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Un hallazgo científico revolucionó la cosmología moderna al permitir, por primera vez en la historia de la astronomía, medir la materia oscura fuera de los límites de la Vía Láctea.

Un equipo internacional de astrofísicos encabezado por la Universidad de Copenhague identificó un flujo o río de estrellas dentro de una galaxia ubicada a más de 100 millones de años luz de la Tierra, abriendo una nueva era en la exploración del cosmos.

El fenómeno fue hallado gracias a las imágenes combinadas del telescopio espacial Hubble y del Canada-France-Hawaii Telescope. La estructura, bautizada como “Oyashio”, confirmó que los métodos de medición desarrollados para estudiar nuestro entorno galáctico pueden aplicarse con éxito en el universo distante para mapear la masa invisible que sostiene la estructura del universo.

Cómo es “Oyashio”, el río de estrellas jamás visto

La corriente estelar Oyashio atraviesa la galaxia ultradifusa UGC9050-Dw1 y posee una extensión de 2.000 años luz de longitud por apenas 72 años luz de ancho.

Los científicos determinaron que este filamento se originó a partir de la descomposición gravitacional de un antiguo cúmulo de estrellas cerca del centro de la galaxia.

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Hasta este hito, los ríos de estrellas solo se habían registrado dentro de la Vía Láctea. Su detección en un sistema lejano demuestra que estas estructuras funcionan como “huellas” cósmicas capaces de revelar cómo se distribuye la materia en galaxias que albergan muy pocas estrellas visibles pero gigantescas cantidades de masa.

La balanza para medir la masa invisible del universo

Debido a que la materia oscura no emite ni refleja luz, la comunidad científica solo puede rastrearla mediante el efecto de su fuerza de gravedad sobre los cuerpos visibles.

Al usar la corriente Oyashio como una balanza cósmica mediante el programa X-Stream, el equipo calculó que la galaxia estudiada posee un halo de materia oscura equivalente a 400.000 millones de veces la masa del Sol.

Con la entrada en funcionamiento de nuevos observatorios espaciales como Euclid y el telescopio Nancy Grace Roman, los astrofísicos prevén detectar cientos de corrientes estelares similares para descifrar de forma definitiva la naturaleza de la materia oscura.