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Succession en la vida real: los herederos de Rupert Murdoch se pelean por el control del negocio

La fusión propuesta de Fox-News Corp podría presagiar un realineamiento de los intereses de los hijos de Rupert Murdoch.

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A los 91 años Rupert Murdoch bien puede ser el hombre más poderoso de los medios de información, pero durante gran parte de su carrera fracasó en un aspecto importante: no consiguió dominar el negocio familiar.

Durante unas cuatro décadas, el reino de Murdoch dependió de la buena voluntad de sus hermanas, tres mujeres australianas apartadas de la mirada pública. Hasta los años ‘90 el barón de la prensa estuvo en condiciones de ser derrotado por sus hermanas Janet Calvert-Jones, Anne Kantor y Helen Handbury.

"La mayor amenaza para Murdoch por el control de News Corp fue siempre su familia", resume Neil Chenoweth, biógrafo del magnate.

Los mismos dilemas de sucesiones, manejos compartidos y confusas lealtades familiares habrán de caer ahora sobre la próxima generación de la dinastía Murdoch. El patrimonio mediático de Murdoch es hoy mucho más pequeño que en su apogeo, pero su influencia poco ha disminuido en el mundo de habla inglesa. Con un plan en marcha por US$ 27.000 millones para reunir las dos mitades -Fox y News Corp- surge una pregunta: llegado el momento, ¿permitirá la familia que Lachlan, el hijo mayor y heredero designado, esté al frente del espectáculo?

Murdoch llegó sin grandes problemas a un arreglo operativo con sus hermanas. A pedido de su difunto padre, las hermanas dieron a Rupert un apoyo irrestricto mientras cultivaban intereses diferentes fuera de la empresa. La difunta Anne Kantor volcó millones ganados por la maquinaria mediática conservadora de su hermano en causas de izquierda, como una campaña para abolir las armas nucleares.

Solo en los años '90 se percató Murdoch de la ventaja de comprarles sus partes. News Corp estaba cargada de deudas y era vulnerable a las incursiones (los Murdoch habían confiado por mucho tiempo en contar con entre 30 y 40 por ciento de los derechos de votación para dirigir las empresas). Al asumir la propiedad completa de la tajada familiar reforzó su dominio con un precio deprimido a la vez que consolidó lo que podría dejarles a sus propios hijos.

Lachlan Murdoch, el mayor de los hijos varones de Rupert

Ello ubicó a Lachlan, director ejecutivo de Fox Corporation y copresidente de News Corp, en la misma posición en la que había estado su padre. En un mundo post-Murdoch, Lachlan podría dirigir el negocio sin tener pleno dominio de la participación familiar, cuya posesión se reparte con sus hermanos Prudence (Prue), Elisabeth (Liz) y James.

Lachlan tiene la ventaja de ser el heredero designado. Pero en algún sentido afronta mayores dificultades. Está lejos de ser seguro que sus hermanos vayan a ser tan comprensivos como las hermanas de Rupert, o que comprarles sus participaciones sea tan simple.

Marginado en la sucesión, James desprecia a Fox News, está distanciado de Lachlan y comentó a algunos amigos que está decidido a reorientar el negocio, con o sin su hermano. En este momento, si las obligaran a elegir, las lealtades de las hermanas Prue y Liz son inciertas, indican personas al tanto de la dinámica familiar.

Muchas dinastías empresarias hicieron frente a transiciones difíciles simplemente avanzando camino adelante. Y la estructura del fideicomiso que alberga los intereses de la familia favorece la continuidad antes que el cambio.

Pero miembros de la familia Murdoch bromean que los guionistas de Succession, la exitosa serie de HBO sobre una familia en disputa por un ficticio imperio mediático, no tendrán escasez de giros argumentales en las próximas temporadas. Representantes de Murdoch, Lachlan, Liz, Prue y James se negaron a hacer comentarios.

"Habrá muchos movimientos y mucha maldad, y Lachlan no conseguirá mantener el statu quo", opina un veterano asesor de Murdoch que alega que en último caso el fideicomiso será modificado. "Puedo asegurarles que el statu quo no se mantendrá".

En el horizonte ya se ven grandes cambios. Rupert y Lachlan apoyaron en octubre la creación de "comités especiales" de miembros independientes del directorio para explorar la fusión de Fox con News Corp., de modo de reunir dos entidades separadas en 2012 para crear una barrera que contuviera el escándalo por la pinchadura de teléfonos.

Los Murdoch presentan la medida como una forma de tener escala, eliminar duplicaciones y crear oportunidades de negocios. Frente a esas ganancias los riesgos parecen elevados; ya se han rebelado grandes accionistas alegando que no creen que una fusión concrete el valor pleno de las compañías.

