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La economía argentina avanza a dos velocidades y esa diferencia también se refleja en la Bolsa. Mientras algunas actividades alcanzan niveles crecientes de producción e inversión, otras todavía no lograron dejar atrás la caída y continúan esperando una recuperación del consumo, el crédito y los salarios.

Dentro de ese escenario, Agustín Natoli, creador de Joven Inversor, identificó tres sectores argentinos que le resultan atractivos: energía, construcción y bancos.

Sin embargo, su tesis no es igual para los tres sectores, por supuesto. El primero ya atraviesa una fase de expansión, mientras que los otros dos representan apuestas condicionadas a que la estabilización macroeconómica llegue finalmente a la actividad cotidiana.

“En la Argentina se está hablando de una economía en forma de K: tenés sectores como industria, construcción y comercio que están bastante para abajo, mientras que energía y minería avanzan a niveles impresionantes de producción”, explicó Natoli en diálogo con El Cronista.

Esa divergencia es el punto de partida de su estrategia. El especialista busca combinar un sector con crecimiento comprobable y actividades rezagadas que podrían capturar una recuperación más fuerte si mejoran las condiciones financieras y económicas.

La primera elección: el sector que ya crece

La energía ocupa el primer lugar entre las preferencias de Natoli. A diferencia de otros segmentos que dependen de una recuperación futura, considera que esta industria ya exhibe señales concretas de crecimiento.

Su visión se apoya especialmente en el desarrollo de Vaca Muerta, que pudo recorrer personalmente. “Me tocó estar en Vaca Muerta y verlo en primera persona. Es realmente increíble, una cosa que no se puede creer”, señaló.

Dentro del sector, Natoli destacó a YPF. Su elección combina una mirada sobre el potencial energético argentino con una valoración positiva de la gestión encabezada por Horacio Marín.

“Soy bastante fan de YPF por una cuestión nacionalista, porque la Argentina tiene el 51%. Me gusta mucho la empresa y también las medidas que está tomando su CEO”, afirmó.

La diferencia con sus otras dos apuestas es clara. En energía, la tesis no depende exclusivamente de que repunten el crédito o el consumo interno: existen producción, recursos e inversiones que ya empujan al sector. Por eso, Natoli considera que la actividad energética debería continuar teniendo protagonismo aun cuando el resto de la economía tarde más en recuperarse.

Yo veo a la energía avanzar siempre, pase lo que pase”, resumió.

Esto no elimina los riesgos propios de una inversión en acciones. La cotización de una petrolera también puede verse afectada por el precio internacional del crudo, las decisiones empresariales, la política local y la percepción de los inversores.

Natoli, de hecho, remarcó que comprar una compañía vinculada a una materia prima no equivale a invertir directamente en ese commodity: una empresa puede enfrentar problemas particulares aunque el activo subyacente tenga un buen desempeño.

La segunda apuesta: el sector que todavía no arrancó

La construcción aparece en una situación diferente. Para Natoli, es uno de los sectores que todavía no participó plenamente de la recuperación de los activos argentinos y conserva potencial si comienzan a mejorar los salarios y el financiamiento.

“El sector de la construcción es el que todavía no arrancó en lo que refiere a instrumentos de inversión en la Argentina”, sostuvo.

La actividad está estrechamente vinculada con el ingreso disponible de las familias y el acceso al crédito hipotecario. Sin salarios capaces de sostener una cuota y sin préstamos a plazos largos, la demanda de viviendas encuentra un techo. Eso también limita el desarrollo inmobiliario y el consumo de materiales.

Natoli señaló que el real estate mostró una mejora, pero sostuvo que la recuperación continúa condicionada por la capacidad de compra y el financiamiento. La reaparición gradual de los créditos hipotecarios podría ayudar a reactivar el mercado, aunque para eso deben ofrecer condiciones que resulten sostenibles para los hogares.

Dentro de este universo mencionó a Loma Negra, una de las principales compañías cementeras del país. La empresa funciona como una vía bursátil para exponerse a una eventual recuperación de la construcción: una mejora de la obra privada, el desarrollo inmobiliario y la infraestructura podría traducirse en una mayor demanda de cemento.

Pero se trata de una apuesta más cíclica que la energética. Su potencial depende de que la estabilización se transforme en actividad, que el salario recupere capacidad de compra y que el crédito vuelva a cumplir un papel relevante.

La tercera elección: los bancos vuelven a funcionar como bancos

El sistema financiero completa la selección de Natoli. Su argumento es que las entidades comienzan a dejar atrás un modelo basado principalmente en prestarle al sector público o colocar fondos en instrumentos del Banco Central, para retomar su función tradicional: captar depósitos y otorgar créditos a familias y empresas.

