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A los 84 años, Iván eligió una vida completamente alejada de las grandes ciudades. Desde hace décadas vive en una pequeña cabaña en un lugar remoto de la Patagonia argentina, rodeado de montañas, bosques y lagos.

Para llegar hasta su casa es necesario atravesar varios kilómetros en embarcación y, durante el invierno, soportar temperaturas bajo cero.

Pero lo más llamativo de su historia no es solamente el lugar que eligió para vivir, sino la manera en la que entiende la soledad.

La historia de Iván, el hombre de 84 años que decidió irse a vivir entre las montañas

Iván nació en Hungría y llegó a la Argentina cuando era niño. Con el paso de los años se dedicó al arte y a la ilustración de la naturaleza. Mientras vivía en Buenos Aires comenzó a sentir que necesitaba estar más cerca de los paisajes y animales que buscaba retratar, hasta que encontró en la Patagonia el lugar donde finalmente pudo desarrollar ese estilo de vida.

Iván en la Patagonia
Iván en la Patagonia

La cabaña que encontró estaba abandonada y, con ayuda de amigos, comenzó a acondicionarla para convertirla en su hogar. Desde entonces, su rutina transcurre lejos del ruido y del movimiento de las ciudades, en contacto permanente con la naturaleza.

En ese entorno también tuvo encuentros con animales salvajes, incluidos pumas, y debió acostumbrarse a condiciones climáticas difíciles. Sin embargo, nunca consideró que vivir de esa manera fuera un sacrificio.

La frase sobre la soledad que define su vida

Después de tantos años alejado de otras personas, podría pensarse que la soledad sería una de sus mayores dificultades. Para Iván, ocurre exactamente lo contrario.

“La soledad no existe. Me gusta estar conmigo”, explicó durante una entrevista difundida por el canal Hilux Aventura.

Su particular forma de entender la vida también aparece cuando habla de los momentos difíciles. Para él, no todo lo que sucede tiene que ser inmediatamente considerado bueno o malo: hay situaciones que simplemente deben atravesarse.

A los 84 años, Iván continúa vinculado al arte y a la naturaleza, mientras mantiene una vida que para muchos sería imposible de imaginar. Una cabaña, un lago, montañas y kilómetros de distancia de la ciudad son, para él, el escenario perfecto para vivir.

Y lejos de sentirse solo, asegura que aprendió a disfrutar de su propia compañía.