

El área de Asia Oriental volvió hoy a estar en el centro de las miradas. En una misma jornada, Pekín lanzó una dura advertencia diplomática contra el nuevo acuerdo de cooperación militar entre Estados Unidos y Japón, mientras Corea del Norte ejecutó un masivo ensayo balístico hacia el mar de Japón, reavivando los temores de una escalada militar a escala regional.
Desde hace algunos meses, los Estados Unidos y Japón muestran más cercanía en lo que a la delicada situación geopolítica de Asia se refiere. Durante la cumbre de ministros de Defensa de la ASEAN en Filipinas (ADMM-Plus), el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, y su homólogo japonés, Shinjiro Koizumi, acordaron instalar en Japón una planta de ensamblaje de misiles para aviones de combate y compartir información para fabricar más interceptores SM-3, diseñados para destruir misiles balísticos. Washington propuso además una hoja de ruta militar con la ASEAN hacia 2027, previo a la cumbre de líderes a la que asistirá Donald Trump.
La fabricación de proyectiles en suelo nipón convierte a Japón en un blanco directo ante una eventual crisis por Taiwán.
Mientras tanto, el portavoz de Exteriores, Guo Jiakun, denunció que las alianzas bilaterales “no debe dirigirse contra terceros” e instó a la comunidad internacional a frenar las constantes violaciones del derecho internacional por parte de Tokio. Para Pekín, la expansión del poderío militar aliado busca consolidar un cerco estratégico sobre la primera cadena de islas.

En paralelo, el régimen norcoreano disparó más de diez misiles balísticos de corto alcance desde la zona de Wonsan hacia el mar de Japón (mar del Este), los cuales volaron cerca de 250 kilómetros. Seúl denunció la maniobra ante la ONU como una clara violación de las resoluciones del Consejo de Seguridad. El lanzamiento se produce tras la crisis abierta por la explosión de dos minas en la Línea de Demarcación Militar (LDM) en septiembre, que hirió a tres soldados surcoreanos.