“El sector financiero venía de funcionar como prestamista del Banco Central. Ahora los bancos empiezan a funcionar como bancos, empiezan a tener tasa activa, tasa pasiva y a prestar”, explicó.

El proceso, según aclaró, todavía es pequeño. Sin embargo, si la economía logra estabilizarse y aumenta la demanda de financiamiento, las entidades podrían ampliar considerablemente su negocio.

El mecanismo es directo: más crédito permite financiar consumo, viviendas, vehículos, maquinaria e inversión productiva. Para los bancos, eso implica la posibilidad de expandir su cartera de préstamos y volver a generar ingresos a partir de la intermediación financiera.

La oportunidad también contiene riesgos. Un crecimiento acelerado del crédito sin una mejora equivalente en los ingresos puede elevar la morosidad. Además, las entidades dependen del nivel de actividad, las regulaciones, las tasas y la estabilidad macroeconómica. La tesis positiva de Natoli, por lo tanto, requiere que el financiamiento se expanda sobre bases sostenibles.

El crédito como condición para el despegue

Las apuestas en construcción y bancos comparten un mismo catalizador: el regreso del crédito accesible. Para Natoli, la Argentina todavía no logró desarrollar un mercado de financiamiento capaz de impulsar de manera sostenida la inversión y la movilidad social.

“El problema hoy es el crédito. Una industria que no puede sacar un préstamo para comprar una máquina es una máquina que no existe, una persona que no la maneja y un puesto de trabajo que no se crea”, explicó.

La falta de financiamiento genera así una cadena que conecta inversión, producción y empleo. Sin préstamos, las empresas tienen menos capacidad para ampliar instalaciones o incorporar tecnología. Si no aumenta la producción, tampoco se generan nuevos puestos de trabajo ni ingresos adicionales que luego puedan volcarse al consumo.

El mismo problema aparece en las familias. La ausencia de crédito hipotecario limita el acceso a la vivienda y reduce la demanda para la construcción. Por eso, Natoli considera que la recuperación de estos sectores dependerá de que aparezcan préstamos con plazos y tasas compatibles con los ingresos.

El especialista utilizó a Paraguay como ejemplo de una economía cercana donde el financiamiento tiene mayor presencia en la compra de vehículos, viviendas e inversiones. Su conclusión es que el crédito necesita estabilidad para crecer, pero también puede convertirse en una herramienta para acelerar la expansión una vez que esa estabilidad empieza a consolidarse.

La reforma tributaria que reclama Joven Inversor

El segundo requisito de la tesis es una reducción y simplificación de la carga impositiva. Natoli sostuvo que una reforma tributaria debería coordinarse entre Nación, provincias y municipios para evitar que la baja de un impuesto sea compensada por el aumento de otro.

“Hay que trazar un plan para que pueda hacerse una reforma impositiva y para que las empresas puedan empezar a crecer, contratar más gente y mover la economía”, afirmó.

Desde su perspectiva, menores impuestos y mayor acceso al crédito permitirían trasladar la mejora macroeconómica hacia la construcción, la industria y el comercio. Ese paso resulta central porque esas actividades tienen una incidencia importante sobre el empleo y el consumo.

Natoli se mostró optimista sobre el rumbo argentino, pero reconoció que todavía falta un “último ajuste” para que la estabilización alcance a la microeconomía. Hasta que eso ocurra, la energía seguirá representando la apuesta más consolidada, mientras que construcción y bancos conservarán un perfil de recuperación potencial.

El riesgo electoral que puede cambiar el escenario

Norberto Giudice, cofundador junto con Natoli de Take Profit Conference, coincidió con el potencial de los sectores mencionados, pero incorporó una advertencia: el riesgo político.

Según explicó, una mala noticia electoral en 2027 podría modificar las expectativas y afectar el desempeño de los activos locales. La experiencia argentina muestra que las elecciones pueden provocar cambios bruscos en acciones, bonos y tipo de cambio cuando el resultado se aleja de lo esperado por el mercado.

“Si no hay una muy mala noticia electoral el año que viene, esas industrias deberían tener un buen rendimiento. Pero hay que tener cuidado de no seguir sumándose y después encontrarse con una mala noticia”, señaló Giudice.

La advertencia funciona como contrapeso de la tesis optimista. El potencial de energía, bancos y construcción no depende únicamente de sus negocios: también está condicionado por la continuidad del programa económico, el acceso al crédito y la confianza de los inversores.

Natoli y Giudice expondrán estos temas en Take Profit Conference 26, el evento que se realizará el 26 de septiembre en Buenos Aires y reunirá a referentes de las finanzas tradicionales, los activos digitales y el real estate.