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La Costa Atlántica bonaerense es uno de los destinos más elegidos por los argentinos durante el verano. Si bien ciudades como Mar del Plata suelen ser las primeras opciones al momento de planificar una escapada, existen pequeños pueblos balnearios que conservan un encanto especial: playas tranquilas, paisajes naturales y una atmósfera ideal para quienes buscan alejarse del movimiento de las grandes ciudades.

Uno de esos lugares es Mar del Sur, una localidad costera ubicada a menos de 20 kilómetros de Miramar y a unos 60 kilómetros de Mar del Plata, que combina naturaleza, historia y una tranquilidad difícil de encontrar en otros destinos turísticos.

A pesar de haber sido proyectada en sus inicios como un gran balneario argentino, la localidad quedó detenida en el tiempo y hoy conserva una identidad propia, con playas extensas y un ritmo mucho más relajado.

La historia del pueblo que soñó con ser el gran balneario argentino

Los orígenes de Mar del Sur se remontan a 1834, cuando la familia Otamendi adquirió una gran extensión de tierras que incluía parte del actual Partido de General Alvarado.

Décadas más tarde, hacia 1880, comenzó a tomar fuerza el proyecto de crear un balneario que compitiera con los principales destinos turísticos del país. Para elegir la ubicación ideal, se convocó a técnicos alemanes que estudiaron diferentes zonas de la Costa Atlántica hasta definir el área donde actualmente se encuentra Mar del Sur.

En 1881, Fernando Otamendi loteó sus tierras ubicadas al sur del Arroyo La Carolina y fundó el pueblo de Boulevard Atlántico, que con el tiempo adoptaría el nombre de Mar del Sur.

Mar del Sur, Costa Atlántica.
Mar del Sur, Costa Atlántica.María Laura Ruberto.

Por qué Mar del Sur no se convirtió en una ciudad como Mar del Plata

El gran proyecto turístico comenzó a crecer con la construcción del Hotel Boulevard Atlántico, inaugurado en 1888 con un estilo europeo neoclásico y cerca de 90 habitaciones. La imponente construcción llegó a recibir visitantes de distintos países y fue considerada una de las primeras propuestas hoteleras de lujo de Argentina.

Sin embargo, el destino del pueblo cambió cuando el ferrocarril, una pieza clave para impulsar el turismo de la época, no llegó hasta Mar del Sur. La crisis económica de 1890, durante la presidencia de Miguel Juárez Celman, frenó los planes ferroviarios y las vías terminaron llegando únicamente hasta Miramar.

Esa situación dejó a Mar del Sur en una posición desfavorable y evitó que se transformara en un gran centro turístico similar a Mar del Plata.

Mar del Sur, Costa Atlántica.
Mar del Sur, Costa Atlántica.María Laura Ruberto.

El misterio del Hotel Boulevard Atlántico y sus historias de fantasmas

Además de sus playas y su tranquilidad, Mar del Sur guarda una de las historias más llamativas de la Costa Atlántica: la leyenda del Hotel Boulevard Atlántico.

Según relatos populares, en 1891 un grupo de colonos judíos llegó a la zona durante una noche de fuertes tormentas y terminó refugiándose en el hotel. La historia cuenta que varias personas murieron y que sus cuerpos permanecieron durante días en el sótano del edificio, dando origen a relatos sobre supuestas apariciones y ruidos extraños que huéspedes aseguraron haber percibido con el paso de los años.

Hotel Boulevard Atlántico, Mar del Sur.
Hotel Boulevard Atlántico, Mar del Sur.María Laura Ruberto.

El hotel cerró sus puertas en 1993 debido a problemas de mantenimiento y un incendio en la cocina. Luego atravesó años de abandono y deterioro, hasta que comenzaron diferentes proyectos para recuperar su estructura histórica.

Un pueblo de playa ideal para quienes buscan desconectarse

Actualmente, Mar del Sur mantiene ese espíritu de pueblo costero alejado del turismo masivo. Sus playas amplias, su entorno natural y su historia lo convierten en una alternativa para quienes buscan descansar, caminar junto al mar y disfrutar de un destino diferente dentro de la provincia de Buenos Aires.

Además, el histórico Hotel Boulevard Atlántico volvió a recuperar protagonismo tras su restauración y comenzó a recibir visitantes nuevamente con propuestas gastronómicas durante la temporada de verano.