

Durante ocho años, Teddy acompañó a Margaret Elaine Foster en cada etapa de su vida desde que llegó a su casa siendo apenas un cachorro. A los 76 años, la mujer necesitó mudarse a una residencia para recibir asistencia, pero se encontró con un obstáculo que hizo todavía más difícil la decisión: el lugar elegido no aceptaba animales.
La historia ocurrió en Lexington, Kentucky, y fue difundida por el refugio al que Margaret llevó a su perro. Antes de tomar esa decisión, la mujer recorrió tres residencias junto a su hija y su yerno hasta encontrar una que cumplía con lo que necesitaba y que además quedaba cerca de la vivienda de su hija.
Margaret buscó durante semanas un hogar para Teddy
La imposibilidad de llevar a Teddy con ella hizo que Margaret iniciara una búsqueda para encontrarle una nueva familia. Durante unas dos semanas se comunicó con familiares y conocidos, mientras su hija consultaba con vecinos y su yerno preguntaba entre sus compañeros de trabajo.
Ninguna de esas alternativas funcionó. Finalmente, la mujer tuvo que trasladar a Teddy a un refugio un miércoles por la mañana y procuró que el cambio fuera lo menos brusco posible: junto con él llevó su cama, su plato, sus golosinas preferidas y una carta escrita a mano para quienes quedaran a cargo.
En esa nota detalló las costumbres del animal, las situaciones que podían asustarlo y aquello que disfrutaba. Entre sus particularidades, explicó que Teddy necesitaba dormir con una manta incluso en los días calurosos y que solía pasar las tardes junto a una ventana.
El abrazo de despedida que conmovió al refugio
El momento más doloroso llegó cuando Margaret tuvo que completar los documentos para formalizar la entrega. Mientras ella firmaba, Teddy permaneció junto a sus piernas y rodeó con sus patas delanteras uno de sus tobillos, en una escena que hizo todavía más difícil la separación.
Al finalizar el trámite, Margaret se levantó de la silla, pero volvió a sentarse en el suelo pese a sus dificultades físicas. Allí abrazó a Teddy durante varios minutos y le susurró unas últimas palabras antes de entregarle la correa al personal y retirarse.
Horas después, su hija se comunicó con el refugio para preguntar por el estado del perro y contó cómo había quedado su madre. “Mamá no dejó de llorar desde que llegó a casa. No para de decir que lo siente. Como si tuviera algo por lo que pedir perdón”, relató. Desde el establecimiento intentaron tranquilizarla y le informaron que Teddy estaba seguro, abrigado y había comido normalmente.
La publicación del caso en redes sociales produjo una respuesta inesperada: varias personas se ofrecieron a adoptar a Teddy. La repercusión también generó una posibilidad que hasta entonces parecía muy difícil: que Margaret pudiera volver a encontrarse con el perro que la acompañó durante los últimos ocho años.














