Durante décadas, la economía de las islas Malvinas dependió principalmente del calamar y de la cría de ovejas.

Sin embargo, ahora la posibilidad de un boom petrolero amenaza con transformar al pequeño territorio de ultramar, y con reavivar las tensiones de soberanía entre Argentina y el Reino Unido.

Ya comenzó la construcción de la infraestructura necesaria para perforar Sea Lion, un yacimiento petrolero ubicado 220 km al norte de las Malvinas. Se espera el primer petróleo en marzo de 2028, con un máximo de 50.000 barriles diarios hacia 2032.

Aunque es relativamente pequeño entre los proyectos petroleros offshore, Sea Lion tiene el potencial de triplicar el PBI actual de las Malvinas.

El pico de impuestos y regalías proyectado por los dueños de Sea Lion —la israelí Navitas Petroleum y la británica Rockhopper— equivaldría a unas £80.000 anuales (u$s 106.000 por cada uno de los aproximadamente 3.500 isleños.

“Muchos pensaron que esto era un elefante blanco, que nunca iba a pasar, pero Navitas parece estar superando ese cansancio”, dijo Stirling Harcus, presidente de la cámara de comercio de las islas. “Pasar a la fase de producción va a ser transformador para las Malvinas”.

El avance de Sea Lion enfureció a Argentina, ubicada a 480 km del proyecto, que reclama la soberanía de las islas y libró una guerra de dos meses contra el Reino Unido por ellas en 1982.

Las grandes petroleras se mantuvieron alejadas de las Malvinas, en parte por el riesgo geopolítico derivado de la disputa de soberanía. Los desplomes del precio del petróleo en 2014 y 2020 hundieron dos intentos anteriores de pequeñas empresas por desarrollar el mismo yacimiento.

El presidente de derecha Javier Milei calificó en abril a Sea Lion como un intento “unilateral e ilegítimo” de “avanzar sobre recursos que le pertenecen a Argentina” y prometió gestiones diplomáticas para frenarlo.

Para el gobierno de las Malvinas, los ingresos petroleros financiarían actualizaciones muy necesarias de la deteriorada infraestructura de las islas. El territorio sufrió reiterados cortes de luz en los últimos años y puso en marcha proyectos simultáneos para construir una nueva central diésel, turbinas eólicas, una planta de residuos y un puerto, con un costo conjunto de u$s 350 millones.

“Necesitamos asegurar más ingresos para las islas”, dijo Cheryl Roberts, integrante de la asamblea legislativa de ocho miembros de las Malvinas. “Nunca estuvimos tan cerca como ahora”.

Si bien Sea Lion alcanzó en diciembre su decisión final de inversión para la fase de producción —una primera vez para las Malvinas—, los analistas advierten que los altos costos fijos del remoto desarrollo offshore siguen haciendo al proyecto sensible a los cambios en el precio del petróleo y a los sobrecostos.

El prometido boom petrolero llega mientras el Reino Unido lidia con la declinación de sus propios yacimientos del Mar del Norte. La producción británica en el Mar del Norte cayó 80% desde 2000 y los funcionarios postergaron la autorización de nuevas licencias por la política climática.

Navitas proyecta que los ingresos fiscales anuales generados por Sea Lion, principalmente impuestos corporativos y regalías, alcanzarán un pico de £280 millones (u$s 374 millones) en 2034. De concretarse, las islas recibirían más ingresos anuales por petróleo y gas que el propio Reino Unido, donde se espera que los ingresos caigan a £100 millones (u$s 134 millones) hacia 2031.

Los legisladores de las Malvinas están discutiendo la creación de un fondo soberano para administrar el excedente. Un representante de Guyana —que pasó de ser un país de bajos ingresos al petroestado más nuevo del mundo— visitó las islas en abril para compartir consejos sobre cómo atravesar un boom petrolero.

El gobierno de las islas se comprometió, durante rondas previas de exploración, a que parte de los ingresos petroleros contribuyeran a la defensa del territorio y al mantenimiento de su guarnición del Ejército británico, que le cuesta al Reino Unido decenas de millones de libras al año.

Roberts, la integrante de la asamblea, dijo que esa idea era “una discusión que se dará con el gobierno del Reino Unido” a medida que avance Sea Lion, aunque aclaró que no se fijó “ningún cronograma específico ni ámbito acordado”.

