

Mientras la mayoría de las personas asocia la jubilación con descansar, Silvia y Sergio, una pareja oriunda de Santa Fe, decidieron romper con todos los moldes: adaptaron un colectivo de 1995 y lo convirtieron en su único hogar sobre ruedas.
Tras más de un año viajando por Sudamérica, aseguran que la experiencia no solo cambió la forma en la que se desplazan, sino su filosofía de vida.
“Estamos más apacibles, más relajados, menos nerviosos”, sintetiza Sergio al comparar su día a día actual con las tensiones del pasado laboral.
La decisión que cambio su vida
Silvia, docente jubilada, le propuso a Sergio acondicionar un transporte para salir de vacaciones. Sin embargo, la chispa encendió un plan mucho más ambicioso.
Sergio decidió “autojubilarse” y, con la ayuda de uno de sus hijos, que es herrero, la pareja encaró con sus propias manos la transformación completa del colectivo. Apenas terminaron los detalles de la obra, cargaron lo esencial y salieron a rodar por el continente.

Tecnología de vanguardia: cómo logran la autosuficiencia energética
Uno de los aspectos que más atención despierta en su motorhome es la ingeniería que montaron para no depender de nadie. Armaron una vivienda hiperequipada gracias a la energía limpia:
- Generación Solar: Instalaron cuatro paneles solares de 450 watts cada uno.
- Almacenamiento de Litio: Equiparon la unidad con dos baterías de litio de 200 Ah y un inversor de 3.000 watts (con picos de 5.000 watts).
- Confort Doméstico: El sistema sostiene una heladera inverter, aire acondicionado, lavarropas y cocina completa.
- Gestión de Agua y Residuos: Disponen de un tanque de 500 litros de agua potable, depósito para aguas grises y un baño seco ecológico, ideal para trayectos largos y zonas sin servicios.
“Aprendimos a vivir más livianos”
La pareja coincide en que el mayor aprendizaje fue soltar el apego a lo material.
“Todo lo que no se usa, se baja”, resume Sergio entre risas. Durante meses enteros comprobaron que podían vivir perfectamente con poco equipaje, ropa cómoda de verano y lo indispensable para el día a día.
Cuando regresan de visita a Rosario, sienten que la ciudad ya no es su punto de arraigo: su verdadera casa sigue siendo el colectivo.
Como concluye Silvia con una sonrisa: “Es nuestra casa. La diferencia es que podés elegir el patio, podés elegir los vecinos... podés elegir todo”.













