

En México, cuatro marcas japonesas tienen armadoras de autos y dos de ellas están en una profunda crisis.
Nissan, Honda, Toyota y Mazda son las cuatro empresas de origen japonés que tienen plantas que arman sus unidades en México, la mayor parte de las cuáles se producen para exportar hacia Estados Unidos.

Si bien Honda y Toyota se mantienen con niveles estables y hasta con crecimiento, Nissan y Mazda han recibido un duro golpe, debido a las políticas arancelarias de Donald Trump.
Mazda ve caída de 31.5% en producción
Mazda tiene una planta en México, ubicada en Salamanca, Guanajuato, que fue inaugurada en 2014.
La empresa nipona es propiedad compartida entre Toyota, Sumitomo Mitsui Financial Group y MS&AD Insurance Group, y cuenta con más de 10 años en México.
Pero esta compañía es la que ha registrado la peor caída de la industria de vehículos ligeros en términos porcentuales, con una contracción de 31.5% de producción entre el primer trimestre de este año y el mismo lapso de 2025.
De acuerdo con el Registro Administrativo de la Industria Automotriz de Vehículos Ligeros (RAIAVL) del Inegi, entre enero y marzo de este año, Mazda produjo 39,217 unidades, contra 57,324 unidades en 2025.

Mazda envía aproximadamente 70% de su producción a Estados Unidos, pero los aranceles de 25% impuestos a la industria automotriz mexicana le han pegado a la viabilidad financiera de la empresa para mantener la producción y la competitividad en el segundo mercado más grande del mundo, incluso con el Tratado México-Estados Unidos-Canadá (TMEC).
Nissan: los problemas de un gigante
La otra marca japonesa que ha sufrido una profundización de una tormenta perfecta a partir de los aranceles de Trump es Nissan.
El caso de esta empresa es todavía más doloroso para la industria mexicana, no solo porque se trata de la segunda armadora más grande del país, solo por detrás de General Motors, sino que es una de las de mayor tradición, pues tiene presencia en México desde 1966, también por detrás de GM, que llegó a México en 1937.
La historia del gigante nipón arrancó 2026 con el pie izquierdo, pues a finales del primer trimestre de este año la empresa bajó la cortina en su planta de CIVAC en Jiutepec, Morelos.
La planta de Jiutepec fue la primera que abrió la empresa en México, y apenas en 2025 apuntaba a alcanzar su máxima capacidad, establecida en 160 mil unidades por año. En 2024, la planta logró su máxima producción, al alcanzar 122,230 unidades anuales.
No bien pasó un año y un trimestre, esa misma planta bajó la cortina.
El impacto no se limita a eso, Nissan ya planea vender una de sus dos plantas en Aguascalientes, siendo las chinas Geely y BYD los potenciales compradores interesados.
Sus números no mienten: en el primer trimestre de este año, la empresa produjo 124,351 unidades, mientras que el año anterior se ubicó en 171,192 unidades, un golpe de 27.5% en apenas 365 días.
Pero la crisis de Nissan no es solo en México. Desde el año pasado, la empresa enfrentó una dura realidad: la pérdida global de u$s 4,500 millones en el primer trimestre, y su peor crisis financiera desde que fue rescatada por Renault, y de la mano del brasileño Carlos Goshn, a finales de 1990.
Desde mayo del año pasado, el CEO global de Nissan, el mexicano Iván Espinosa, anunció un plan de austeridad severo para salvar a la automotriz nipona de la quiebra, que incluye la venta del edificio sede histórico, ubicado en Yokohama, Japón.
Así, la política arancelaria de Trump, que implica una cuota de 25% sobre los autos ligeros que no cumplen con el contenido regional, vino a poner la cereza de un amargo pastel que amenaza con bajar la cortina de dos de las tres plantas de una de las automotrices de mayor tradición en México.















