Argentina sigue lejos del ansiado “investment grade”, pero por primera vez en años el mercado empieza a discutir no si puede evitar otro default, sino cuánto tiempo podría tardar en volver a ser considerada una economía “confiable” para Wall Street.
La mejora de calificación que otorgó Fitch Ratings reactivó esa conversación y volvió a poner sobre la mesa una pregunta central para los inversores, ¿qué necesita el país para abandonar definitivamente la zona de bonos basura o high yield y cruzar la frontera financiera más importante del sistema global.
La reacción del mercado fue inmediata. La suba de nota ayudó a profundizar la compresión del riesgo país, impulsó bonos, también acciones y coincidió además con un contexto internacional más favorable para los activos emergentes tras la distensión en Medio Oriente.
En términos prácticos, el mensaje detrás del upgrade es que, por lo menos para Fitch, hoy hay una menor probabilidad de default que meses atrás. Y en Wall Street, cuando baja el temor al “historial argentino”, baja también el costo del dinero.
El próximo escalón para la Argentina
La mejora todavía mantiene a la Argentina dentro del universo “high yield” o especulativo. Pero el mercado ya empieza a mirar el próximo escalón que es el largo camino hacia el “investment grade”, la categoría reservada para países considerados aptos para recibir inversiones institucionales masivas y financiamiento mucho más barato.
La diferencia no es solamente simbólica, puesto que cruzar esa frontera cambiaría por completo la relación financiera de la Argentina con el mundo. Sucede que muchos fondos globales tienen prohibido por reglamento invertir en deuda que esté por debajo de BBB-, la última nota considerada grado de inversión. Mientras el país siga en territorio BB o B, una enorme parte del capital internacional directamente ni puede voltear a mirarlo, incluso aunque quiera hacerlo.
Por eso cada mejora de rating se vuelve tan sensible para los activos argentinos. El mercado no necesita creer que la Argentina ya es Alemania. Le alcanza con percibir que el riesgo de colapso empieza a bajar de manera paulatina, aunque otras calificadoras de riesgo tengan todavía ciertas reservas sobre el futuro político y financiero del país y el Gobierno.

El largo camino que todavía enfrenta Argentina
El analista financiero Pablo Das Neves sostuvo en charla con El Cronista que la Argentina “está en el camino de reconstruir confianza en los mercados”, aunque advirtió que no solo pesa la histórica imagen de “incumplidor serial”, sino también ciertas debilidades estructurales que todavía generan desconfianza entre los inversores.
“El norte es el correcto: superávit fiscal, orden macroeconómico y saneamiento monetario. Pero mientras no se resuelva el problema de los controles cambiarios, difícilmente la Argentina vuelva a ser considerada investment grade”, explicó.
Además, consideró que la inestabilidad política también funciona como un factor de ruido para el mercado. “La insistencia en el error en casos como el de Manuel Adorni, aunque sea algo transitorio, termina por ser una pesada ancla para el equipo económico. Quizás, si optaran por soltar ciertas anclas, como ocurrió en el caso Espert, el humor de los mercados cambiaría”, señaló.
De todas formas, remarcó que la exigencia sobre la Argentina siempre será mayor que sobre otros países emergentes. “Hay algo que está claro: a la Argentina los mercados siempre le van a exigir más. Por eso, en esta etapa, hay que ser extremadamente prolijos”, concluyó.
Por su parte, el analista Financiero de Emerald Capital, Fernando Ibarra, comentó que la mejora por parte de Fitch fue una señal concreta de que el país empieza a dejar atrás la zona de máximo temor de default y entra, “lentamente”, en un escalón de menor riesgo financiero.
Ibarra advirtió que “es una buena noticia para el mercado, pero todavía insuficiente: faltan seis escalones para alcanzar el famoso “Investment Grade”, la categoría que hoy tienen países como Uruguay o Chile y que, en términos simples, le dice al mundo inversor que puede prestarle dinero a una economía con relativa tranquilidad”.
El problema es que llegar ahí no se consigue con algunos meses de estabilidad. “En el mercado creen que podría demandar entre 10 y 15 años de consistencia económica y política. ¿Qué significa “hacer las cosas bien” durante tanto tiempo? Sostener superávit fiscal, acumular reservas, bajar la inflación a niveles de un dígito anual, salir definitivamente del cepo cambiario y, quizás lo más difícil de todo en la historia argentina: mantener ese rumbo independientemente de quién gobierne”.
Y aunque parezca una discusión lejana o técnica, el impacto atraviesa toda la economía real. “Porque mientras Argentina siga fuera del Investment Grade, el crédito seguirá siendo caro para todos: para el Estado, para las empresas y también para las familias. Hipotecas inaccesibles, préstamos prendarios con tasas altísimas y financiamiento costoso para producir o invertir”.
La lógica financiera es bastante directa para Ibarra: “cuánto más baja el riesgo país, más barato puede financiarse una economía. Y eso, con el tiempo, termina trasladándose a tasas más accesibles para comprar una casa, cambiar el auto o ampliar una pyme”.
Además, alcanzar el grado de inversión abriría otra puerta clave: “El ingreso de grandes fondos internacionales que hoy, por reglamento, ni siquiera pueden mirar activos argentinos. Ahí aparece uno de los grandes objetivos de fondo del mercado: atraer más inversión hacia sectores como energía, minería y agro, tres apuestas centrales de la Argentina para generar dólares genuinos en la próxima década”, concluyó.
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