El domingo va a elecciones

Italia podría tener el primer gobierno de extrema derecha desde Benito Mussolini: qué significa para Europa

Todo indica que la coalición de Giorgia Meloni (Hermanos de Italia), Matteo Salvini (La Liga) y Silvio Berlusconi (Forza Italia) ganará las próximas elecciones. Meloni y Salvini son feroces euroescépticos, pero tanto Roma como Bruselas necesitan que la relación siga funcionando.

Cuando las facturas de energía de los hogares europeos se dispararon al comienzo de un verano muy caluroso, el primer ministro italiano, Mario Draghi, planteó los sacrificios que pedía a los italianos en nombre de Ucrania como una dura elección. "¿Quieren la paz?", preguntó en abril, "o quieren el aire acondicionado".

Ahora, tras el prematuro colapso de la coalición multipartidista de Draghi en julio, los italianos se disponen a votar a un nuevo gobierno cuya voluntad de someterlos a más trastornos económicos y sacrificios está en duda.

Si los sondeos son correctos, Italia saldrá de sus elecciones generales del domingo con un nuevo gobierno de extrema derecha dirigido por la ultraconservadora Giorgia Meloni, líder de Hermanos de Italia. Ella y su aliado populista Matteo Salvini, jefe de la Liga, parecen estar preparados para una victoria decisiva sobre una centro-izquierda profundamente dividida.

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Sería el primer experimento de Italia con un gobierno de extrema derecha desde el dictador fascista Benito Mussolini, tras 69 gobiernos ideológicamente diversos desde la Segunda Guerra Mundial. Muchos italianos temen que se restrinjan las libertades personales y se reduzca el espacio para la democracia. Otros temen que los comparativamente inexpertos Hermanos de Italia, que se prevé lideren la coalición, carezcan de la competencia técnica necesaria para conducir a Italia a través de sus actuales desafíos económicos.

Los responsables políticos en Bruselas y Washington, así como en Moscú, también observarán de cerca si la coalición de derecha -con sus fuertes inclinaciones nacionalistas y su histórica hostilidad hacia la Unión Europea- tendrá la fortaleza necesaria para mantener el fuerte apoyo de Italia a Ucrania, o si su ascenso traerá nuevas fricciones a la relación de Roma con Europa.

"Italia podría crear verdaderos problemas a la UE", dice Stefano Stefanini, exembajador de Italia en la OTAN.

Tanto Meloni -una incendiaria conservadora cuya carrera política comenzó como activista adolescente en el ala juvenil del neofascista Movimiento Social Italiano-, como Salvini, que era un ferviente admirador del presidente ruso Vladimir Putin, son euroescépticos.

Han criticado duramente a la UE -Meloni ha calificado a los burócratas de Bruselas de agentes de "élites globales nihilistas impulsadas por las finanzas internacionales"- y ambos han coqueteado con la salida del euro, aunque últimamente han silenciado su retórica hostil.

Mientras que Meloni ha prometido continuar con las políticas de Draghi de apoyo militar a Ucrania y la línea dura a las sanciones a Rusia, Salvini en la campaña se ha quejado públicamente del costo que las sanciones están causando en la economía de Italia.

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"Europa eligió imponer sanciones después de la guerra. Está bien, pero el precio de las sanciones no puede ser pagado por las familias y las empresas italianas", dijo Salvini a sus partidarios en el Lago Como. "Las medidas que Europa ha impuesto no están poniendo de rodillas a los que desencadenaron la guerra: Putin, los ministros, los oligarcas, los generales. ¿Quién está pagando las sanciones? Ustedes".

A pesar de todas las promesas tranquilizadoras de Meloni sobre la continuidad y la agitada retórica de Salvini, los analistas dicen que la verdadera prueba para el nuevo gobierno estará en los próximos meses, mientras la UE trata de elaborar una respuesta coordinada a las cambiantes condiciones del campo de batalla, y el G7 martillea detalles específicos sobre políticas tan complicadas como el límite del precio del petróleo.

"El nuevo gobierno italiano será juzgado por los hechos, no por las declaraciones durante la campaña", dice Stefanini. "No es tan sencillo como mantener la línea de las sanciones existentes. Se tratará de cuál es la línea del nuevo gobierno sobre los nuevos acontecimientos, donde habrá que tomar nuevas decisiones".

Pero, advierte Stefanini, "no mantener la línea le costaría a Italia tanto su relación con la UE como con Estados Unidos, y ese es un precio que Italia no puede permitirse".

