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Hace unos 250 millones de años, los antepasados de los actuales mamíferos marinos comenzaron a adentrarse progresivamente en los océanos. Con el paso de las generaciones, esos animales fueron modificando su anatomía hasta convertirse en especies completamente adaptadas al medio acuático.

Ahora, un estudio macroevolutivo realizado por investigadores de la Universidad de Friburgo, en Suiza, analizó más de 5600 especies de mamíferos y encontró que existe un punto crítico en la evolución a partir del cual el regreso a una vida completamente terrestre se vuelve extremadamente improbable.

El punto de no retorno de las orcas y los delfines

La investigación, publicada en Proceedings of the Royal Society B y encabezada por la investigadora Bruna Farina, estudió distintos grados de adaptación al agua, desde mamíferos estrictamente terrestres hasta grupos completamente marinos como los cetáceos y los sirenios.

Los resultados respaldan la denominada Ley de Dollo, según la cual una estructura anatómica compleja que se pierde durante la evolución no vuelve simplemente a aparecer en su forma original. En los cetáceos, millones de años de adaptación modificaron profundamente sus cuerpos: perdieron las extremidades posteriores, transformaron las delanteras en aletas y desplazaron el orificio respiratorio hacia la parte superior del cráneo.

 (Fuente: Freepik)
(Fuente: Freepik)

Por qué ya no pueden vivir fuera del agua

La transformación no se limitó a los huesos. Las orcas, delfines y ballenas desarrollaron cuerpos diseñados para funcionar en el agua, donde su enorme masa puede mantenerse gracias a la flotabilidad.

Fuera del océano, ese mismo peso se convierte en un problema. Su anatomía y fisiología ya no están preparadas para desplazarse y sostenerse de la misma manera que un mamífero terrestre. A esto se suma la especialización de su sistema respiratorio y de su columna vertebral para desplazarse mediante movimientos adaptados al medio marino.

Una adaptación que también cambió su alimentación

El estudio también relaciona la evolución de estos animales con los cambios en su tamaño corporal y metabolismo. El agua pierde calor mucho más rápido que el aire, por lo que los mamíferos completamente acuáticos desarrollaron cuerpos grandes y mecanismos de aislamiento para conservar la temperatura.

Esa transformación tuvo consecuencias en su alimentación. Los grandes cetáceos necesitan enormes cantidades de energía y desarrollaron estrategias alimentarias adaptadas al océano, donde encuentran peces, calamares y otros organismos marinos.

El éxito que también los volvió vulnerables

La especialización permitió que las orcas, delfines y ballenas se convirtieran en algunos de los animales mejor adaptados al ecosistema marino, pero también redujo las alternativas disponibles frente a cambios ambientales.

El calentamiento de los océanos, la contaminación, la acidificación, la sobrepesca y el ruido submarino afectan directamente al ambiente del que dependen. Al haber llevado su adaptación tan lejos, su supervivencia está estrechamente vinculada a la salud de los océanos.

Por eso, el llamado “punto de no retorno” no significa simplemente que una orca pueda quedar en tierra y que su cuerpo mágicamente no pueda regresar al mar, sino que la evolución de los cetáceos alcanzó un grado de especialización que hace que una reversión completa hacia la vida terrestre sea extremadamente improbable. El océano, después de millones de años de evolución, dejó de ser solamente su hábitat: se convirtió en una condición fundamental para su supervivencia.