Durante los últimos cuatro años, sólo 10 juzgados comerciales conservaron el mismo juez, pero ninguno de ellos mantiene además los mismos secretarios. Cada cuatro meses y una semana, algún magistrado deja sus funciones. Lo mismo sucede con algún secretario cada treinta días. Adivinar quién es el juez de turno, a cargo de la firma de los expedientes, se ha vuelto así una difícil misión que deben abordar los abogados semana a semana.

Magistrados y secretarios de los 26 juzgados que integran el Fuero Comercial se marchan con distintos rumbos. Los esperan las comodidades de los grandes estudios jurídicos, los desafíos de diversos puestos en tribunales de alzada o simplemente la tranquilidad del retiro después de años de servicio. Pero más allá de las razones concretas que los empujen a dejar atrás el Poder Judicial hay coincidencia en las causas de base. Las tensiones que produce el trabajar en un fuero colapsado –en el que se tramitan alrededor de 30.000 causas por año, a pesar de que estaría preparado para 5.000– es una de las razones que lidera la compulsa. De cerca le siguen la insuficiente remuneración, que promedia los $ 5.500 para un juez de primera instancia, y el poco reconocimiento social por el trabajo realizado.

Este descontento, sumado a la valiosa experiencia luego de años de intensa labor en este estresante fuero, convierte a los jueces y secretarios en tentadores candidatos para los estudios jurídicos, especialmente para los

especialistas en litigios. Ezequiel Díaz Cordero, quien se desempeñó hasta hace poco como secretario en el Juzgado Nº 24, se sumó al área de litigios de Bruchou, Fernández Madero, Lombardi & Mitrani. En esta práctica trabaja codo a codo con otros emigrados del fuero comercial, como Carlos Rotman (ex presidente de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial) y Alfredo Di Iorio.

Y a la hora de indagar en las causas del éxodo, este joven ex tribunales no tarda en sacar uno de los temas críticos: la ausencia de un justo correlato entre la importancia de la tarea que realizan los jueces y funcionarios, y la paga que reciben. “Los jueces comerciales terminan marcando las pautas del crecimiento de la economía, a través de fallos que impactan directamente en el consejo legal que da el abogado argentino al inversor extranjero. Y esto es en definitiva lo que hace a la seguridad jurídica , explica. Y no tarda en agregar: “Si consideramos la responsabilidad que conlleva semejante tarea, sumada al alto incremento de causas y la complejidad de muchas de ellas, las remuneraciones todavía se encuentran por debajo de lo que deberían estar .

Coincide con esta posición Javier Fernández Moores, quien acaba de asumir al frente de la Subsecretaría de Justicia porteña luego de su desempeño como juez de Primera Instancia en lo Comercial. “Un magistrado que hoy gana poco más de $ 5.000 en Tribunales, con la misma preparación que tiene puede ganar entre $ 10.000 y $ 15.000 en un estudio. Y finalmente no le genera muchas dudas: se termina yendo , sentenció Fernández Moores, quien había apostado al estudio independiente luego de dejar la magistratura.

A cargo del Juzgado Comercial Nº 10, y aunque no tenga pensado cambiar de rumbo, Héctor Chomer se suma al debate. “Si comparamos con jueces de otros países y teniendo en cuenta la enorme cantidad de horas trabajadas, nuestros sueldos son bajos. Cuando comencé como empleado judicial, trabajaba muchas más horas de las que realmente se me pagaban, y aún hoy lo hago , detalla. Y reconoce que a pesar de que preferiría dedicarse de lleno a la labor jurisdiccional, se ve obligado a publicar y dar conferencias para rellenar vacíos económicos.

Tampoco olvida mencionar que los números no acompañan la responsabilidad y sacrificio que supone la revisión de miles de expedientes y la atención de casos de gran proyección económico-financiera. Esta tensión a la que se exponen los jueces por la desmesurada cantidad de causas que llevan es una preocupación común. “El trabajo en un estudio me ha resultado menos estresante, al no tener el agobio de firmar diariamente cerca de 500 expedientes , recuerda Fernández Moores. Pero aún más alarmante que el estrés y las bajas remuneraciones es para muchos la falta de incentivos. “Es más preocupante que no haya alicientes para la gente que se queda en el Poder Judicial. Todos ganamos igual: el que falta y el que llega puntualmente, el juez que tiene las sentencias al día o el que las tiene atrasadas 6 meses , dispara el magistrado del Juzgado Nº 10, quien propone la instauración de premios para motivar a los funcionarios.

Los jueces y secretarios se van formando a lo largo de toda una carrera judicial y es justamente cuando alcanzan un alto nivel de preparación cuando se vuelven difíciles de reemplazar. “Si bien es una alegría cuando un colaborador logra un ascenso o emigra a la profesión para percibir mejor remuneración, esta sangría constante constituye una grave complicación. Apenas un empleado ha sido entrenado en cierta actividad, debe cambiar de lugar por un ascenso o decide renunciar en busca de mejores condiciones de trabajo , detalla Chomer.

El gancho para los estudios no es difícil de entender. “La experiencia que se adquiere como funcionario o magistrado del Fuero Comercial no puede compararse con ninguna otra en materia de litigios y cuestiones concursales , sentencia Díaz Cordero. Quien rápidamente coincide es Francisco Carrega, a días de haber presentado la renuncia a su cargo de magistrado en el Juzgado Nº 4 y próximo a incorporarse al equipo litigador de Bruchou, Fernández Madero, Lombardi & Mitrani. “Un magistrado toma muchas decisiones por día en los procesos que resuelve. En los últimos años son cada vez más los estudios y empresas que se interesan en la contratación de funcionarios o magistrados: ellos están en la cocina de la decisión del conflicto , sentencia.

Pero mas allá de los recuerdos de bajos sueldos, falta de motivación y ausencia de aires acondicionados, la nostalgia de los que se han ido también coincide en ideales más nobles. En mayor o menor medida, la mayoría de los funcionarios que se van lamentan abandonar un camino inspirado por la vocación de impartir justicia.