

Durante años, la discusión en Argentina sobre los nuevos productos de nicotina estuvo atravesada por una palabra: prohibición. Vapeadores, productos de tabaco calentado y otras alternativas quedaron fuera del circuito formal mientras, en paralelo, su presencia crecía en el mercado.
En mayo de 2026, ese escenario cambió. La Resolución 549/2026 del Ministerio de Salud puso fin al esquema vigente desde 2011 y abrió una nueva etapa basada en el registro, el control y la trazabilidad.
Pero una modificación normativa también puede ser el comienzo —y no el final— de una conversación.
Con esa premisa, Somos Innovación reunió en Buenos Aires a médicos, científicos, funcionarios y referentes de la sociedad civil de Argentina y otros seis países, con representantes de Colombia, Brasil y Chile. El objetivo fue analizar qué significa el giro regulatorio argentino, contrastarlo con experiencias internacionales y discutir hasta qué punto puede convertirse en una referencia para América Latina.
El encuentro, denominado El Poder de la Innovación: Cómo Argentina Cambió de Rumbo y Qué Significa Para la Región, llevado a cabo en la Ciudad de Buenos Aires, puso así distintas disciplinas frente a una misma pregunta: cómo nuevas categorías de productos, basados en la innovación, pueden colaborar a reducir daños a la salud y disminuir el tabaquismo.
Detrás de la iniciativa está Somos Innovación, una red internacional integrada por más de 50 think tanks, fundaciones y organizaciones de la sociedad civil que promueve la adopción de tecnologías y soluciones innovadoras frente a diferentes desafíos.
Para Federico Fernández, CEO de Somos Innovación y presidente de Fundación Internacional Bases, lo ocurrido en Argentina modificó algo más profundo que una normativa: cambió los términos en los que puede darse la discusión.

“Los productos innovadores de nicotina en Argentina estaban o prohibidos o en un limbo legal, y eso se está cambiando por un marco de regulación inteligente y abierto para lo que es el vapeo, el tabaco calentado y las bolsitas de nicotina”, sostuvo.
De prohibir a regular: qué cambió en Argentina
El cambio en las normas modificó la naturaleza del debate. Ya no se trata únicamente de decidir si estos productos pueden existir dentro del mercado formal, sino de establecer bajo qué condiciones pueden hacerlo y qué controles debe ejercer el Estado.
Fernández describió la situación anterior como una paradoja: aunque estaban formalmente vedados, los productos circulaban de todas maneras.
“Acá había una ficción donde se creía que las cosas estaban prohibidas, pero estaban más presentes que nunca”, planteó. Y agregó: “Decir la verdad es el primer paso para empezar a curarse”.

Para el titular de Somos Innovación, trasladar esos productos hacia un mercado regulado permite introducir un elemento que antes faltaba: control. Quienes anteriormente compraban sin esas garantías, señaló, ahora podrán hacerlo bajo “una normativa que les va a garantizar la trazabilidad y la seguridad de lo que compren”.
La mirada oficial llegó de la mano de Saúl Flores, secretario de Gestión Sanitaria del Ministerio de Salud. Durante su intervención sostuvo que innovar en salud no significa solamente incorporar nuevas tecnologías, sino también transformar la manera de diseñar políticas públicas, fortalecer las instituciones y tomar decisiones sobre la base de la evidencia disponible.

