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La tensión gremial en las plantas que Mirgor tiene en Río Grande escaló este lunes, cuando alrededor de 300 trabajadores no pudieron ingresar a sus puestos. La medida fue el último capítulo de un conflicto que se profundizó durante las últimas semanas y que tiene como trasfondo una serie de negociaciones entre la compañía y la Unión Obrera Metalúrgica (UOM).
La situación, sin embargo, no responde a una decisión de reducir la estructura de la operación fueguina ni a una caída de la actividad. Fuentes del sector que conocen la situación explicaron que la compañía necesita sostener sus niveles de producción y que los puestos involucrados son necesarios para mantener la operación.
El conflicto se concentra, precisamente, en las dificultades que generaron las sucesivas medidas de fuerza para garantizar esa producción. Las plantas de Río Grande abastecen tanto al negocio de electrónica de consumo, principalmente celulares y televisores, como a la industria automotriz, para la que producen diferentes componentes.
La distinción es importante. Mientras que en electrónica de consumo una interrupción puede recuperarse posteriormente mediante una reorganización de la producción y existe mayor margen para administrar stocks, el negocio automotor funciona con otra lógica. Mirgor abastece a terminales que requieren recibir las piezas dentro de plazos determinados para mantener funcionando sus propias líneas de montaje.

Por eso, explicaron fuentes conocedoras de la situación, la posición durante las negociaciones con el gremio fue mantener abiertas las discusiones sobre las distintas demandas laborales, pero procurando que las medidas no interrumpieran la producción vinculada con la industria automotriz.
Cómo escaló el conflicto
La relación comenzó a deteriorarse en las últimas semanas después de una sucesión de medidas de fuerza. De acuerdo con la reconstrucción realizada por fuentes del sector, parte de esas medidas estuvieron vinculadas con reclamos que excedían la relación entre la empresa y sus trabajadores y respondían a cuestiones de alcance provincial.
En ese contexto hubo distintas instancias de negociación y la intervención del gobierno fueguino a través de conciliaciones obligatorias. Sin embargo, la semana pasada volvieron a registrarse interrupciones de la actividad aun en medio de ese proceso y el diálogo se volvió cada vez más complejo.
El conflicto terminó de escalar en los últimos días y desembocó en la decisión que comenzó a hacerse efectiva este lunes, cuando alrededor de 300 trabajadores no pudieron ingresar a las instalaciones.
Desde la UOM Río Grande vincularon la medida con una discusión que mantienen con la compañía por un premio anual que, según el sindicato, los empleados perciben desde hace 15 años. El gremio anunció además medidas de fuerza en las plantas del grupo.
Qué pasa con los 300 puestos
Uno de los puntos centrales del conflicto es qué ocurrirá ahora con los puestos involucrados. Según explicaron fuentes que conocen la situación, no existe una decisión de eliminar esas posiciones como parte de un proceso de reducción de personal.
Por el contrario, la operación requiere mantener la dotación necesaria para cumplir con los compromisos de producción. Por eso, el escenario dependerá de cómo evolucione la negociación en las próximas horas y de las instancias de conciliación que puedan abrirse.
Hasta ahora tampoco está definido si las personas alcanzadas por la medida volverán a sus puestos o si, en caso de que las desvinculaciones se vuelvan definitivas, será necesario cubrir esas posiciones con nuevos trabajadores.
La situación tampoco está relacionada con la apertura de las importaciones ni con una menor demanda de electrónica de consumo. Las fuentes consultadas descartaron además que exista un problema derivado de una caída en la producción automotriz que obligue a reducir la dotación de las plantas fueguinas.
El escenario es, de hecho, el inverso: la necesidad de garantizar la continuidad de la producción aparece como uno de los principales factores detrás de la decisión adoptada en medio de la escalada del conflicto gremial. La evolución de las negociaciones determinará ahora qué ocurre con los trabajadores alcanzados y cómo continúa la actividad en las plantas de Río Grande.
