La dinastía Murdoch

Rupert Murdoch es el segundo de los cuatro hijos de Sir Keith Murdoch. Nació en 1931 y ha dirigido las empresas familiares desde la muerte de su padre en 1952, con el apoyo de sus tres hermanas. Helen murió en 2004 y Anne en 2022.

Rupert Murdoch junto a su hijo James, quien podría disputar el liderazgo de Lachlan

En 1956 Murdoch se casó con Patricia Booker. Tuvieron una hija, Prudence, nacida en 1958, que se casó con Alasdair MacLeod, quien hasta 2010 trabajó para Rupert Murdoch en Australia.

En 1967 Murdoch se casó con la periodista Anna Torv. Tuvieron tres hijos: Liz en 1968, Lachlan en 1971 y James en 1972. Estos tres hijos más su hermana mayor, Prue, tienen derechos de votación clave en el fideicomiso familiar.

En 1999 Murdoch se divorció de Anna para casarse con la directiva televisiva estadounidense de origen chino Wendi Deng. Tuvieron dos hijas: Chloe y Grace. Son beneficiarias del fideicomiso familiar pero no tienen derechos de votación.

Un veterano subordinado de Rupert afirma que la historia indica que los Murdoch tienen mucho en juego: en el pasado las transformaciones empresarias anticiparon realineamientos en los fideicomisos o compras a familiares.

Sucedió en los años ‘90 cuando a la reestructuración de News Corp le siguió la recompra de la parte de sus hermanas por Rupert. A mediados de los 2000 se estableció un "comité especial" para trasladar la cotización de News Corp a Estados Unidos, poco antes de una modificación en el patrimonio de la familia. Por último está la trascendental venta de 21st Century Fox a Walt Disney, concluida en 2019, que le permitió a Murdoch entregar unos US$ 2000 millones a cada uno de sus seis hijos.

Los Roy, la familia empresaria protagonista de Sucession. Aseguran que está inspirada en el clan  Murdoch

Accionistas, asesores veteranos del magnate y miembros de la familia sondean ahora el fideicomiso familiar para discernir el propósito de la fusión entre Fox y News Corp, y de qué manera podría reformular los intereses de los hermanos.

"Todos los caminos conducen hacia allí -señaló una persona cercana a los Murdoch-. El tema siempre fue la familia. Ha empezado una batalla titánica".

El poder del fideicomiso

Los fideicomisos de los Murdoch se han extendido por casi nueve décadas, cinco generaciones y múltiples ramas familiares.

El periodista Keith Murdoch estableció inicialmente no menos de ocho "arreglos inter vivos" para sus hijos en 1936 y 1937, con lo que fijó una norma elevada de complejidad y eficiencia impositiva que desde entonces ha sido adoptada por su hijo Rupert y sus descendientes.

Los nombres de las entidades cambiaron a lo largo de los decenios, lo mismo que los domicilios. Pero los activos básicos del fideicomiso principal se han mantenido constantes: la finca familiar Cruden cerca de Melbourne, la colección de arte de Rupert y las acciones en las compañías de Murdoch, que incluyen decenas de diarios, Dow Jones, Fox News y la editorial HarperCollins.

Una entidad familiar -que hoy se llama Cruden Financial Services- administra decisiones clave y los derechos de votación de las acciones. Murdoch continúa con el mando efectivo. Pero desde 1999 se ha visto limitado. Cuando en 1999 dejó a su segunda esposa, Anna, por Wendi Deng, el acuerdo de divorcio fijó condiciones inalterables para ceder la riqueza de Murdoch.

En vez de buscar el monto mayor Anna demandó que los activos de Murdoch fueran colocados en un fideicomiso tanto para sus hijos -Lachlan, Liz y James- cuanto para Prue, la hija del primer matrimonio.

Murdoch explora la fusión entre Fox y News Corp. Esto podría allanar el camino de Lachlan como sucesor

El manejo del fondo es crucial. Los representantes de Murdoch tienen cuatro de los ocho votos en Cruden hasta su muerte, mientras que los designados por los hijos tienen uno cada uno.

Cruden decide por mayoría cómo votar respecto de las acciones de Fox y News Corp., indican personas al tanto de las reglas en uso; no hay normas para el caso de empate; si alguien litiga queda desheredado; y se exige un acuerdo unánime para cambiar el contrato fiduciario o para que un beneficiario venda su parte o sus votos.

En otras palabras, James, Liz Prue y Lachlan gozan de poder de veto sobre cambios fundamentales. Tal como lo admitió Murdoch en 2000, "si los chicos pelean con fuerza, todo se desplomará; no hay mecanismo que impida eso".