Italia depende de un paquete de 200.000 millones de euros de la UE para ayudar a relanzar su economía de bajo rendimiento crónico, y se enfrenta dudas sobre la sostenibilidad de su deuda soberana de casi u$s 3000 millones. En conjunto, los analistas italianos esperan que estos factores mantengan al nuevo gobierno del lado de las principales potencias europeas, como Francia y Alemania, y frenen sus impulsos de confrontación.

Italia es especialmente vulnerable cuando el Banco Central Europeo (BCE) endurece su política monetaria. Para beneficiarse de un nuevo plan de compra de bonos del Estado por parte del BCE, destinado a evitar que sus costos de endeudamiento se disparen aún más, Roma tendrá que cumplir sus compromisos con la UE, incluidas las reformas estructurales prometidas como parte del programa de recuperación tras la pandemia.

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"En el fondo de su corazón, Meloni es una euroescéptica", afirma Nathalie Tocci, directora del Instituto Italiano de Asuntos Internacionales. "Pero el contexto no permite mucho juego, a no ser que se quiera llevar al país a la quiebra. Estamos en medio de una crisis y los mercados tienen sus ojos puestos en Italia. Van a estar pendientes de cada uno de sus pasos".

Hermanos de armas

El modo en que el nuevo gobierno afronte sus controvertidos desafíos políticos vendrá determinado en parte por el equilibrio de poder dentro de la coalición.

Los dos líderes principales están unidos en su feroz oposición a la inmigración y en su apoyo a los "valores familiares" conservadores. Pero mientras Meloni es una atlantista acérrima que aboga por fuertes políticas de seguridad nacional, la base de apoyo de Salvini incluye empresas que mantenían estrechas relaciones comerciales con Rusia hasta la invasión.

Las tensiones entre ambos -que a veces se han esforzado por ocultar su intensa rivalidad personal mientras hacían campaña juntos en busca del poder- ya han surgido.

En las últimas semanas, Salvini ha reclamado que el gobierno provisional de Draghi obtenga préstamos adicionales por valor de unos 30.000 millones de euros -el equivalente al 2% de PBI- para adoptar medidas de alivio para las empresas afectadas, aparentemente sin tener en cuenta los temores sobre los niveles de deuda de Italia, que ya son récord.

Meloni, en cambio, se ha comprometido a respetar las normas fiscales y ha pedido prudencia y cautela para mostrarse como una administradora responsable de la economía y evitar alimentar los temores del mercado a un gasto populista.

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"Quieren ser percibidos como un partido con el que se puede hacer negocios y que puede gobernar el país", dice Lorenzo Codogno, exdirector general del Tesoro italiano, sobre los Hermanos de Italia.

Se prevé que Meloni sea la líder de la coalición. Antes de que entrara en vigencia la prohibición de publicar datos de opinión pública, los sondeos indicaban que los Hermanos de Italia iban a conseguir más votos que la Liga y Forza Italia (de Silvio Berlusconi, el tercer socio de la coalición), juntos.

Pero Bruselas no debería esperar un camino fácil. Meloni también ha hablado en repetidas ocasiones de la necesidad de revisar el plan de recuperación de la UE, de 200.000 millones de euros, para tener en cuenta la crisis del precio del petróleo derivada del conflicto de Ucrania, a pesar de las advertencias de la Comisión de que el plan no puede sufrir cambios significativos. Esto, a su vez, ha suscitado la preocupación de que el programa de reforma e inversión -con fondos liberados en tramos basados en el cumplimiento de los criterios clave de reforma- pueda estancarse.

Este pesimismo y la incertidumbre sobre las perspectivas de Italia suponen un giro radical respecto al optimismo de principios de año, cuando Draghi se comprometió a ejecutar el ambicioso programa de reforma e inversión financiado por la UE y destinado a aumentar el crecimiento de Italia en el largo plazo.

Pero la invasión de Ucrania desató graves tensiones políticas en un país que durante mucho tiempo se consideró un puente entre Rusia y la UE. Rompiendo con la tradicional simpatía de Roma por Moscú, Draghi denunció enérgicamente la agresión rusa y lideró la creación de algunas de las sanciones más duras de la UE. Eso incomodó a algunos miembros de su coalición -incluido Salvini y el populista Movimiento Cinco Estrellas- que habían cultivado fuertes lazos con Putin.

