La normalización macroeconómica abrió una nueva etapa para el financiamiento de las empresas. Las pymes, de a poco, vuelven a discutir productividad, competitividad y planificación financiera. Pero esa transición todavía convive con una economía heterogénea y sectores que avanzan a distintas velocidades.

De acuerdo con el Índice de Financiamiento Pyme (IFP), que calcula la tasa vigente para los descuentos de cheques con y sin aval de una SGR, la tasa que deben pagar en ese segmento empresario es de 27,76% TNA. Se trató de un incremento de 2,16 puntos porcentuales frente al mes anterior. La ventaja corrió para los cheques que cuentan con el aval de una sociedad de garantía recíproca (SGR).

El índice, que elabora la financiera especializada en pymes VetaCap, dista de otra realidad, la de las emisiones de ON Pymes, un segmento de muy reducida magnitud, que de acuerdo con PWC, lograron en ese mismo período el spread sobre Tamar más bajo (-1,2% TNA) y la mayor duración (17,4 meses) del último año.

En ese escenario, El Cronista dialogó con Felipe Venancio, CEO de VetaCap, acerca de las perspectivas para el crédito de las pymes. A su juicio, el objetivo ya no pasa únicamente por aumentar el crédito, sino por construir un mercado más profundo, con instrumentos de distintos plazos que permitan reducir el carácter procíclico del financiamiento empresario.

—En las últimas semanas las tasas de descuento de cheques mostraron un leve rebote. ¿Cómo interpretan ese movimiento?

—Lo que vimos fue que la fuerte baja que venían mostrando las tasas de corto plazo encontró un nuevo nivel de equilibrio. Más que una nueva caída, hoy parecería haber estabilidad. Y eso, para las pymes, es muy importante. Es preferible una tasa estable, aunque sea un poco más alta, que un escenario de fuertes subas y bajas permanentes.

“Las empresas comparan cuánto cuesta descontar un cheque, negocian descuentos por pago contado con proveedores, analizan el costo financiero de cada alternativa y optimizan la administración de liquidez. Ese trabajo fino empieza a generar diferencias reales en rentabilidad”.

—¿Por qué esa dinámica difiere de la que muestran los instrumentos de largo plazo, las ON?

—Porque responden a drivers distintos. La deuda de largo plazo mira variables diferentes a las que afectan el financiamiento de capital de trabajo. Lo que ocurrió recientemente estuvo muy asociado a cuestiones de financiamiento del Tesoro y al contexto electoral. Sin embargo, el mercado parece interpretar que no existe un problema estructural sobre las tasas largas. El desarrollo de una curva de crédito de largo plazo permite justamente quitarle al financiamiento ese componente procíclico que históricamente tuvo la Argentina.

—¿Qué significa eso para las pymes?

—Cuando el mercado de crédito es poco profundo, frente a cualquier episodio de estrés el crédito se retrae justamente cuando las empresas más lo necesitan. Eso termina profundizando las dificultades. Un mercado más desarrollado ofrece instrumentos distintos, plazos más largos y alternativas para refinanciar pasivos sin cortar el financiamiento.

—Hoy muchas empresas enfrentan una desaceleración de la actividad. ¿Cómo impacta eso sobre el crédito?

—Ese es precisamente el problema de un mercado poco desarrollado. Cuando baja la actividad aumenta la percepción de riesgo y el crédito tradicional tiende a cerrarse. En cambio, cuando existen otros instrumentos y distintas formas de estructurar el financiamiento, esa dinámica se vuelve mucho menos traumática.

“El retraimiento del crédito es precisamente el problema de un mercado poco desarrollado. Cuando baja la actividad aumenta la percepción de riesgo y el crédito tradicional tiende a cerrarse”

—¿Qué empresas pueden acceder hoy al mercado de capitales?

—Muchas más de las que se cree. En muchos casos no existe una limitación real sino desconocimiento. Lo importante es estructurar correctamente el financiamiento según el proyecto que tiene la empresa y no solamente analizar el riesgo histórico de la compañía. Nosotros trabajamos, por ejemplo, con un transportista de San Juan que necesitaba ampliar su flota después de ganar una licitación vinculada con minería. Si uno mira solamente la empresa puede parecer riesgosa. Pero cuando analiza el contrato que ya ganó, el riesgo cambia completamente.

