Trump 2024: cuál es la estrategia de los demócratas para enjaular al 'Kraken americano'

Para los demócratas, la candidatura de Donald Trump prácticamente aseguraría otra derrota republicana en las próximas elecciones.

Decir en voz alta lo que se calla no suele ser una buena idea. Sin embargo, tras el éxito de las elecciones de medio término, los demócratas no pueden evitarlo. La realidad es que les encantaría que Donald Trump fuera el candidato presidencial de 2024 porque su nombre prácticamente aseguraría otra derrota republicana. Probablemente tengan razón en eso. La cuestión de si al trumpismo le podría ir mejor sin su creador es más difícil de responder.

La perspectiva de que Trump se suba al tren de Mar-a-Lago con destino hacia su próximo naufragio -incluso si no es imputado en el medio- ofrece una tentadora solución para el Partido Demócrata. Con Trump, los demócratas ganarían tanto que la gente se cansaría de ganar (por tomar prestada una frase).

Si los demócratas conservan la Casa Blanca, eso significaría que habrían gobernado Estados Unidos durante casi las dos décadas siguientes al colapso financiero de 2008, excepto por cuatro años. También demostraría que el mandato único de Trump fue realmente una "aberración", como dijo Joe Biden.

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Este escenario es aún más seductor para los demócratas, teniendo en cuenta el probable panorama económico de Estados Unidos en 2024. Si no fuera por Trump y una serie de candidatos caricaturescamente trumpianos, la ola roja republicana probablemente habría llegado. Dentro de dos años, Estados Unidos probablemente se habrá recuperado de la recesión que se espera para el próximo año. La inflación estará bajo control. Hacer que Trump vuelva a ser un perdedor sería la cereza del pastel.

Pero sería un error pensar que se acaba de matar al Kraken americano. Ese mítico monstruo marino que llegó a representar el ídolo de Estados Unidos no ha desaparecido. Necesita una nueva figura.

No hay razón para pensar que la desaparición de Trump le devolverá el partido a los republicanos de club de campo a los que él desterró. Potenciales rivales como Ron DeSantis, el reelecto gobernador de Florida, Mike Pompeo, exsecretario de Estado de Trump, y Glenn Youngkin, gobernador de Virginia, estarían compitiendo para liderar el movimiento Maga [por Make America Great Again], no para abolirlo. El camino para derrotar a Trump pasará por el trumpismo.

Desplazar a Trump sin alienar a su base requerirá destreza. Si los rivales de Trump no tienen el valor de golpear primero, él lo hará por ellos. Ya se ha acostumbrado a atacar a DeSantis como un ingrato sin talento y a decir cosas extrañas sobre Youngkin. La esencia de sus ataques es que le deben sus victorias a él. 

Al final, la instigación de Trump provocará lo que él teme: que sus rivales salgan a competir. Esto supondría una novedad para la política estadounidense: que tu rival lance inadvertidamente tu campaña por ti. Es difícil ver cómo la próxima guerra por el manto de Trump beneficiará a la marca republicana.

Los sabios advierten que no hay que descartar a Trump demasiado pronto. Su obituario prematuro se ha escrito con demasiada frecuencia. Casi nadie pensaba que sobreviviría a las consecuencias del fallido golpe de Estado del 6 de enero del año pasado. Sin embargo, ha doblegado al partido a su voluntad.

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Al lanzar una campaña para 2024 que gira enteramente en torno a agravios personales, Trump está escribiendo su propio obituario. Su discurso está casi completamente desprovisto de los llamados que hizo en 2016 al "estadounidense olvidado" (al que parece haber olvidado). La carrera política de Trump llegará a su fin en las agresivas primarias republicanas que están a punto de comenzar o a través de una derrota en las elecciones generales.

Los demócratas están reservando asientos en primera fila. El primer acto será la inserción de Trump en la segunda vuelta de las elecciones al Senado de Georgia del próximo mes entre Herschel Walker -la exestrella del fútbol americano y el más trumpista de los candidatos- y Raphael Warnock, el senador demócrata. 

Trump ya fue derrotado en Georgia, estando muy cerca de la victoria: en los dos ballottages perdidos el año pasado que le dieron el control del Senado estadounidense a los demócratas. Al insistir en que las elecciones estaban amañadas, redujo la participación de los republicanos y le dio la victoria a los dos demócratas. Esta vez, lo que pase en Georgia es menos decisivo, ya que los demócratas ya tienen los 50 escaños del Senado que necesitan. Una victoria de Warnock le recordaría a los republicanos, sin embargo, que Trump es su capricho más caro.

Es posible, incluso probable, que el único papel de Trump ahora sea dejar a su partido en la ruina. Ese sería el sueño demócrata. Sin embargo, los resultados de las elecciones de medio término apuntan a una narrativa menos reconfortante para los demócratas. Todavía hay un camino hacia la victoria para los trumpistas con bisagras. Su objetivo es canalizar el atractivo trumpista -el odio a las élites liberales de Estados Unidos, el resentimiento hacia la América corporativa- sin el capricho de su tocayo. El Kraken está esperando un nuevo campeón que lo libere de su jaula.

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