El mundo mira hacia el Ártico desde que Donald Trump decidió centrar su atención en la isla más grande del mundo: Groenlandia.
En el último mes, el presidente estadounidense afirmó que su país “debía tener Groenlandia”— escalaron las advertencias sobre una posible toma de control por parte de Washington sobre la isla ártica, un territorio que pertenece al Reino de Dinamarca desde el siglo XVIII.
Esa tensión comenzó a descomprimirse este martes.
Luego de una charla con el Secretario General de la OTAN, Mark Rutte, Trump confirmó que descartaría una invasión militar y afirmó que Estados Unidos está explorando un posible acuerdo sobre Groenlandia. Una resolución que llega una semana luego de que Alemania, el Reino Unido, Francia, Finlandia y los Países Bajos se sumaran a Dinamarca en el envío de efectivos a la isla ártica.
Pero, ¿por qué este territorio pertenece a Dinamarca y qué lo hace tan valioso para Trump y la OTAN?
Por qué Groenlandia pertenece a Dinamarca
Groenlandia mantiene un vínculo histórico con los países nórdicos desde la Edad Media. Tras los primeros asentamientos vikingos a finales del siglo X, que duraron poco tiempo, la presencia europea en la isla se interrumpió durante siglos, mientras los pueblos inuit se consolidaron como su población principal.
El control danés se estableció de manera efectiva en 1721, cuando una expedición respaldada por la entonces corona de Dinamarca y Noruega inició un proceso de colonización política, económica y religiosa, impulsado por el misionario luterano Hans Egede. A partir de ese momento, Groenlandia quedó integrada al reino como territorio colonial.
Luego de la separación entre Dinamarca y Noruega en 1814, Dinamarca conservó la soberanía sobre la isla, una situación que fue ratificada por acuerdos internacionales y fallos judiciales a lo largo del siglo XX. En 1953, Groenlandia dejó de ser una colonia y pasó a integrarse formalmente a Dinamarca, con representación en su Parlamento.
El proceso de autonomía avanzó en 1979 con la creación de un gobierno local y se profundizó en 2009, cuando una ley de autogobierno estableció que cualquier decisión sobre la independencia de Groenlandia respecto de Dinamarca debe ser tomada por sus habitantes mediante un referéndum.
¿Qué relación tienen hoy Groenlandia y Dinamarca?
La relación entre Groenlandia y Dinamarca se apoya hoy en un esquema de amplia autonomía política dentro del Reino danés. Si bien el derecho a decidir una eventual independencia está reconocido, el vínculo cotidiano sigue siendo estrecho en términos institucionales, económicos y sociales.
Las encuestas muestran que la independencia es una aspiración extendida entre los groenlandeses y que Dinamarca acepta ese horizonte como una posibilidad legítima. Sin embargo, ese apoyo tiene un límite claro: la mayoría de la población rechaza avanzar si el costo es el debilitamiento del sistema de bienestar que hoy sostiene al territorio.
Ese sistema depende en gran medida del respaldo financiero danés. La economía groenlandesa está poco diversificada y se apoya casi exclusivamente en la pesca, lo que la vuelve vulnerable a los vaivenes del mercado y limita la creación de empleo. En ese contexto, Dinamarca aporta un subsidio anual cercano a los 600 millones de dólares, que representa más de la mitad de los ingresos del gobierno local y alrededor del 20% del PBI de la isla.
A este entramado se suma una dimensión histórica que sigue pesando en la relación bilateral. En las últimas décadas salieron a la luz políticas aplicadas por el Estado danés durante el siglo XX —como programas de control reproductivo forzado y experimentos sociales con niños inuit— que hoy son objeto de demandas judiciales y reclamos de reparación. Estos episodios reforzaron la percepción, extendida en parte de la sociedad groenlandesa, de que persisten estructuras heredadas del período colonial.
EE.UU. vs. la OTAN: por qué es tan valiosa Groenlandia
Para Estados Unidos, Groenlandia ocupa una posición estratégica clave en el Ártico. Donald Trump retomó esa lógica al sostener que la isla es central para la defensa norteamericana frente a eventuales amenazas de Rusia y China y para el desarrollo de un sistema antimisiles conocido como Cúpula Dorada.
El interés estadounidense en Groenlandia no es nuevo. Durante la Segunda Guerra Mundial, la ocupación alemana de Dinamarca llevó a Washington a asegurar presencia militar en la isla para evitar que su ubicación fuera utilizada en su contra. Tras el conflicto, y ya en el marco de la OTAN, Groenlandia se consolidó como un punto clave para el monitoreo de misiles, aeronaves y submarinos soviéticos durante la Guerra Fría.
A ese valor militar se suma un interés económico y tecnológico. Groenlandia concentra importantes reservas de minerales estratégicos, incluidas tierras raras fundamentales para industrias como la electrónica, los vehículos eléctricos y la defensa militar. Trump ha evitado presentar ese aspecto como un objetivo explícito, pero ha señalado que un mayor control sobre la isla fortalecería tanto la seguridad como el acceso a esos recursos.