

Después de 16 años en el mercado local, una histórica marca de electrodomésticos anunció el cese definitivo de sus operaciones en Argentina. La decisión se dio en el marco de un concurso preventivo vigente para reestructurar una deuda superior a los $ 39.234 millones.
Se trata de Peabody, referente indiscutido en la producción del sector, cuya empresa controlante, Goldmund S.A., confirmó que ya no cuenta con capacidad instalada para fabricar localmente.
Por ello, la maquinaria de la planta fue desmantelada y trasladada a un depósito en San Martín, mientras que las oficinas administrativas se mudaron a la Ciudad de Buenos Aires.
Así, la compañía deja de prodcuir en el país para funcionar exclusivamente como comercializadora e importadora de productos terminados.
Fuerte ajuste en la plantilla de empleados
Peabody lleva meses en situación de crisis: desde el inicio del proceso judicial el pasado 20 de abril, la dotación de personal se redujo de 158 a 111 empleados. Luego, en apenas tres meses los despidos alcanzaron a 47 trabajadores, lo que representa casi un tercio de su nómina original.
La mayoría de las desvinculaciones afectaron a operarios encuadrados en la Unión Obrera Metalúrgica (UOM). En paralelo, en junio hubo 12 retiros voluntarios que implicaron un desembolso cercano a los $ 89 millones.

Según los últimos informes presentados por la sindicatura en el concurso preventivo de Goldmund S.A., la firma no incorpora personal nuevo desde octubre de 2025.
El éxodo de la producción hacia Paraguay
El cierre de la producción local termina de consolidar un cambio de estrategia que la empresa había comenzado antes del concurso. En su presentación judicial, Goldmund explicó que gran parte de su producción, especialmente la línea de climatización, había sido trasladada a Paraguay.
Allí operan bajo el régimen de maquila, buscando optimizar costos en un entorno regional más favorable para la empresa. Según la compañía, producir en el país vecino resulta entre un 30% y 35% más barato a través de menores costos laborales, los beneficios fiscales y un esquema tributario más liviano.
Cuando la Justicia abrió el concurso, la empresa ya había explicado que avanzaba hacia un esquema basado en importaciones porque consideraba que fabricar en la Argentina había dejado de ser competitivo
Dante Choi, dueño de la compañía, fue contundente respecto al futuro de la marca en el país. El empresario anticipó públicamente que no tiene planes de volver a producir en territorio argentino.
Desplome de ventas y déficit financiero
En ese contexto, la situación comercial de Peabody muestra un deterioro profundo y acelerado. En diciembre de 2025, la firma vendió 62.545 unidades, pero la actividad comenzó a desacelerarse drásticamente poco después.

Entre mayo y junio, las ventas gravadas cayeron de $2737,8 millones a apenas $1324,5 millones. La actividad de compras también reflejó la parálisis del negocio. De los $2579,3 millones destinados a compras en mayo, se pasó a $1830,3 millones en junio.
Asimismo, el flujo de caja se encuentra bajo una presión extrema. En junio, los ingresos por ventas fueron de $824,3 millones, mientras que los egresos alcanzaron los $2326,3 millones. Esto resultó en un déficit operativo de $1501,9 millones, obligando a la empresa a buscar financiamiento externo de corto plazo.
Para sostener su operatividad mínima, Goldmund recurrió a préstamos y al descuento de cheques. Además, debe afrontar compromisos pendientes con proveedores locales y del exterior. La crisis de Peabody, en definitiva, va más allá de lo financiero; es una transformación estructural de una marca emblemática que ya no produce localmente.














