
En 2016, Elon Musk fundó Neuralink, una compañía de neurotecnología que desarrolla interfaces cerebro-computadora implantables, con el objetivo de recuperar funciones motoras, restaurar sentidos perdidos y crear nuevas formas de interacción entre el cerebro y la tecnología.
Una década después, unas 21 personas en el mundo ya tienen el implante, entre ellas Sebastián Gómez-Peña, un joven estudiante de medicina del Reino Unido que quedó paralizado del cuello hacia abajo tras un accidente.
Hoy, Sebastián es uno de los primeros pacientes británicos en participar del ensayo clínico de seguridad y eficacia del dispositivo. Tras recibir el chip, asegura que la experiencia es “mágica” y que el cambio en su vida fue inmediato.

La historia de Sebastián Gómez-Peña y su nueva vida
Poco después de completar su primer año en la facultad de medicina, Gómez-Peña sufrió un accidente que le provocó una parálisis total desde el cuello hacia abajo. A los años de rehabilitación y la búsqueda de alternativas para recuperar autonomía se sumó la oportunidad de formar parte de las pruebas oficiales de Neuralink en el Reino Unido, junto a otros seis voluntarios.
La intervención quirúrgica se realizó en el Hospital Universitario de Londres y duró cinco horas. El procedimiento fue ejecutado por el robot R1, diseñado por Neuralink, que inserta electrodos ultrafinos en regiones específicas del cerebro con una precisión microscópica.

Tras la operación, Sebastián logró controlar el cursor de una computadora solo con pensarlo. “Este tipo de tecnología te da una nueva esperanza”, dijo en una entrevista con el medio Sky News. Según relató, puede mover el cursor tan rápido como lo haría un usuario con un mouse o un panel táctil. “Uno simplemente lo piensa y el sistema lo hace”, explicó.
Un resultado impresionante: cómo la tecnología cambió la vida de Sebastián
“Todos en mi posición intentan mover parte del cuerpo para ver si hay alguna forma de recuperación. Pero ahora que pienso en mover la mano, es genial ver que de verdad pasa algo”, aseguró el joven.
El neurocirujano Harith Akram, líder de la investigación, calificó el resultado como “impresionante” y aseguró que la tecnología podría ser un punto de inflexión para pacientes con discapacidades neurológicas severas.

Cómo funciona el chip cerebral de Neuralink
El chip se conecta a través de 1.024 electrodos, insertados a unos cuatro milímetros de profundidad en la corteza motora, el área del cerebro encargada del movimiento de la mano y los dedos. Cada uno de estos filamentos es diez veces más fino que un cabello humano, y está diseñado para captar señales neuronales individuales.
Los hilos se enlazan a un chip implantado en una abertura circular del cráneo, a ras del hueso. Desde allí, el sistema registra y transmite de manera inalámbrica los impulsos eléctricos a una computadora que utiliza un software de inteligencia artificial. Esta IA es la encargada de interpretar la intención de movimiento y traducirla en acciones concretas, como mover un cursor o seleccionar un ícono.
El futuro de Neuralink
Según la empresa, su misión es “restaurar la autonomía a quienes tienen necesidades médicas no cubiertas” y, a largo plazo, “desbloquear nuevas dimensiones del potencial humano”. Elon Musk mencionó incluso la posibilidad de que los usuarios de Neuralink puedan controlar robots humanoides en el futuro, utilizando el chip para interactuar con sensores y extremidades robóticas externas.

Además, la compañía proyecta próximos ensayos para intentar revertir la ceguera, recuperar el habla en pacientes con lesiones cerebrales y ampliar las funcionalidades del implante. En la actualidad, personas de Estados Unidos, Canadá, Emiratos Árabes Unidos y Reino Unido forman parte de las pruebas globales.