Se ha creado, por tanto, una situación sumamente tensa, puesto que Lachlan -cuyas ideas son más conservadoras que las de su padre, según colegas- dirige las actividades de Fox News que James considera son una amenaza para la democracia. Aunque no mencionó directamente a la cadena, en una entrevista de 2021 con FT James fustigó a las "fuerzas insidiosas" detrás del ataque al Capitolio estadounidense desatadas por "canales que propagan mentiras a la audiencia".

Cuando asuma la próxima generación el entorno de James confía en que podría conseguir el respaldo de sus hermanas para reformular las prioridades, desplazando a Lachlan de las empresas familiares si fuera necesario. "Lachlan desaparecerá, es así de simple", afirma una persona que conoce bien a James, a la hora de conjeturar cómo votará el fondo respecto de las designaciones empresarias.

Otros son más escépticos. Prue, que no ha acompañado a los demás en el negocio familiar, mantiene buenas relaciones con todos los bandos. "Está en Suiza", informa un amigo de la familia.

La misma descripción se aplica a veces a Liz, quien como directiva de medios está más cerca del rubro familiar. Pero si bien ha demostrado tener una mirada más progresista que la de su padre, ha mantenido sus lealtades en reserva. En la fiesta de verano más reciente de News Corp en Londres, un invitado detectó que Rupert estaba escoltado por Lachlan, Liz y Prue. Solo faltaba James.

En 2017 21st Century Fox pasó a manos de Disney por u$s 52.400 millones. Bob Iger, CEO de la compañía del ratón, anunció el acuerdo con una foto junto a Rupert Murdoch.

Si el objetivo es la armonía familiar, no hay buenos augurios. Raffi Amit, profesor en la escuela de negocios de Wharton que estudia administración de la riqueza a través de generaciones de empresas familiares, advierte que los Murdoch parecen haber "caído en todas las trampas posibles". "¿Por qué? Porque no tienen una visión compartida de lo que quieren conseguir como grupo", aclara.

La conformación del fideicomiso ya causó una de las grandes disputas de la familia. Murdoch tuvo dos hijas con Wendi -Grace en 2001 y Chloe en 2003- y pronto solicitó que les dieran una participación igualitaria en el fondo. Los hijos mayores se resistieron; un ayudante de la época recuerda que Murdoch quedó "destruido". "Se había pasado la vida protegiendo su fortuna y no podía compartirla como quería", acotó.

En 2006 al final se llegó a un acuerdo. A cada hijo se le entregó entre US$ 100 millones y US$ 150 millones y Chloe y Grace fueron incorporadas el fondo, pero como beneficiarias sin voto.

Hubo otro intento serio por modificar el equilibrio de poder. Después de que Murdoch vendiera 21st Century Fox a Disney, el fideicomiso familiar exploró opciones de comprar la parte de James, señalan personas vinculadas al tema en la época. Pero al final el plan fracasó ante la preocupación de que dejaría al fondo con deudas.

Existen disposiciones para reconstituir el fideicomiso en cierto momento, que harían a un lado los votos de Rupert, incluso si estuviera aún con vida, indican varios asociados de Murdoch. Las versiones difieren en el momento; una persona comentó que todavía falta una década.

Pero no hay cláusulas para modificar en el futuro cercano el equilibrio entre los cuatro hijos mayores, acotaron tres personas familiarizadas con los arreglos. Grace y Chloe no tendrán opinión formal respecto del manejo del fondo por al menos otros diez años.

Rupert junto a sus hijos Lachlan (izquierda) y James (derecha)

Al margen de las alianzas que surjan en la tercera generación, una cosa es segura; el statu quo favorece a Lachlan. Basta el apoyo de uno de los hermanos para bloquear el uso de acciones empresarias en su contra. El peligro sería el empate: si dos hermanos unen fuerzas contra Lachlan podrían lograr que el fideicomiso pierda la capacidad de ejercer los derechos de voto en News Corp y Fox.

Lo que deja a Lachlan una plataforma funcional aunque inestable, que podría reforzar comprando la parte de un hermano y sumando su voto.

Significado de un acuerdo

El plan de recombinar Fox y News Corp desató rumores intrigantes en Murdochland: ¿era la primera movida de una jugada más grande para transformar los intereses de la familia y cimentar la posición de Lachlan?

La razón hecha pública pretende eliminar la duplicación de gerencias y forjar más cooperación en publicidad y apuestas deportivas digitales. La compañía unificada de US$ 27.000 millones también tendrá más escala para buscar adquisiciones.

Pero analistas, accionistas y algunos directivos de alto nivel están convencidos de que hay algo más. "No creemos que (la fusión) sea el final", señala Robert Fishman, analista en SVB MoffettNathanson.