El objetivo sanitario, explicó, permanece intacto: prevenir el inicio del consumo, promover el abandono del tabaquismo, proteger especialmente a niños, niñas y adolescentes y reducir las enfermedades asociadas al tabaco y la nicotina. “Lo que cambia profundamente son las herramientas”, afirmó.
El funcionario agregó que las nuevas regulaciones sobre el tema “deben apoyarse en el conocimiento científico disponible que permita reconocer las diferencias entre los diferentes productos”.
Sostuvo que las normas del Estado en este sentido “deben apoyarse en el conocimiento científico disponible, que permita reconocer las diferencias entre los diferentes productos y establecer controles acordes con el nivel de riesgo que representan”.
Sobre la resolución aprobada, el secretario de Gestión Sanitaria subrayó que “uno de los aspectos más innovadores de la Resolución 549-26 es la incorporación de este enfoque regulatorio basado en el riesgo, un concepto muy utilizado por las principales agencias del mundo”.
Una discusión entre la innovación, la evidencia y el riesgo
La jornada reunió deliberadamente distintas perspectivas: política pública, medicina, ciencia y sociedad civil. La discusión avanzó así desde los alcances concretos de la resolución hacia preguntas más complejas: qué dice la evidencia, cómo administrar la incertidumbre frente a nuevas tecnologías y qué lugar puede ocupar la reducción de daños dentro de las estrategias contra el tabaquismo.
Uno de los conceptos centrales fue la diferenciación de riesgos. La propuesta supone evitar que todos los productos con nicotina sean analizados de manera idéntica y considerar, entre otras variables, la presencia o ausencia de combustión.
Fernández destacó que el nuevo marco regulatorio abre “el camino a la diferenciación de riesgos”. La cuestión fue retomada por los especialistas del panel médico-científico.
El médico Diego Verrastro puso el foco en la combustión, explicó que en ese proceso se producen los mayores riesgo para fumadores y aclaró que las nuevas categorías de productos evitan la combustión. La neumonóloga Mariana Rivera, en tanto, introdujo un matiz fundamental: hablar de menor riesgo no equivale a hablar de inocuidad.

“Uno les explica que no es 100% inocuo, que hay algo de riesgo, pero comparado con continuar fumando, el riesgo es mucho menor”, señaló Rivera al referirse a pacientes que continúan fumando.
La toxicóloga y farmacóloga brasileña Ingrid Dragan Taricano puso sobre la mesa otro límite: todavía no existen datos suficientes para conocer las consecuencias de estos productos después de 20 o 30 años de uso. En ese escenario, ubicó a la regulación como una herramienta para controlar composición, funcionamiento y niveles de exposición mientras continúa evolucionando la evidencia.

Hasta dónde debe llegar la precaución
Ese interrogante conduce a otro de los ejes que Federico Fernández buscó instalar durante el encuentro: hasta dónde debe llegar el principio precautorio frente a una tecnología nueva.
“El principio de precaución debe tener límites”, afirmó. Según su mirada, exigir que un innovador demuestre que una tecnología nunca tendrá consecuencias negativas puede convertirse en una barrera imposible de superar.
Para Fernández, allí aparece una de las consecuencias más interesantes del cambio argentino: la conversación dejó de estar dominada por la prohibición y comenzó a concentrarse en cómo construir y perfeccionar la regulación.
“Ningún marco regulatorio probablemente nace perfecto”, reconoció. Ahora, sostuvo, las discusiones pueden enfocarse en qué funciona y qué debe mejorarse: “Son conversaciones de grado, no son de naturaleza”.
Ese cambio explica también por qué Somos Innovación buscó darle al encuentro una dimensión regional. La intención no fue presentar el modelo argentino como una fórmula cerrada, sino ponerlo en conversación con otros países y analizar qué aprendizajes pueden surgir de experiencias diferentes.
Las diferentes experiencias en materia de regulación
También fue parte de los oradores Marco Antonio Lozano, médico, ex presidente de la Cámara de Diputados de Chile y Doctor en Políticas de Salud, quien comentó la ley 21.642 sancionada en ese país, que reguló la venta de cigarrillos electrónicos: sin publicidad, sin venta a menores y con límites de concentración de nicotina.
A diferencia de la resolución argentina, la norma chilena pasó por tres años y medio de trámite parlamentario y fue aprobada por unanimidad.
Lozano también citó el ejemplo de Suecia como uno de los argumentos que terminó de convencer a los legisladores chilenos: “La prevalencia de cáncer pulmonar en el mundo, ¿dónde es la más baja? Uno mira el mundo y la evidencia apunta a Suecia. Con las bolsitas de nicotina como sustituto del cigarrillo, el país escandinavo bajó su tasa de fumadores al 5% de la población, la más baja de la Unión Europea”.
La voz de los consumidores
En el panel final, llamado “Sociedad Civil y Voz del consumidor, una perspectiva internacional”, representantes de asociaciones de consumidores de varios países aseguraron que la decisión de consumir esta línea de nuevos productos de tabaco es “una decisión adulta” y pidieron a las autoridades tener una oferta amplia de productos dentro de estas categorías de productos menos dañinas.
La sueca Carissa Düring, de Considerate Pouchers, compartió el panel de sociedad civil con el brasileño Miguel Okumura (THR Brasil), el mexicano Fernando Briseño, la también brasileña Suely Castro (fundadora de Quit Like Sweden) y el colombiano Francisco Ordoñez (ARDT Iberoamérica), en una mesa centrada en la experiencia de consumidores más que en la industria.

