Por qué los presidentes de América latina se niegan a enviar armas a Ucrania

La tradición de no intervencionismo llevó a los líderes de izquierda de la región a desairar los pedidos de Estados Unidos y Europa.

La oferta de Estados Unidos sonaba atractiva: si los países latinoamericanos donaban a Ucrania sus viejos equipos militares de fabricación rusa, Washington lo sustituiría por armamento estadounidense superior.

Pero lejos de aceptar la propuesta, revelada el mes pasado por la general Laura Richardson, jefa del Comando Sur de EE.UU., los líderes latinoamericanos se alinearon para denunciarla.

"Así terminen como chatarra en Colombia, no vamos a entregar armas rusas para que se las lleven a Ucrania a prolongar una guerra", respondió el presidente colombiano de izquierda, Gustavo Petro. "No estamos con ninguno de los dos bandos. Estamos por la paz".

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"Brasil no tiene ningún interés en entregar municiones para ser utilizadas en la guerra entre Ucrania y Rusia", dijo el presidente Luiz Inácio Lula da Silva. "Brasil es un país de paz. En este momento, tenemos que encontrar a los que quieren la paz, una palabra que hasta ahora se ha utilizado muy poco".

La vecina Argentina adoptó una línea similar. "Argentina no va a cooperar con la guerra", dijo un vocero del Ministerio de Defensa. "No corresponde cooperar enviando armas al conflicto en Europa".

Preguntado sobre si algún país latinoamericano había aceptado la oferta de Washington, José Ruiz, portavoz del Comando Sur, dijo que era "nuestra política no revelar los detalles de las conversaciones privadas en curso con nuestros socios democráticos, discutir detalles sobre los recursos de defensa de otras naciones soberanas, o especular sobre cualquier apoyo a Ucrania".

El canciller alemán, Olaf Scholz, aparentemente también se fue con las manos vacías de una reciente visita a Brasil, Argentina y Chile, después de que Lula rechazara una petición de reventa de munición de tanque a Berlín para su uso en Ucrania y de que el presidente argentino, Alberto Fernández, rechazara el envío de armas a Europa. El presidente de Chile, Gabriel Boric, cuya coalición de izquierda incluye a comunistas pro-Moscú, sólo ofreció a Kiev ayuda para la limpieza de minas.

La falta de voluntad de América latina para proporcionar armamento a Ucrania contrasta fuertemente con la de los países europeos como Gran Bretaña, que han estado a la vanguardia de los esfuerzos para suministrar armas modernas a Kiev. La semana pasada, Londres prometió estudiar el envío de aviones de combate a Ucrania.

Los ejércitos latinoamericanos podrían proporcionar armas valiosas a Ucrania. Los ejércitos de Chile y Brasil utilizan el prestigioso tanque Leopard, de fabricación alemana, que Kiev está buscando.

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Colombia, Perú, México, Argentina, Brasil y Ecuador han comprado helicópteros de transporte MiG de fabricación rusa y, en algunos casos, misiles tierra-aire o misiles antitanque rusos, equipos compatibles con los utilizados por el ejército ucraniano. Se dice que Perú dispone de aviones militares MiG y Sukhoi en buen estado.

Sin embargo, los presidentes de izquierda de América latina ven el conflicto en Ucrania de manera diferente a los estadounidenses o europeos.

Casi ninguno ha llegado a alinearse con los tres leales aliados latinoamericanos de Moscú: Cuba, Nicaragua y Venezuela. La mayoría ha condenado enérgicamente el ataque de Rusia a Ucrania. Pero discrepan con Washington y Bruselas sobre cómo poner fin a la guerra, afirmando que se debería hacer hincapié en un alto el fuego inmediato sin condiciones previas, en lugar de suministrar armas.

"No creo que enviar armas para prolongar un conflicto tenga apoyo en América latina", le dijo Marcelo Ebrard, ministro de Asuntos Exteriores de México, al Financial Times.

"Tampoco parece muy inteligente porque los costos van a ser muy altos para la Unión Europea, para Rusia y hasta cierto punto para todos los demás... la inclinación que veo en América latina... es tratar de buscar o imaginar cómo podría haber una solución política a este conflicto".

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, criticó públicamente a Scholz por aceptar el envío de tanques Leopard a Ucrania, afirmando que Berlín se había visto obligado a hacerlo en contra de los deseos de la mayoría de los alemanes "por la presión de los medios de comunicación alemanes".

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Christoph Heusgen, director de la Conferencia de Seguridad de Múnich, dijo que veía "cierta equidistancia en algunos países latinoamericanos" respecto a Ucrania.

"Lo ven de forma diferente: como una extensión del conflicto este-oeste, como Rusia contra EE.UU., o Rusia contra Europa", dijo. "Y mi punto es que no se trata de este contra oeste, se trata de una violación de la Carta de la ONU, una violación del orden basado en reglas".

Las críticas de López Obrador y Petro a los envíos de armas occidentales a Ucrania fueron elogiadas por las embajadas rusas en sus respectivos países. Pero diplomáticos y expertos en política exterior señalan que se inscriben en una larga tradición latinoamericana de no injerencia en los asuntos de otros países.

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María Ángela Holguín, exministra de Asuntos Exteriores de Colombia, dijo que la guerra de Ucrania había reavivado en América latina recuerdos indeseados de la guerra fría entre EE.UU. y la Unión Soviética.

"La región está volviendo a su postura no alineada", afirmó. "Estos países también sienten que China y Rusia podrían ofrecerles un apoyo útil en el futuro, por ejemplo en caso de distanciamiento de EE.UU., por lo que no quieren entrar en confrontación con ellos".

También hay un imperativo económico detrás de la postura de los líderes latinoamericanos. Al igual que otras regiones en desarrollo, América latina se ha visto duramente afectada por el aumento de los precios mundiales de combustibles y fertilizantes desde el comienzo de la guerra y quiere que los combates terminen lo antes posible.

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Celso Amorim, ministro de Asuntos Exteriores en anteriores gobiernos de Lula y todavía un influyente asesor, dijo que la negativa de Brasil a suministrar armas a Ucrania no estaba relacionada con la necesidad del crucial sector agrícola de fertilizantes rusos.

"Es una cuestión de paz y de cómo creemos que podemos llegar a negociar", dijo. "Brasil ha sido mencionado por varios países como posible intermediario debido a su papel en los BRICS. Brasil no quiere descalificarse de ninguna negociación que pueda emprender".

Los sondeos de opinión sugieren que los líderes latinoamericanos están en sintonía con sus pueblos en esta cuestión.

Alrededor del 73% de los latinoamericanos encuestados por Ipsos el año pasado "afirman que su país no puede permitirse prestar apoyo financiero a Ucrania, dada la actual crisis económica", declaró Jean-Christophe Salles, Director General para América latina de la encuestadora.

"Dos países importantes, Argentina y México, son particularmente contrarios a cualquier apoyo a Ucrania, y una mayoría afirma que los problemas de Ucrania no son asunto suyo".

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