David Cameron, líder del Partido Conservador británico, tuvo una larga y ansiosa espera antes de convertirse en primer ministro. Pero tras cuatro años al frente de su partido, y después de unas elecciones generales sin resultados concluyentes y muchas negociaciones para formar una coalición, finalmente se mudó hoy al Número 10 de Downing Street.

Este es para él un momento triunfal. Cameron lleva a los conservadores al gobierno por primera vez en 13 años, logrando lo que tres predecesores no consiguieron en tres elecciones. A los 43 años, se convierte en el primer ministro de Gran Bretaña más joven desde que Robert Jenkinson, conde de Liverpool, accedió al cargo en 1812.

Sin embargo, Cameron es muy consciente de los enormes obstáculos que tiene por delante. Para volver a encarrilar las finanzas nacionales, en los próximos seis meses debe hacer los más drásticos recortes al gasto público que haya visto el Reino Unido en décadas. También debe enfrentar las consecuencias de la guerra en Afganistán, que es enormemente impopular.

Sobre todo, es el primer premier británico desde 1945 que está obligado a gobernar en coalición con otro partido. En su caso, el acuerdo es con el Partido Liberal Demócrata, y verlo interactuar con Nick Clegg, el telegénico líder de los Lib Dems, que es tres meses más joven que él, será el espectáculo más fascinante de la política nacional en los próximos meses.

Para Cameron el saldo del disputado proceso de búsqueda de coalición fue bueno. Ante la necesidad de hacer un acuerdo con los Lib Dems, la mayor parte de los dirigentes del otrora poderoso Partido Conservador , hubiera tratado de lograr un acuerdo mínimo. Cameron, en cambio, buscó de inmediato acercarse al partido de Clegg, reconociendo que un acuerdo le daría la posibilidad de cambiar el panorama político. Cedió en la demanda clave de la reforma electoral y en todo esto obtuvo el consentimiento de sus 306 miembros del Parlamento, sin disenso.

Los desafíos que enfrenta son enormes. Una de las principales preocupaciones es que en la campaña ninguno de los líderes de los tres principales partidos le explicó a la gente la escala de los recortes necesarios en servicios públicos y empleos del Estado. Como resultado, muchos temen que haya rechazos e intranquilidad gremial.

Además, el resultado no concluyente subraya la ambivalencia del público hacia el nuevo primer ministro. Tras 13 años del laborismo, estas elecciones deberían haber sido fáciles para los tories. Pero los británicos encuentran a Cameron altanero y con imagen de plástico.

De todos modos, el premier entra en Downing Street sabiendo que gran parte del país quiere darle una chance a su gobierno, y eso no es poca cosa.