

El rey Harald V de Noruega falleció el pasado 28 de agosto a los 89 años, en el Hospital Universitario de Oslo, donde permanecía ingresado desde hacía once días. Con él se va uno de los monarcas más queridos de Europa y protagonista de una historia de amor que, en su día, desafió las convenciones de la realeza.
Antes de reinar, Harald tuvo que librar una larga batalla personal para casarse con la mujer que amaba, Sonja Haraldsen, una joven que no pertenecía a la nobleza. Esa insistencia, mantenida durante casi una década, acabó transformando las normas no escritas de la monarquía noruega.

Los nueve años de espera para casarse con Sonja
Harald y Sonja se conocieron a comienzos de los años sesenta, cuando él era príncipe heredero y ella una joven de origen plebeyo. Su relación, sin embargo, chocaba con la tradición: un futuro rey no se casaba con una mujer sin sangre real. La pareja mantuvo su noviazgo casi en secreto durante nueve años, ante la falta de aceptación de un enlace considerado impensable para la época.
Harald se mostró firme. Llegó a advertir a su padre, el rey Olav V, de que no se casaría con ninguna otra mujer, lo que habría dejado sin descendencia directa a la corona. Finalmente, tras años de espera y con el respaldo del Gobierno, la boda se celebró en 1968. Aquel matrimonio con una mujer sin sangre real, conocida habitualmente como plebeya, supuso un hito y abrió el camino a una monarquía más cercana y moderna.
El primer heredero nacido en Noruega en casi 570 años
La figura de Harald ya era singular desde su nacimiento. Nacido en 1937, fue el primer heredero al trono noruego nacido en el propio país en casi 570 años, un dato que refleja la particular historia de una monarquía que había pasado siglos ligada a las coronas de Dinamarca y Suecia.
Ese arraigo con su tierra marcó su reinado. Harald llegó al trono en 1991, tras la muerte de su padre, y se ganó la imagen de un “rey del pueblo”, cercano y humilde, muy alejado de la solemnidad distante de otras casas reales. Durante 35 años ejerció como símbolo de unidad de un país que lo tenía en gran estima.
Una monarquía más moderna y cercana
El legado de Harald V se resume en esa doble condición: la de un rey profundamente noruego y la de un hombre que, al imponer su matrimonio por amor, contribuyó a modernizar la institución. Su historia con Sonja, hoy reina viuda, se convirtió en un símbolo de que las convenciones podían cambiar.
Tras su muerte, el Gobierno decretó luto nacional y su hijo Haakon asumió el trono como nuevo rey de Noruega. El funeral de Estado, con el que el país despide a uno de sus grandes símbolos, pone fin a más de tres décadas de un reinado que dejó una huella imborrable en la monarquía noruega.














