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Por qué no hay que dar por sentado que China va a ser la mayor economía del mundo

Los mercados tienen que reconocer que el país no va a volver a su viejo manual económico y financiero.

Los economistas y los analistas de Wall Street se han mostrado decepcionados por los resultados económicos de China, y tienen la esperanza de que esto empuje al Gobierno a hacer un esfuerzo de estímulo similar al de 2008.

Esto, a su vez, revitalizaría el crecimiento interno y restauraría a China como motor clave de la expansión mundial. Sin embargo, lo más probable es que el crecimiento siga siendo débil. La principal cuestión política ahora es la rapidez con la que el Gobierno abandonará las medidas de estímulo en favor de una revisión fundamental más rápida de su estrategia de crecimiento.

Los decepcionantes resultados económicos de China en lo que va de 2023 pueden atribuirse a dos factores principales: una recuperación mediocre tras la relajación de las estrictas restricciones por la política de Covid cero, y desafíos de crecimiento más persistentes y estructurales. Estos últimos son el resultado de una estrategia económica que históricamente se ha basado en exceso en el sector inmobiliario, el elevado endeudamiento local, la ineficiencia de las empresas estatales, la producción de gama baja y las plataformas nacionales de ecommerce.

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Este problema se ha visto exacerbado por varios factores, como la extralimitación regulatoria, las tensiones geopolíticas presentes y la menor afluencia de inversión extranjera directa. También ha habido preocupación por una posible trampa deflacionista al estilo de Japón, especialmente a la luz de la caída de los precios al consumo y al productor. Algunos inversores extranjeros se han preguntado si "China es invertible".

Las autoridades chinas han anunciado en las últimas semanas una serie de pequeñas medidas monetarias, fiscales y regulatorias para impulsar la economía y los mercados. Hasta ahora, estas medidas se han percibido correctamente como fragmentadas y carentes de convicción. Sin embargo, muchos siguen creyendo que terminarán por acumularse en una masa crítica de impacto. Pero esta opinión plantea problemas.

China no sólo se enfrenta a desafíos de crecimiento, sino también a importantes problemas financieros, incluidas áreas de elevado endeudamiento que podrían transformarse fácilmente en riesgos sistémicos. Esto limita las posibilidades de un estímulo tradicional. La mayor sensibilidad que rodea a un sector inmobiliario en dificultades, en particular, hace que los hogares sean más cautos con respecto al gasto, lo que disminuye aún más un motor de crecimiento. Persiste la preocupación por el desempleo entre los jóvenes, algo a lo que no ha ayudado la decisión del Gobierno de suspender la publicación de los datos pertinentes.  

Las perspectivas del comercio exterior y la inversión son igualmente problemáticas. Cada vez es más patente la probabilidad de que continúe la separación económica y financiera entre China y Estados Unidos. Esto podría reducir la contribución de las exportaciones al crecimiento, afectar a la importación de insumos industriales cruciales, socavar la inversión extranjera directa y hacer que los inversores de cartera se muestren aún más recelosos.

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La voluntad de las autoridades también está en entredicho. Un análisis minucioso de las declaraciones de los dirigentes apunta a la preocupación de que una dependencia excesiva de las medidas de estímulo tradicionales ponga en peligro la capacidad de China para escapar de la trampa común del desarrollo que supone quedarse estancados en los sectores de ingresos medios. Este escollo ya ha frenado a muchos países en desarrollo en su intento de unirse a las filas de las economías avanzadas. Un estímulo de enormes proporciones también aumentaría el riesgo de corrupción.

Es probable que las autoridades sigan limitándose a recurrir a pequeñas medidas de estímulo mientras tratan de comunicar mejor su intención de acelerar la transición hacia nuevos sectores de crecimiento (como la industria manufacturera de mayor valor añadido, la energía verde, la salud, la inteligencia artificial, la supercomputación y las ciencias de la vida). Este modelo de crecimiento renovado requiere tiempo e implica destrucción creativa, especialmente a corto plazo. Además, las autoridades tendrán que plantearse medidas más contundentes de reestructuración de la deuda que, inicialmente, también restan crecimiento.

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Es hora de que los mercados reconozcan que China no está volviendo a su antiguo manual económico y financiero, y que su regreso como poderoso motor del crecimiento económico mundial es improbable en un futuro próximo. Es posible que los resultados económicos sigan siendo mediocres durante el resto de 2023 y la primera mitad de 2024.

Mirando más allá de este periodo, las perspectivas tampoco son nada tranquilizadoras. El difícil proceso de reorientación de la economía china ante las actuales tensiones geopolíticas y la complejidad de la construcción de un orden internacional alternativo plantea importantes obstáculos. Las autoridades también tendrán que superar su ahora abrumadora inclinación hacia la centralización y, en su lugar, permitir pero no microgestionar la emergencia de potentes motores de crecimiento del sector privado. A pesar de lo que muchos sigan diciendo, ya no es un hecho que China vaya a convertirse en la mayor economía del mundo.

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