

Nick Clegg, de 43 años, es el líder del tercer partido de Gran Bretaña, el Partido Liberal Demócrata (PLD), se está adueñando de la campaña de las elecciones para elegir primer ministro, que se realizará el 6 de mayo.
Hasta los primeros días de abril, pocos en los medios de comunicación británicos le prestaban mucha atención a Clegg, que es un atractivo político de carrera, y al bastante complejo partido de inclinación izquierdista que preside. La razón es que el PLD no ha llegado al poder en el Reino Unido desde 1922. Se los ha ignorado en la mayoría de las elecciones generales de posguerra, mientras los otros dos partidos –el laborismo y los conservadores– se enfrentaban. Lo que la aplastante mayoría suponía cuando empezó esta campaña es que Gran Bretaña sería otra vez testigo de la clásica competencia bipartidaria en la que el poder pasaría del Partido Laborista de Gordon Brown, al Partido Conservador de David Cameron.
Sin embargo, algo notable ha pasado este mes. Súbitamente Clegg, una figura desconocida para la mayor parte del público británico, quedó al frente y en el centro de la campaña electoral. Tras su potente desempeño en el primer debate televisivo en vivo con Cameron y Brown, su partido comenzó a trepar en las encuestas de opinión. En varias de ellas, los Lib Dems (como le dicen en Gran Bretaña a los liberales demócratas) sobrepasaron al laborismo en términos de participación en el voto nacional y quedaron en segundo lugar. En una de las encuestas el PLD quedó a la cabeza, y es la primera vez que esto ocurre en una campaña electoral británica de la era moderna.
El resultado de todo esto es que los augures políticos están reconsiderando las cosas, incluyendo sus predicciones sobre como Cameron iba a obtener una clara mayoría en la Cámara de los Comunes. Ahora, la mayoría apuesta a que Gran Bretaña terminará el 6 de mayo con un Parlamento en el que ningún partido tendrá mayoría. Algunos se inclinan por pensar que Brown volverá como primer ministro, al frente de una coalición entre el laborismo y los Lib Dem. Y unos pocos se preguntan si es posible que sea Clegg el que llegue al Número 10 de Downing Street.
¿Qué es lo que está pasando? Hay tres razones que explican la Clegg-manía. Primero, los Lib Dems tienen el mejor equipo de dirigentes que han presentado en unas elecciones generales en muchas años. Clegg es brillante en televisión. Su imagen no se asocia a ninguna clase social, lo que permite que la gente proyecte en él lo que cada uno desea ver. No tiene, como tenía Obama, una historia personal capaz de impulsarlo, pero en una época de desilusión con la política Clegg es una figura nueva.
Segundo, ninguno de los dos principales partidos políticos está manejado por una figura política dominante, como un Blair o una Thatcher, por ejemplo. La mayor parte de los votantes quiere que se vaya Brown, a quien muchos responsabilizan por el espantoso estado de las finanzas públicas británicas. Sin embargo, también es generalizada la incertidumbre sobre Cameron, quien a muchos les parece de plástico y tiene una imagen que recuerda demasiado a las clases privilegiadas.
Una encuesta realizada por la firma especializada Populus a mediados de abril resume el clima entre el público. El sondeo halló que 42% de las personas piensa que es hora de cambiar y alejarse del laborismo. Pero sólo 32% cree que es hora de cambiar por los conservadores. Clegg está jugando en el espacio que queda entre estos dos datos estadísticos.
El tercer factor es el más significativo. Clegg ha podido capitalizar el profundo enojo que el público británico siente hacia toda la clase política. En los últimos meses, la política estuvo dominada por las historias acerca de cómo un gran número de miembros del Parlamento reclamaron falsamente que el Estado cubriera gastos privados con dinero de los contribuyentes. Cameron percibió la ira del público y trató de presentarse como el hombre que llevará el cambio a Westminster. Pero Cleggl copió la estrategia y se presentó como el que concretará los cambios.
¿Durará el fenómeno Clegg hasta el día de las elecciones? Los conservadores tratarán de hacer estallar lo que ellos consideran una burbuja. Los analistas ya dicen que estamos ante una auténtica carrera de tres partidos, que será la primera de ese tipo desde hace décadas.