El desafío del mercado de capitales argentino es lograr que el riesgo que percibe el inversor se parezca cada vez más al riesgo real de las empresas. Cuando eso ocurre, el financiamiento fluye naturalmente y el mercado empieza a crecer de manera sostenible.

—¿Qué evaluación hace del trabajo de la CNV para estimular el mercado?

—Creo que el regulador hizo un trabajo muy importante ampliando la cantidad de instrumentos disponibles y reduciendo barreras de acceso. Hoy no diría que el principal cuello de botella está en la regulación. Ahora el desafío pasa más por el sector privado: desarrollar esos instrumentos, generar volumen y consolidar casos exitosos.

—¿Qué falta para profundizar el crédito privado?

—La estabilidad macro es condición necesaria, pero no suficiente. El Estado tiene la responsabilidad indelegable de garantizar esa estabilidad. Después hacen falta reglas previsibles, evitar cambios permanentes de dirección y generar espacios de coordinación con el sector privado. Es mucho menos dañino avanzar más lentamente que cambiar de rumbo cada pocos meses.

—¿Y qué debe cambiar dentro de las propias empresas?

—Argentina necesita volver a ser un país donde sea más rentable dedicar energía a producir mejor que a administrar incertidumbre. Durante muchos años los empresarios desarrollaron un verdadero máster en supervivencia financiera. Sabían cómo sobrevivir a cambios permanentes de régimen macroeconómico. Ahora ese conocimiento financiero tiene que convertirse en una herramienta para mejorar productividad, márgenes y competitividad.

“Después, hacen falta reglas previsibles, evitar cambios permanentes de dirección y generar espacios de coordinación con el sector privado. Es mucho menos dañino avanzar más lentamente que cambiar de rumbo cada pocos meses”.

—¿Cómo cambia concretamente la administración financiera de una pyme en este contexto?

—Antes, la discusión era cómo conseguir financiamiento antes de una devaluación o cómo acumular stock para cubrirse de la inflación. Hoy vemos otra lógica. Las empresas comparan cuánto cuesta descontar un cheque, negocian descuentos por pago contado con proveedores, analizan el costo financiero de cada alternativa y optimizan la administración de liquidez. Ese trabajo fino empieza a generar diferencias reales en rentabilidad.

—¿Cómo observa la transición que atraviesan hoy las empresas?

—Es una transición exigente. Hay mucha heterogeneidad entre sectores, regiones e incluso dentro de una misma actividad. Hay empresas que fueron muy exitosas bajo un determinado esquema macroeconómico y ahora tienen que reconvertirse. Esa adaptación requiere tiempo, crédito y previsibilidad. Por eso insisto tanto con la estabilidad de tasas. Una empresa puede planificar con una tasa un poco más alta si sabe que va a mantenerse. Lo difícil es hacerlo cuando la tasa cambia permanentemente.

—¿Hay sectores que hoy lo estén sorprendiendo?

—La metalmecánica es uno de ellos. Muchas empresas están encontrando oportunidades vinculadas con minería, maquinaria agrícola y nuevas cadenas de valor. También aparecen fenómenos difíciles de prever, como el desarrollo alrededor de la arena utilizada por Vaca Muerta o nuevas actividades vinculadas al turismo y la producción vitivinícola. Eso demuestra que cuando aparecen nuevas reglas e inversiones, también surgen oportunidades que antes no existían.

—¿Cuál es hoy el principal desafío para una firma como la suya que se especializa en financiar PymesVetaCap?

—Construir el puente entre el ahorro y los proyectos productivos. El desafío del mercado de capitales argentino es lograr que el riesgo que percibe el inversor se parezca cada vez más al riesgo real de las empresas. Cuando eso ocurre, el financiamiento fluye naturalmente y el mercado empieza a crecer de manera sostenible.