Política monetaria

El ritmo devaluatorio, entre la expectativa futura y un dato incómodo

El dato de inflación de enero, que se proyecta elevado, se entromete en el objetivo del Gobierno de que la inflación de 2021 sea 5 puntos menor a la del año anterior.

El dato de inflación de enero seguramente caerá pesado dentro del equipo económico. La suba de casi 4% que se espera para el primer mes del año, sin embargo, no apuraría medidas ni provocaría golpes de timón. La lectura que predomina puertas adentro es que se está ante un proceso de cambio de precios relativos, transitorio, diferente a una espiralización inflacionaria.

El rumbo, de hecho, pareció fijarlo el martes el ministro de Economía, Martín Guzmán, cuando ratificó el objetivo de que la inflación de 2021 se reduzca en cinco puntos porcentuales respecto de la registrada el año anterior (fue de 36,1%).

Esta expectativa le daría margen al Banco Central (BCRA) para continuar desacelerando el ritmo de depreciación del peso sin tener que recurrir a medidas más bruscas. Según pudo saber El Cronista, la meta es que el crawling peg del tipo de cambio oficial durante febrero quede por debajo del 3%. Esto no solo confirmaría la desaceleración observada desde que comenzó febrero, sino que también se ajustaría mejor a otra de las metas planteadas por Guzmán el martes. "Apuntamos a una pauta de depreciación del tipo de cambio nominal, a lo largo de todo el 2021, de alrededor del 25%", había dicho el titular del Palacio de Hacienda.

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Desde agosto, la entidad que preside Miguel Pesce venía acomodando el ritmo devaluatorio a la inflación pasada. Es decir, el ritmo de depreciación de cada mes imitaba la inflación del mes anterior, una estrategia criticada por distintos analistas que, argumentaban, convalidaba una inercia inflacionaria. La inflación de 2,7% de agosto redundó en un ritmo devaluatorio de 2,7% en septiembre. Luego la suba de precios fue de 2,8% en septiembre, mismo nivel que el crawling peg del mes siguiente, y de 3,8% en octubre, idéntico ritmo de devaluación de noviembre.

El primer descalce se vio en diciembre, cuando el ritmo de depreciación del tipo de cambio oficial llegó a 3,5%, 0,3 puntos porcentuales por encima de la inflación registrada el mes anterior. En enero, en tanto, el crawling peg fue de casi 3,8%, 0,2 p.p. debajo de la inflación de diciembre.

Pero ese desacople podría ampliarse. En caso de que se corrobore una inflación cercana al 4% en enero, la autoridad monetaria ya no estaría acomodando el ritmo devaluatorio a la inflación pasada sino a la expectativa de inflación futura. Al menos a la que tiene el Gobierno, distinta a la del mercado que -según exhibió el último REM- se mantendría por encima del 3,5% mensual al menos hasta mayo y ascendería a 50% en el año.

El nivel de inflación también podría influir en la decisión del BCRA de mantener o subir su tasa de referencia, fijada en 38% desde noviembre. Será uno de los dilemas que podría tratar este jueves el Directorio de la autoridad monetaria, durante su habitual reunión semanal.

La entidad que preside Miguel Pesce, sin embargo, tiene motivos para no dejarse llevar por el dato que revelará hoy el Indec y convalidar una suba de tasa. En primer lugar porque, de hacerlo, enfriaría el rebote de la economía. Pero además, una suba de tasas aumentaría el costo de sus pasivos remunerados y significaría un reconocimiento de que la aceleración inflacionaria es percibida como permanente.

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