostré que todas las chapas que comprábamos acá eran 27% más caras que las chapas de Brasil”, relató.
Sin nombrarlo en esa respuesta, el cuestionamiento rozó a Techint. Más adelante, al ser consultado por Paolo Rocca, reconoció la capacidad empresarial del grupo, aunque señaló que operó durante años con ventajas regulatorias.

“Es una gran empresa, trabaja maravillosamente, tiene gente buenísima y aprovechaba de la situación que le daba el gobierno de ventaja”, afirmó.
Pese a ello, estimó que el nuevo escenario competitivo forzará cambios. “En poco tiempo se va a poner en orden acá también”, pronosticó.
Rattazzi insistió en que la industria moderna no se limita a plantas fabriles tradicionales. “Todos los servicios son industria”, dijo, y citó actividades tecnológicas, aeronáuticas y sanitarias dentro de su propio grupo empresario.
Su visión sobre el Estado fue consistente con su ideario liberal. Aunque admitió que “algún rol tiene seguro”, sostuvo que el sector privado asigna mejor recursos y genera mayor eficiencia.
“Yo privatizaría todo lo posible porque sé que el privado trabaja mejor”, afirmó.
El empresario también reivindicó haber aprovechado incentivos oficiales cuando existieron. Sobre los créditos del Bicentenario lanzados durante el kirchnerismo, fue explícito.
“Si viene un crédito más fácil, lo voy a tomar porque mi compañía tiene que hacer negocio”, señaló.
Aun así, diferenció entre herramientas de mercado y discrecionalidad política. Dijo preferir mecanismos generales antes que beneficios otorgados por decisión gubernamental.
Consultado por los cuestionamientos éticos que rodearon al oficialismo, relativizó las acusaciones de corrupción contra la administración libertaria.
“No me parece particularmente corrupto”, sostuvo sobre el Gobierno de Milei.
De todos modos, aclaró que en el sector público “es muy difícil que no haya corrupción”, razón por la cual volvió a defender un Estado más chico.
Sobre su decisión de mudarse a Uruguay tras dejar Fiat, explicó que pesó tanto una preferencia familiar como la presión tributaria argentina.
“Me estaban matando con los impuestos en Argentina”, aseguró.
Detalló que la carga sobre su patrimonio resultaba, a su juicio, excesiva. Sin embargo, subrayó que mantiene lazos permanentes con el país, donde viven sus hijos y donde conserva negocios.
“Yo quiero Argentina”, dijo.
En otro tramo, realizó una autocrítica al empresariado local. Consideró que parte del sector perdió prestigio por falta de competencia genuina y escasa vocación exportadora.
“No supo competir”, sentenció.
También se refirió a sus polémicas declaraciones previas sobre el conurbano bonaerense. Negó haber dicho que toda la región se vincula con delito y asistencia social.
“No dije que todo es narcotráfico”, aclaró, aunque sostuvo que muchos jóvenes de bajos recursos enfrentan una grave falta de oportunidades.
Para Rattazzi, el problema central sigue siendo educativo. “La primera educación es llegar a la secundaria, que sepas escribir, leer bien, entender bien las cosas”, sostuvo.
En el tramo final, dejó un mensaje político contundente. Pese a la caída de apoyo registrada por distintas encuestas, afirmó que Milei logrará revertir la situación.

“Estoy convencido que sí”, respondió cuando se le preguntó por una eventual reelección. Luego redobló la apuesta: “Totalmente convencido que Milei va a revertir”.
Vinculó esa expectativa a una mejora macroeconómica en los próximos meses. “Creo que vamos por un período bastante mejor en toda la parte económica”, afirmó.
Su advertencia final también fue nítida: si eso no ocurre, dijo, “volvemos a la vieja Argentina”.
Rattazzi cerró reafirmando su vínculo emocional con el país y su optimismo de largo plazo. “Argentina tiene un potencial enorme”, sostuvo.
Y fiel a un estilo frontal que nunca intentó moderar, remató con otra frase tajante: “No queremos la payasada que se había vuelto Argentina”.
