En este panel, los expositores abordaron cuestiones sobre el etiquetado de estas categorías de productos entre los distintos países y la forma en que los Estados permiten la introducción de sabores en las nuevas categorías de productos.
“Si un producto es legal por qué en algunos países se permiten distinos sabores y en otros no. Esas restricciones es como si el Estado se metiera en si hay helados de frutilla o vainilla”, fue uno de los argumentos presentados.
Los panelistas también pidieron que la voz de los consumidores sea escuchada en los debates regulatorios sobre nuevas categorías de productos de nicotina.
También defendieron que los productos estén habilitados solamente para adultos y prohibidos para menores de edad, a la vez que consideraron que las regulaciones internacionales hagan una diferenciación entre los distintas categorías de productos, teniendo en cuenta aquellos que impilcan un menor riesgo para la salud.
Suecia y las experiencias que mira la región
Si Argentina fue el punto de partida de la jornada, Suecia apareció como la referencia internacional más repetida.
Fernández utilizó el caso para plantear que las políticas tradicionales de control del tabaco pueden convivir con nuevas estrategias. Según los datos que presentó, mientras la prevalencia tabáquica de la Unión Europea ronda el 24%, en Suecia se ubica en el 3,7%.
“¿Qué pasa en Suecia? Le dieron un lugar a la innovación”, resumió.
La conversación internacional no terminó allí. Durante el encuentro también aparecieron Reino Unido, Japón, Chequia y Grecia como antecedentes de distintas estrategias que incorporaron regulación y reducción de daños frente al tabaquismo.
Para Somos Innovación, poner esos casos frente a la experiencia argentina forma parte de un objetivo más amplio: promover políticas públicas que no observen a la innovación únicamente desde la precaución, sino también desde su capacidad para ofrecer nuevas respuestas a problemas persistentes.
Eso no elimina los interrogantes. Al contrario. Durante la jornada quedaron abiertas preguntas sobre los efectos de largo plazo, los controles necesarios, la protección de los menores y la actualización de las normas a medida que aparezca nueva evidencia.
Pero quizás allí radique el principal cambio.
Durante años, la discusión estuvo concentrada en prohibir o permitir. El nuevo escenario obliga a formular preguntas más complejas: cómo regular, qué exigir, qué corregir y qué resultados observar.
Ese fue, también, el debate que Somos Innovación buscó poner en escena en Buenos Aires: encontrar un espacio entre la aceptación sin controles y la prohibición permanente para discutir sobre evidencia, regulación e innovación.
“La innovación no es la enemiga de la salud pública, es su mejor aliada”, sostuvo Fernández.
Argentina abrió una nueva etapa. Ahora, el desafío será observar qué sucede después y hasta dónde una experiencia local puede aportar respuestas a una discusión que ya atraviesa a toda la región.









