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El pastor belga malinois es, para muchos especialistas caninos, una de las razas más capaces del mundo: rápida, resistente y con una inteligencia que la volvió predilecta de fuerzas policiales y militares en distintos países. Sin embargo, esa misma combinación de virtudes es la que lleva a algunos veterinarios a recomendar precaución antes de sumar un ejemplar a la familia.

Amir Anwary, veterinario sudafricano especializado en el comportamiento canino, se refirió públicamente a esta raza y fue contundente: aclaró que no la considera “mala”, sino que exige un nivel de dedicación que muy pocas personas están en condiciones de sostener en el día a día. Según explicó, su propio estilo de vida —marcado por largas jornadas laborales— sería incompatible con las necesidades reales del animal.

Por qué el pastor belga malinois necesita mucho más que paseos diarios

De acuerdo con el especialista, la clave está en el nivel de actividad física y mental que demanda esta raza. No alcanza con sacarlo a caminar: el malinois necesita tareas, estímulos y objetivos concretos para canalizar su energía, algo heredado directamente de su historia como perro de trabajo.

Esa vocación laboral no es casual. La raza se originó en la ciudad belga de Malinas, donde fue seleccionada durante siglos para el pastoreo de ganado. Con el tiempo, su velocidad, resistencia y capacidad de aprendizaje la convirtieron en una de las preferidas por cuerpos de seguridad de todo el mundo para tareas de rastreo, detección de drogas y explosivos, y operaciones de rescate.

Un perro pensado para el trabajo, no para el sedentarismo

Los especialistas en la raza coinciden en un punto: un malinois sin estímulos suficientes tiende a desarrollar conductas destructivas, desde masticar muebles hasta una ansiedad difícil de manejar en espacios reducidos. Por su nivel de energía, no es una raza recomendada para personas que pasan muchas horas fuera de casa ni para quienes buscan una mascota de bajo mantenimiento.

Con un peso que puede rondar entre los 20 y los 30 kilos según el ejemplar, y una esperanza de vida de entre 10 y 14 años, el malinois combina fuerza física con una inteligencia que, sin la guía adecuada, puede volverse un desafío antes que una ventaja.

Lejos de desprestigiar a la raza, Anwary insistió en que su planteo no busca desalentar a quienes puedan darle lo que necesita, sino advertir a quienes eligen un malinois por su aspecto o su fama sin evaluar si están en condiciones de sostener ese ritmo. Para el veterinario, la decisión de adoptar esta raza debería basarse menos en la admiración que genera y más en una autoevaluación honesta sobre el tiempo y la energía disponibles para acompañarla.