

El termo es un compañero indispensable para cualquier ronda de mate, pero con el uso diario acumula sarro, manchas y olores que terminan cambiando el sabor del agua.
Muchas veces, ese cambio de sabor no se nota de inmediato, sino que aparece de a poco, hasta que el agua empieza a saber “vieja” incluso recién calentada.
Frente a este problema, se popularizó un truco casero que usa un ingrediente que casi todos tienen en la alacena: el bicarbonato de sodio. La técnica promete dejar el termo como nuevo sin gastar en productos especiales.
El sarro se forma por los minerales que trae el agua y por los restos de yerba que, sin querer, terminan en el interior del termo. Con el paso de las semanas, esa capa se va endureciendo y resulta cada vez más difícil de sacar solo con agua y detergente.
Cómo hacer la limpieza con bicarbonato paso a paso
El procedimiento es simple y no requiere herramientas especiales:
- Llenar el termo con agua bien caliente, aunque no hirviendo.
- Agregar dos cucharadas de bicarbonato de sodio.
- Cerrar bien la tapa y agitar unos segundos para que se disuelva.
- Dejar reposar la mezcla entre 30 minutos y toda la noche.
- Enjuagar con abundante agua al día siguiente.
Para las manchas más difíciles, conviene sumar un chorro de vinagre blanco a la mezcla.

La combinación genera una espuma que ayuda a despegar el sarro adherido en las paredes internas del recipiente.
El bicarbonato de sodio actúa como un abrasivo suave que no daña el acero inoxidable, mientras que el vinagre aporta la acidez necesaria para disolver los minerales endurecidos.
Un cepillo largo o una esponja para botellas facilita llegar a los rincones donde el agua sola no alcanza.
Si el termo tiene la boca angosta, también sirve envolver una cuchara de arroz en un paño y usarla como cepillo improvisado.
Es importante no usar productos abrasivos ni esponjas de metal, porque pueden rayar el interior y dañar la capa que mantiene la temperatura del agua.
Cada cuánto conviene hacerlo y qué cuidados tener
Los especialistas en limpieza del hogar recomiendan repetir esta limpieza profunda una vez por semana si el termo se usa a diario.
En el uso cotidiano, alcanza con enjuagarlo con agua caliente después de cada mate y dejarlo secar destapado.
Este hábito simple evita que se acumulen restos de yerba y reduce la frecuencia con la que hace falta una limpieza más profunda.
El secado es clave: guardar el termo húmedo favorece la aparición de hongos y del clásico mal olor a encierro.
Por eso, conviene dejarlo boca abajo sobre un repasador o rejilla hasta que se seque por completo antes de guardarlo.
Además, es recomendable evitar el contacto del termo con lavandina, ya que puede afectar el material y dejar un olor residual difícil de sacar.
Con este simple hábito, el termo mantiene el agua caliente durante más tiempo y el mate conserva su sabor original en cada ronda.