La economía italiana también está sufriendo las consecuencias. La inflación se disparó hasta el 9% en agosto, el nivel más alto en 37 años, y el crecimiento se ha ralentizado a medida que los precios de la energía suben, mientras que los grupos industriales advierten sobre cierres de empresas y despidos a gran escala si no hay más intervención del Gobierno. Los inversores, por su parte, están atentos a cualquier indicio de desviación de la estricta disciplina fiscal, lo que dispararía los ya elevados costos de endeudamiento de Italia.

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Guido Crosetto, uno de los tres cofundadores de Hermanos de Italia y uno de los principales asesores de Meloni, advierte que el nuevo gobierno italiano se enfrentará a una intensa presión interna mientras sus ciudadanos se recuperan del impacto del conflicto de Ucrania, y probablemente necesitará más apoyo de Europa en los próximos meses.

"El problema de Occidente [cuando se trata de apoyar a Ucrania] no son las naciones y los gobiernos, es la opinión pública occidental", afirma Crosetto. "La gente no entiende por qué tiene que sufrir. Llegará un momento en que la gente empiece a culpar a los gobiernos. Y ese será el momento más duro para toda Europa y Occidente".

Italia primero

Muchos temen que un gobierno italiano de derecha sea también un lastre para una mayor integración europea en un momento crítico. Las principales potencias europeas se están replanteando una cooperación más estrecha en materia de Defensa y la revisión de las normas fiscales para dar a los Estados miembros más margen de maniobra para realizar inversiones que fomenten el crecimiento a largo plazo.

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  En su enfoque de Europa, Meloni tiene más en común con el líder húngaro Viktor Orbán que con las grandes fuerzas de la UE, Alemania y Francia, y parece dispuesta a ponerse del lado de otros líderes conservadores nacionalistas en sus disputas con Bruselas sobre el Estado de Derecho y las normas democráticas.

Tanto los Hermanos de Italia como la Liga votaron en contra de una resolución del Parlamento Europeo que condenaba el retroceso democrático en Hungría, mientras que Meloni defendía abiertamente la trayectoria de Orbán. "Orbán ha ganado las elecciones, varias veces incluso por un amplio margen, con todo el resto del arco constitucional alineado contra él", dijo. "Es un sistema democrático".

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Meloni también ha dicho que las leyes nacionales de los países deben tener prioridad sobre las leyes de la UE, una opinión que probablemente alarmará a Bruselas. "La manera en que nuestro sistema nacional se fusiona con el sistema europeo es un tema", le dijo recientemente a la Rai. "No es una cuestión de enemistad con Europa, sino de organizar mejor cómo funciona la defensa del interés nacional en una dinámica europea".

Crosetto afirma que los Hermanos de Italia tienen problemas con la "excesiva burocracia" de Europa y "no entienden la Europa que decide el tamaño de los arvejas o el largo del pescado que comemos". Sin embargo, dice, el partido de derecha está absolutamente comprometido con "el espíritu de Europa: unirse cuando hay problemas, luchar contra la injusticia".

Sus rivales advierten que la perspectiva nacionalista y euroescéptica de Meloni hará que Italia pierda la influencia que ha ejercido en Bruselas bajo el mandato de Draghi, cuya altísima reputación personal y su firme compromiso con la relación transatlántica le dieron un papel de liderazgo en la toma de decisiones de la UE durante la crisis del año pasado.

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"Italia saldrá del centro de Europa", advierte Enrico Letta, el líder del Partido Demócrata que intentó, sin éxito, tejer una amplia coalición de centro-izquierda para competir más eficazmente contra la coalición de derecha.

"El futuro europeo será menos fuerte y menos seguro con Meloni", afirma. "Su planteamiento no es proeuropeo, es exactamente lo contrario. Queremos seguir en primera división -en el corazón de Bruselas- con Alemania, Francia y España. Con ella quedaremos relegados a la segunda división, con Hungría y Polonia".

A pesar de todos los esfuerzos de Meloni por presentarse como una conservadora mainstream, la politóloga Catherine Fieschi, describe a la líder de los Hermanos de Italia como "profundamente ideológica" y dice que ha utilizado las "ideas de la derecha conservadora cristiana tradicional" para aprovechar una potente corriente de la población.

"Ha entendido perfectamente que los italianos están hartos de la grandilocuencia, pero tampoco quieren tecnocracia", dice Fieschi. "Es realmente una conservadora nacionalista. Lo que vamos a ver es 'Italia primero'".

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