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El precario equilibrio diplomático entre Teherán y Washington volvió a quebrarse este domingo en suelo suizo. Las negociaciones que se llevaban a cabo en el exclusivo complejo de Bürgenstock entraron en una fase de “puntos suspensivos” luego de que la delegación de la República Islámica de Irán decidiera abandonar la mesa de diálogo. El detonante: una serie de declaraciones explosivas de Donald Trump que elevaron la temperatura del conflicto a niveles críticos.

La agencia oficial iraní IRNA confirmó el retiro de sus representantes tras una reunión con los mediadores qataríes. Sin embargo, el escenario es de una “guerra de versiones”, ya que fuentes diplomáticas citadas por agencias internacionales aseguran que el canal de comunicación no se ha cerrado del todo.

El factor Trump: “Máxima presión” y la sombra sobre el Líbano

La ruptura —o suspensión— de las conversaciones se precipitó tras los posteos del mandatario estadounidense en su plataforma Truth Social. Trump fue tajante: exigió la retirada inmediata de Hezbollah de territorio libanés y amenazó con represalias directas contra Irán.

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“Si no lo hace, volveremos a atacar a Irán con mucha fuerza, como hicimos la semana pasada, o incluso con más contundencia”, disparó el republicano.

A este mensaje se sumó una advertencia aún más severa en una entrevista con Fox News, donde Trump puso sobre la mesa la posibilidad de clausurar el estrecho de Ormuz, un punto geográfico vital por donde circula casi el 20% del petróleo mundial. “Ya no tendrían país”, sentenció el presidente norteamericano, en una retórica que recuerda a su política de “máxima presión” de su primer mandato.

Un diálogo a dos puntas: ¿qué se negocia en Suiza?

A pesar del portazo iraní, el escenario en Suiza es complejo. Las conversaciones, que cuentan con la mediación de Qatar y Pakistán, buscan operativizar un memorando de entendimiento firmado el pasado miércoles. El objetivo central es alcanzar un cese al fuego multiactivo que incluya:

  1. La pacificación de la frontera entre Israel y el Líbano.
  2. El freno a las operaciones de las milicias proiraníes en la región.
  3. Garantías de seguridad para la navegación comercial en el golfo Pérsico.

Hasta antes de las amenazas de Trump, el vicepresidente estadounidense JD Vance, quien encabeza la delegación enviada por la Casa Blanca, había reportado “grandes avances”. No obstante, la irrupción del discurso bélico del presidente parece haber dinamitado, al menos temporalmente, la confianza de los negociadores persas.

La respuesta de Teherán: “Nosotros actuamos”

Desde el lado iraní, la postura oficial combina la cautela diplomática con la retórica de defensa. Mohamad Baqer Qalibaf, presidente del Parlamento y jefe del equipo negociador, minimizó las advertencias de Washington.

“Será mejor que cuiden sus declaraciones; por mucho que hablen, somos nosotros quienes actuamos”, desafió Qalibaf, asegurando que las Fuerzas Armadas de su país están en alerta máxima para responder a cualquier ofensiva.