Lachlan es la fuerza motriz. Hay una ventana de oportunidad para reestructurar: su padre sigue al mando de Cruden, que aporta el 40 por ciento de los derechos de voto en Fox y News Corp.. Ese es un prerrequisito esencial en cualquier acuerdo. "La fusión está preparando las cosas para el control (de Lachlan)", señala un asesor que trabaja con los Murdoch.

Lo cual implica que el principal obstáculo para Lachlan no es la familia sino los otros grandes accionistas. Inversores importantes como T Rowe Price o Independent Franchise Partners ya se pronunciaron en contra de una fusión directa, mientras que inversores activistas como Irenic Capital intervinieron acumulando demandas.

Conseguir la aprobación de los accionistas será complicado. Como mínimo, Lachlan necesita la mayoría de los tenedores no familiares de papeles clase B, que tienen derechos de voto más potentes. Pero si News Corp no llega al 60 por ciento de la entidad combinada -hoy representaría el 40 por ciento según la capitalización de mercado- entonces también votarán los accionistas clase A. Imponerse allí sería arduo: la participación de la familia Murdoch en las dos clases de acciones es inferior al 15 por ciento.

Algunos inversores están convencidos de que el patriarca tiene más cartas para jugar. "De ninguna manera sucederá lo que se propone", asegura un importante accionista en Fox y News Corp.. "Si eso no sucede, ¿entonces cuál es el plan?"

La sospecha de que venderán activos abunda en Wall Street. "Ahí hay mucho valor y varios activos no tienen que estar juntos", opinó otro accionista significativo en News Corp.. "Las piezas con cambiantes. Eso crea oportunidades para resolver dilemas, si es que quieren hacerlo".

Encabezando la lista de posibles desprendimientos está la participación del 61 por ciento de News Corp en la empresa de bienes raíces australiana REA Group. Empezó como una apuesta poco ortodoxa de Lachlan en 2000 y desde entonces creció hasta convertirse en un negocio con un valor de mercado de US$ 10.000 millones. Hay compradores interesados y no es central en el imperio Murdoch. La única contra posible, señalan colegas, es que Lachlan reivindica su resistencia en el pasado al pedido de James de que vendiera.

Opciones más drásticas podrían incluir la incorporación de un socio de capitales privados, o el desprendimiento de Dow Jones, la división que incluye al Wall Street Journal, o de Fox News, la parte más rentable del imperio Murdoch. Hay toda clase de rumores sobre ambas entidades, pero empleados actuales y pasados ven con escepticismo que Murdoch tolere una jugada de ese tipo.

Cualquiera sea la opción, gente cercana al proceso piensa que Lachlan y su padre afrontan una elección ineludible sobre el futuro del imperio: vender activos o hundir el plan de fusión.

Unidos

Los desprendimientos podrían allanar el camino para que Lachlan refuerce su posición dentro del fideicomiso mediante una recompra o un canje de acciones.

Pero la transacción tendría que ser considerable; la parte de James podría llegar a US$ 1000 millones si se toma en cuenta la prima de control. También está en duda que James quiera vender; algunos amigos afirman que nada lo convencería en virtud de lo que está en juego.

"Estos cuatro chicos seguirán juntos", arriesga Claire Enders, analista de medios que lleva décadas estudiando al imperio Murdoch. "No necesitan el dinero".

Su idea es que la verdadera pregunta para la próxima generación será el futuro de los activos débiles, como los diarios en Australia y el Reino Unido.

Los amigos dicen que Murdoch está en buen estado para ser un hombre de 91 años; físicamente está más débil pero su mente es afilada como un clavo. Su memoria sigue atemorizando al personal y la política lo cautiva como siempre.

Es sabido que cuando le preguntaron por la sucesión, Murdoch bromeó que su intención era "vivir para siempre". Pero si hubiera de permanecer en lo que legará, la estructura del fideicomiso le deja pocas opciones para fomentar la armonía familiar. Su legado está atado.

Una solución posible aunque sumamente improbable fue sugerida en 1988 por Anna Murdoch Mann, la segunda esposa de Rupert y madre de Lachlan, Liz y James. Su novela Family Business sigue la vida de Yarrow Maclean, un barón de medios de tercera generación que se pregunta cómo legar su imperio.

Cansado de las disputas entre sus hijos, que culminan cuando el heredero elegido trata de comprar la parte de sus hermanos, Yarrow toma la decisión fatídica de imponerse a todos y vender el imperio. "Era más difícil mantener la lealtad en la familia que conservar el dinero o el amor", escribió Murdoch Mann.

La versión original de esta nota se publicó en el número 351 de revista Apertura.

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