Después de varias ruedas de fuerte presión cambiaria, el dólar cerró el viernes con algo más de calma. La última quincena fue de subas, pero el viernes el dólar cerró con más calma, ayudado por la intervención oficial. Dejó atrás las alzas de comienzos de semana y estabilizó su recorrido al cierre. Todo indica que el tipo de cambio comenzó a buscar un nuevo nivel de equilibrio.
“Vimos un reacomodamiento del dólar y el Gobierno salió a calmarlo con fuerza. Igualmente, cuando uno compara con diciembre, el alza es baja. Tuvimos un excepcional primer semestre en materia de ingreso de divisas y ahora vamos a una segunda mitad del año no tan bondadosa”, analizó para El Cronista Sebastián Menescaldi, codirector de Eco Go.
En ese contexto, el dólar mayorista cerró estable en $ 1477 para la venta, luego de haber tocado el miércoles los $ 1479, su nivel más alto desde el 3 de noviembre de 2025, cuando había alcanzado los $ 1482. Aun así, la cotización se mantiene lejos del techo de la banda cambiaria, que el viernes se ubicó en $1.800,75, una distancia cercana al 22%.
En el balance semanal, el mayorista acumuló una suba de $16 (1,1%), muy por debajo del avance de $33 registrado la semana anterior. En paralelo, el mercado de futuros mostró movimientos mixtos y las posiciones implícitas reflejan expectativas de una corrección gradual: los contratos descuentan un mayorista en torno a $ 1479,5 a fines de junio y cerca de $ 1651 para diciembre.
Oferta y demanda presionan al dólar
Para los analistas, la suba de las últimas semanas responde más a un cambio en las condiciones de oferta y demanda que al inicio de una nueva crisis cambiaria.
“Todo esto se da en un contexto internacional en el que el dólar se fortalece por la llegada del acuerdo con Irán y el arribo de Warsh a la Fed. Ante eso, el Gobierno comienza a intervenir. Saca pesos y es probable que suban las tasas”, indicó Menescaldi. Además, según explicó Gustavo Quintana, de PR Operadores de Cambio, “el inicio de las compensaciones de fin de mes y el fixing de algunos bonos que vencían redujeron la demanda por cobertura”.
Dicho eso, igualmente, en la City no ven que sea alarmante por el momento el movimiento. “Hay una concepción aritmética y equivocada respecto del dólar. Es un precio más de la economía que refleja condiciones de oferta y demanda”, dijo Martín Sarano, economista de la Fundación Internacional Bases.
Señaló que el piso que encontró a mediados de abril, en torno a los $1350, fue por el fuerte ingreso de dólares de las exportaciones. Ese escenario comenzó a modificarse con el avance de las últimas semanas y eso gatilló la suba.
Una visión similar planteó Aníbal Casas Arregui, CEO de S&C. “Venimos sosteniendo hace tiempo que el dólar estaba demasiado frenado. Terminó la época de mayor oferta por el agro y por las emisiones de deuda de empresas y provincias, mientras crece la demanda de importaciones y de dolarización de carteras”, explicó. Asimismo, el contexto internacional incide en la dinámica. “El barril de petróleo pierde terreno y la cosecha gruesa mengua, cambian las condiciones de oferta y demanda, y eso explica la suba de aproximadamente 8% de las últimas diez semanas”, sostuvo Martín Sarano, economista de la Fundación Bases.
Y destacó que otro factor clave es la tasa. Anticipó que, “si la desaceleración de la inflación continúa, las tasas volverán a ser positivas” y eso pondría freno a la dolarización de carteras.
Todo indica que, por ahora, la volatilidad seguirá, “La próxima semana tiene todavía dos días de cierre de junio y estacionalmente la demanda minorista se activa a comienzo de mes por lo que no sorprendería un rebote de precios”, anticipó Quintana.
Pero, con mirada a largo plazo, las proyecciones van desde una estabilización cerca de $ 1500 hasta un recorrido hacia $ 1600-$ 1700 a fin de año, siempre que no aparezca un shock político o externo.
Cómo será el segundo semestre
En la City esperan que el dólar continúe acomodándose durante el segundo semestre, aunque sin un salto brusco. Las proyecciones van desde una estabilización cerca de los $ 1500 hasta un recorrido hacia la zona de $ 1600-$ 1700 hacia fin de año, siempre que no aparezca un shock político o externo.
Sarano descartó una aceleración desordenada del tipo de cambio. “Sería descabellado pensar que el dólar haga un catch up con la inflación sin una crisis política, un ataque especulativo o un shock externo significativo. Veo al dólar encontrando un nuevo nivel de flotación, más cerca de $1500 que de $1.400, pero no hay elementos para anticipar una espiralización durante este año”, adelantó Sarano.
Arregui señaló que el Gobierno tiene margen para administrar el proceso de merma de ingreso de dólares y no enfrenta un escenario de tensión cambiaria. “No vemos un descontrol cambiario en ciernes. El Gobierno tiene herramientas para evitarlo y tampoco parece incómodo con un dólar de $1.500 como primer estadio”, afirmó.
Para él, el tipo de cambio podría seguir ajustándose de manera gradual durante los próximos meses y ubicarse entre $1.600 y $1.700 hacia fin de año, un nivel que considera “saludable” para evitar que el peso se perciba excesivamente apreciado en la antesala del año electoral.
De cara a 2027, espera un mercado más volátil por la habitual dolarización de portafolios que generan las elecciones, aunque no observa un problema estructural de escasez de divisas mientras se mantenga el actual esquema macroeconómico y continúen creciendo sectores como oil & gas, minería y agro.
El dólar comenzó a acomodarse a un escenario con menor oferta y mayor demanda de cobertura. La expectativa es que ese ajuste continúe durante el segundo semestre, aunque, por ahora, sin señales de una corrida cambiaria ni de un salto abrupto del tipo de cambio.
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