La Cancillería británica describió a Sea Lion como una “cuestión completamente separada y no relacionada” con la defensa y agregó que los recursos naturales de las Malvinas “le pertenecen al territorio de ultramar”.

Javier Milei calificó en abril a Sea Lion como un intento “unilateral e ilegítimo” de “avanzar sobre recursos que le pertenecen a Argentina” y prometió gestiones diplomáticas para frenarlo.
Javier Milei calificó en abril a Sea Lion como un intento “unilateral e ilegítimo” de “avanzar sobre recursos que le pertenecen a Argentina” y prometió gestiones diplomáticas para frenarlo.

Los precios del petróleo cayeron a unos u$s 70 por barril en las últimas semanas, tras el cese el fuego declarado entre EE.UU. e Irán. Un informe de recursos de 2024 encargado por Navitas fijó el punto de equilibrio de Sea Lion en torno a los u$s 24 por barril, mientras que las proyecciones de recaudación fiscal de la empresa asumen un precio sostenido de u$s 74 por barril. Navitas se negó a dar una estimación actualizada del punto de equilibrio.

Aun así, ya comenzaron las obras de renovación del puerto y las instalaciones portuarias de las Malvinas. En los próximos meses llegarán partes prefabricadas para un hotel de personal de 160 camas, y este año también se construirá un helipuerto para trasladar a los trabajadores offshore.

El alcance de un eventual rechazo geopolítico sigue siendo incierto.

Grace Livingstone, historiadora y docente afiliada a la Universidad de Cambridge, dijo que Argentina “bien podría tener un caso legal” contra el proyecto, en base a una resolución de la ONU que prohíbe las “modificaciones unilaterales” del statu quo en las islas.

Todavía persiste el recuerdo de cuando Argentina convenció a sus vecinos de bloquear buques con bandera de las Malvinas en 2011 por la exploración petrolera. Protestas regionales similares podrían encarecer la logística si se repitieran. Navitas se negó a comentar dónde planea refinar el petróleo extraído en Sea Lion.

Pero Milei buscó recomponer las relaciones con Londres, y en 2025 abrió en silencio conversaciones informales sobre cooperación en defensa, con las que apuntaba a que el Reino Unido levantara las restricciones a la venta de armamento británico a la Argentina. Esas gestiones se estancaron en medio de reiterados cambios de autoridades en las carteras de Cancillería y Defensa de Milei.

En privado, funcionarios de las Malvinas y analistas del sector energético restan importancia a las recientes declaraciones de Milei y las atribuyen a un discurso de soberanía obligatorio para cualquier político argentino más que a una amenaza real.

Sin embargo, algunos funcionarios del gobierno argentino advierten sobre una mayor presión para cuestionar a Sea Lion, incluso en tribunales internacionales, a medida que el país se acerca a las elecciones presidenciales de octubre próximo. La oposición peronista acusó a Milei de bajarle el perfil al reclamo argentino sobre las islas.

Mientras tanto, los isleños se preparan para el mayor desarrollo económico desde que comenzó el régimen de licencias de pesca en 1987. Actualmente, cerca del 60% del PBI proviene de las exportaciones de productos del mar.

Ejecutivos del sector energético sostienen que el avance de Sea Lion podría impulsar el desarrollo por parte de otras empresas con licencias para perforar en aguas de las Malvinas. Navitas compró una participación del 65% en otro yacimiento offshore adyacente a Sea Lion, con el objetivo de “crear un polo regional” de desarrollo petrolero, según presentaciones de la compañía.

Se espera que unos 230 recién llegados se instalen en la capital, Stanley, en los primeros años del proyecto, lo que elevaría la población en alrededor de un 8%.

Navitas prometió crear unos 120 puestos de trabajo directos e indirectos en tierra, además de unos 240 empleos offshore, en su mayoría para trabajadores extranjeros.

Pero muchos en las islas siguen “cautelosos” ante este tipo de promesas, tras proyectos anteriores que quedaron truncos, señaló Roberts, la integrante de la asamblea.

“Por ahora es como si el tren ya hubiera salido de la estación, pero todavía estamos esperando que llegue”, agregó.