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Bostezar es uno de los gestos más frecuentes que realiza el cuerpo humano pero también uno de los menos comprendidos. Aunque existen varias teorías al respecto, la ciencia todavía no logró determinar con exactitud qué lo provoca ni por qué resulta tan fácil de contagiar entre las personas.

Se trata de un mecanismo de respuesta natural: el cuerpo abre la boca de forma amplia, profunda y prolongada, mientras inspira o exhala con un sonido característico. El gesto involucra a los músculos de la mandíbula y los pulmones, y también afecta directamente el ritmo respiratorio.

En paralelo, durante el bostezo aumenta el volumen de aire que se inspira, lo que genera una leve estimulación cerebral. Ese efecto ayuda a combatir la somnolencia y mejora los niveles de alerta. En concreto, una persona puede bostezar hasta 15 veces por día, sobre todo si hay sueño, cansancio, monotonía o falta de oxígeno.

Las teorías sobre por qué bostezamos

Los especialistas coinciden en que ninguna teoría explica el fenómeno por completo. Lo más probable es que la causa combine varios factores a la vez, como la oxigenación del cuerpo, el ciclo de sueño y los niveles de atención:

  • Hiperventilación inversa: propuesta por el Dr. Andrew C. Gallup, plantea que el bostezo ayuda a mejorar el rendimiento muscular y la resistencia física ante una crisis de oxigenación.
  • Teoría energética: sostiene que el bostezo aparece cuando el cuerpo pierde energía, por ejemplo tras una noche difícil o esfuerzo físico prolongado.
  • Teoría térmica: indica que el bostezo regula la temperatura del cerebro, llevando oxígeno fresco para mantenerla estable y mejorar la circulación.
  • Teoría de alerta: sugiere que es una forma de extender los sentidos para detectar posibles peligros y reducir la ansiedad.
  • Teoría hemodinámica: propuesta en 1973 por el Dr. Robert W. Provine, es hoy el modelo dominante: el bostezo respondería a una caída del flujo sanguíneo cerebral.

Según la teoría hemodinámica, cuando el flujo de sangre al cerebro disminuye, los receptores periféricos envían señales que estimulan el bostezo. Esto genera presión sobre el tejido vascular, mejora la circulación y el suministro de oxígeno, y ayuda a sostener la atención y la vigilancia.

La ciencia todavía no se pone de acuerdo sobre qué provoca los bostezos ni por qué se contagia con tanta facilidad.
La ciencia todavía no se pone de acuerdo sobre qué provoca los bostezos ni por qué se contagia con tanta facilidad.

Por qué se contagia el bostezo

El contagio del bostezo es un fenómeno observado tanto en humanos como en animales: si alguien bosteza cerca nuestro, es muy probable que lo repitamos. Un estudio determinó que esto ocurre en más del 50% de los casos, lo que revela una alta sensibilidad al comportamiento ajeno.

La ciencia maneja distintas explicaciones sobre este contagio, que van desde la conexión emocional hasta la actividad neuronal compartida entre quien bosteza y quien lo observa:

  • Teoría de la empatía: al notar emociones o situaciones similares a las propias, el cuerpo imita el gesto como forma de conexión social.
  • Teoría neuronal: al ver a alguien bostezar, se activan los mismos neurotransmisores que si lo estuviéramos haciendo nosotros mismos.
  • Teoría comunicativa: funcionaría como una señal de estar “sincronizados”, ya que el contagio es mayor entre amigos que entre desconocidos.
  • Teoría del aburrimiento: bostezar sería una forma de sentirse parte de una situación, incluso ante pequeños cambios de rutina.

Cómo controlar el bostezo en exceso

Aunque no existe una solución definitiva, existen una serie de hábitos simples que ayudan a reducir la tendencia a bostezar de más, sobre todo cuando se relaciona con cansancio o falta de estímulos:

  • Dormir y descansar de forma adecuada.
  • Beber suficiente agua para mitigar la fatiga.
  • Hacer ejercicio, ya que mejora la circulación sanguínea.
  • Tomar té verde o negro para mantenerse alerta.
  • Salir al aire libre y realizar actividades que capten la atención.